Introducción
Manuel Scorza, poeta y novelista peruano, nació en Lima el 9 de septiembre de 1928, y falleció el 28 de noviembre de 1983 en un accidente aéreo en Madrid. Como editor alentó la publicación de textos narrativos y poéticos peruanos y latinoamericanos a través de la famosa edición denominada Populibros. Al respecto, Rivara (2011) afirma:
Su capacidad de líder y organizador le permitió comprometer a empresarios con sensibilidad y formó el Patronato del Libro Peruano, presidido por Manuel Mujica Gallo. Lideró el movimiento editorial más grande que ha tenido el Perú a lo largo de toda su historia: los Festivales del Libro y los Populibros, ediciones que pudieron llegar a las grandes mayorías a precios populares. Desde el Perú proyectaron e irradiaron su acción a varios países de América Latina como: Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia y en toda Centroamérica, el Caribe y muchos otros países (p. 423).
Manuel Scorza publicó la novela Redoble por Rancas en 1970 en la editorial Planeta de España. La novela narra los abusos de las autoridades políticas y judiciales, de los hacendados y de la empresa minera norteamericana Cerro de Pasco Corporation contra los campesinos pasqueños y cómo estos luchan por recuperar sus tierras. El escenario es el pueblo de Yanahuanca, capital de la provincia de Daniel Alcides Carrión de la región de Pasco (Perú), donde Francisco Montenegro es el juez todopoderoso que dispone del gobierno de Yanahuanca a su gusto y antojo. El otro escenario de la novela es la comunidad campesina de Rancas, donde los ranqueños se enfrentan a la poderosa minera norteamericana Cerro de Pasco Copper Corporation, asentada en la ciudad de Cerro de Pasco. La empresa minera pretende adueñarse de los campos de los comuneros cercando los pastizales, que eran el sustento del ganado de los campesinos. Los pobladores se organizan y se enfrentan a la poderosa empresa transnacional amparada por las fuerzas del orden, lo que desencadena una batalla desigual. Mueren varios comuneros, pero logran que la minera retroceda en su propósito.
De la misma manera, la comunidad campesina de Yanacocha, centro poblado de Yanahuanca, batalla contra la hacienda Huarautambo, de propiedad del hacendado y juez Francisco Montenegro, quien en la ficción de Scorza representa la sevicia humana en toda su expresión. Montenegro simboliza el arquetipo de perversidad de los hombres, es el malo por antonomasia en Redoble por Rancas. En las antípodas se encuentra Héctor Chacón, conocido con el apelativo del Nictálope, el otro personaje principal, que representa al héroe de la novela. Inconforme ante los agravios e injusticias de la maldad de Francisco Montenegro, se rebela contra él en su afán de buscar incansablemente justicia. Para Huamanchumo (2019) Héctor Chacón es un héroe con particularidades extraordinarias por su nictalopía. Así, Scorza presenta a dos personajes antagónicos en carácter y en acciones, que se cruzan constantemente como ejes principales de la historia novelesca.
Scorza ficciona a partir de hechos reales. En primer lugar, las luchas en el Perú por la recuperación de las tierras se dieron entre las décadas de 1950 a 1970. Sobre el punto, Monge (s. f.) afirma que «las luchas más importantes fueron contra los hacendados en la Convención y Lares (Cusco) y contra la Cerro de Pasco Corporation y otras haciendas en Pasco y Junín» (p. 64). En segundo lugar, la mayoría de los personajes campesinos fueron los héroes anónimos que la historia oficial peruana nunca consignó en sus páginas. En tercer lugar, Scorza visitó los lugares que aparecen en la novela y se entrevistó con muchos de los personajes protagonistas directos de las luchas. En tal perspectiva, la novela supondría ser considerada como indigenista; sin embargo, según Cornejo Polar (1984), Redoble por Rancas y las demás novelas de Scorza tienen un corte neoindigenista con antecedentes en novelas indigenistas:
Tiene un antecedente valioso en El amauta Atusparia (1929) de Reyna y dos manifestaciones espléndidas en El mundo es ancho y ajeno (1941) y Todas las sangres (1964). Naturalmente, esta tradición está incorporada, aunque manteniendo una cierta especificidad, dentro del gran curso de la narrativa indigenista [...] El ciclo narrativo de Manuel Scorza se instala, pues, en un espacio literario doble: de una parte, está obviamente condicionado por la nueva narrativa hispanoamericana; de otra, se refiere a una tradición anterior, en gran parte discutida y negada por el boom, como es la novela indigenista y específicamente la novela indigenista de intensa motivación social [...] Ciertamente, el cruce de esta doble inserción podría solucionar-se acudiendo a la denominación «neoindigenismo», pero sería inútil este recurso nominativo si no se analizara lo que significa en concreto, en las novelas de Scorza, esta versión última del indigenismo (pp. 553-554).
Cornejo Polar explica la dualidad de la obra scorziana entre el pasado y lo moderno, por lo que lo considera dentro del neoindigenismo con raíces del indigenismo. Tomás Escajadillo acuñó el término neoindigenismo en 1971, como claro consecuente de la literatura indigenista. Alemany (2013) afirma que la literatura neoindigenista nace de la fusión de lo español e indígena y cómo la mirada de Miguel Ángel Asturias sobre el indio contribuyó en la novela de Manuel Scorza. No obstante, algunos estudiosos cuestionan que sea un escritor indigenista: «Scorza no es un cronista indígena, él pertenece a la clase media urbana, económicamente dependiente de los centros de poder establecidos, maneja otra cosmovisión diferente a la que representa y por ello su visión no puede ser desde dentro» (Hernández, 1995, p. 151). Asimismo, Schmidt-Welle (2019) afirma: «el indigenismo muere como modelo literario para Scorza» (p. 144). Estas afirmaciones inducen a pensar que Scorza, por no ser indígena, no puede escribir sobre temas indígenas. Desde nuestro parecer, estas aseveraciones no son pertinentes.
El neoindigenismo de Scorza se presenta con tintes de lo real maravilloso, en el que se entrecruzan situaciones reales con hechos irracionales. Chiampi (1983) toma un fragmento de la novela El reino de este mundo de Alejo Carpentier, en la que el negro Ti Noël, ya liberto, regresa de Cuba a Haití y se maravilla al ver a los negros convertidos en esclavos de otros negros, ya que estos últimos han adquirido el estatus económico y cultural de los amos blancos. Para Chiampi, ello constituye en claro ejemplo de lo «real maravilloso americano»4. Es decir, lo que se conoce como racional se reduce a lo absurdo. Scorza relaciona hechos cotidianos y normales con sucesos ilógicos. Esta conjugación presenta dentro de la trama novelística scorziana acciones sobrenaturales como si fueran naturales. Así, el Ladrón de Caballos habla con los animales y estos comprenden el mensaje que les ofrece y, por lo tanto, se solidarizan con la lucha de los campesinos. De la misma manera, cuando Montenegro pierde una moneda de un sol en la plaza principal de Yanahuanca, se convierte en una pesadilla para los pobladores, ya que ninguna autoridad, poblador o forastero se atreve a cogerla durante un año por temor a represalias o, peor aún, a terminar en la cárcel. El alcalde del pueblo amenaza a la gente con la prisión. Este suceso es importante porque permite comprender que el poder del juez se origina también con la complicidad de las demás autoridades de la provincia, toda vez que el doctor no advirtió que había perdido un sol. El sufrimiento termina cuando el hacendado encuentra su propia moneda y alardea de su buena suerte. El realismo mágico está presente en este primer capítulo a través de la irracionalidad de la historia. Al respecto, Salazar (2021) manifiesta que para el alemán Friedhelm Schmidt la obra de Scorza tiene una relación entre la realidad y la ficción. El mismo Scorza, en una entrevista en la revista Crisis (Bensoussan, 1974), afirma: «El mundo indígena siempre ha sido mágico» (p. 40), magia que al entretejerse con la realidad representa la ficción narrativa scorziana. De la misma manera, el realismo mágico, en la novela, se encuentra en el nacimiento de un cerco serpenteado de dimensiones colosales que oculta el deseo de la empresa minera de apropiarse de las tierras del pueblo de Rancas y en la historia del infarto colectivo de los trabajadores del hacendado Migdonio de la Torre, quien envenena a sus peones por el hecho de reclamar mejores condiciones laborales y, para no ir a la cárcel, inventa la muerte por infarto colectivo: «Doctor Montenegro, Juez Primera Instancia, Yanahuanca: Atentamente comunícole muerte quince peones hacienda El Estribo debido infarto colectivo» (Scorza, 1970, p. 100). Al respecto, Escajadillo (s. f.) afirma: «Otra forma colindante de «realismo mágico» es la que practica Manuel Scorza, en su importantísima pentalogía [...] un «realismo mágico» más próximo a Macondo, pero no un Macondo de «copia y calco», sino uno de «creación heroica» (p. 131). Scorza se inspira en situaciones concretas para transformarlas en ficción, con la finalidad de develar la realidad de los campesinos de los Andes centrales del Perú, develación revestida de fábula y magia literaria5.
Manuel Scorza representa en la figura de Francisco Montenegro, la perversidad humana. Para ello, toma la vileza del juez, que satisface sus deseos más profundos con solo desearlo. El hacendado comete los más despiadados vejámenes en contra de sus enemigos, sin que nadie pueda hacer algo, ya que tiene la protección del sistema gubernamental. Su comportamiento es consecuencia de la protección del poder político dominante en el siglo XX, que estaba al servicio de la oligarquía y las empresas transnacionales, en desmedro de las masas campesinas y populares peruanas. La estructura del poder político estaba diseñada para que autoridades, curas y gamonales pudieran gobernar a sus anchas con poderes omnímodos. En tal sentido, desde el inicio de la novela, Montenegro es prefigurado como el personaje protervo de la historia al que todos temen.
Antecedentes
En su pentalogía narrativa, Scorza muestra las acciones de personajes benévolos y malévolos, antagonismo entre campesinos y gamonales. Yviricu (1991) afirma que en las cinco novelas de Scorza se observan tres tipos de personajes, los buenos a quienes se les denomina los héroes, los malos representantes de la oligarquía peruana y los personajes indefinidos.
Los antihéroes scorzianos son definidos no como antítesis del héroe tradicional lleno de virtudes y bondades, sino que poseen características peculiares, como la fealdad del niño Remigio. Para González (s. f.), el antihéroe no necesariamente es un malvado, sino que tiene otra naturaleza. Desde esa perspectiva, Montenegro no es un antihéroe, es un hombre infame. Existen otros personajes indignos en la obra de Scorza, pero no tienen la naturaleza inhumana de Montenegro, que por excelencia no solo en Redoble por Rancas, sino en La guerra silenciosa, representa la maldad en toda su expresión semántica.
Salazar (2019) aborda el asunto del héroe en las obras scorzianas: «El héroe scorziano encarna un proyecto de lucha y resistencia [...] El heroísmo que caracteriza a los líderes scorzianos se enmarca en una tradición de lucha por la defensa y la restitución de los derechos indígenas en la literatura peruana» (p. 95). El héroe scorziano es un hombre de combate y rebeldía.
La perversidad y su relación con la literatura
Según la Real Academia Española (RAE, 2014), el vocablo perversidad proviene de perverso y este, a su vez, del latín perversus, con el significado de «sumamente malo». De lo que se desprende que la perversidad se encuentra estrechamente ligada a la maldad. Asimismo, para la RAE el término perverso significa: «Que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas». De esta definición se puede afirmar que el juez Montenegro es un perverso, porque con su arbitrariedad corrompe el estado natural del orden jurídico establecido. Para Viater (2011), la maldad ha sido nombrada «evil, evel, yfel, schlecht y böse» y también usada como adjetivo con el significado de «exceder una norma» o «pasar por encima de los límites». Y a través de la religión, en la Edad Media, adquiere la connotación de sustantivo, con la definición de «ausencia del bien». Si extrapolamos los significados en la forma de su uso de adjetivo, bien se podría afirmar que el hacendado Francisco Montenegro se extralimitaba en aplicar las normas a favor suyo y en contra de sus adversarios, empleando la ley perversamente para sus propósitos.
Autores de la talla de Edgar Allan Poe han abordado la perversidad como tema de sus narraciones:
En algunos cuentos como «The black cat» y «The imp of the perverse», el escritor estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849) trata de dar una explicación de la actitud de los personajes protagónicos haciendo uso de su concepción de la «perversidad». En los cuentos mencionados hace un esbozo de lo que podría ser una teoría de la perversidad, donde son destacables las alusiones al poco o nulo trato que filósofos y moralistas han dado a la cuestión (Manrique, 2011, p. 91).
Poe nos impele a pensar que el hombre oculta su maldad en ciertas circunstancias de su existencia; sin embargo, esta aflora con algunas condiciones, como es la posición del protagonista de «El gato negro», que bajo el alcohol y la irritabilidad mata al inocente animal. En «El demonio de la perversidad», a decir de Manrique (2011), la perversidad es «el centro del cuento». Poe pone de manifiesto los instintos primitivos de maldad que los hombres poseemos y que la filosofía no lo ha tratado desde un punto de vista racional. Los cuentos de Edgar Allan Poe permiten colegir que en cada hombre se encuentra latente la maldad esperando su oportunidad para salir a la luz. Extrapolando la temática perversa de Edgar Allan Poe a la ficción scorziana, se podría sostener que la perversidad de Francisco Montenegro forma parte de su deshumanización, que lo convierte en una especie de espanto al que todos temen y del que huyen con tan solo ver su sombra.
Compartimos con Illas et al. (2019) que la maldad en la literatura se expresa cuando se transgrede la moral. Y creemos que es el caso de Francisco Montenegro porque su actuar es una constante trasgresión contra las normas establecidas en una sociedad. Asimismo, Fernández (2021), recordando lo sentenciado por Giovanni Papini en su libro El diablo, dice: «quien está más alto también está más sujeto a la soberbia», lo que induce a pensar que el hombre cuanto más alto se ubica más es su perversidad. Es el caso del juez Montenegro, su posición económica, de terrateniente y de autoridad lo sitúan en lo más alto de la pirámide social de Yanahuanca, pero que lo utiliza para el mal.
Francisco Montenegro, juez de primera instancia de Yanahuanca, arquetipo de la perversidad humana
A decir del propio Manuel Scorza, el novelista peruano Guillermo Thorndike, en 1971, revela que el nombre verdadero de Francisco Montenegro fue Francisco Madrid, hombre de carne y hueso, pero sin alma, según la caracterización de Scorza. Francisco Montenegro y Héctor Chacón son los personajes principales de Redoble por Rancask de los capítulos impares, teniendo en cuenta que la novela está divida en dos historias, y en los capítulos pares el protagonismo le corresponde al pueblo de Rancas. Sobre el asunto Taboada (2019) afirma que en los capítulos pares «es notoria la conciencia individual», mientras que en los impares «se puede advertir el carácter colectivo de la lucha» (p. 39). Montenegro simboliza el abuso absoluto de la autoridad y se constituye en el hombre cruel e indolente, y, por consiguiente, en el arquetipo de la maldad humana, mientras Chacón representa el arquetipo de la rebeldía en busca de justicia, es el héroe de la novela.
Francisco Montenegro, juez de primera instancia de Yanahuanca, posee un poder casi divino, inconmensurable, no tiene límites, es el hombre todo poderoso, su palabra es la ley; de sus acciones se colige que todo Yanahuanca, incluido sus pueblos cercanos, sus pobladores, sus cerros, sus ríos, sus muertos y animales eran de su propiedad. Tiene una actitud nefaria. Esta descripción del juez nos permite colegir que Scorza tuvo mucho cuidado en recoger la información fidedigna de las características y actitudes del personaje real de carne y hueso. Los informantes del novelista fueron los pobladores de Yanahuanca y de sus alrededores. La gente y los animales le temían, como se comprueba en el primer capítulo de la novela:
el atardecer exhaló un traje negro. El traje de seis botones lucía un chaleco surcado por la leontina de oro de un Longines auténtico, Como todos los atardeceres de los últimos treinta años, el traje descendió a la plaza para iniciar los sesenta minutos de su imperturbable paseo. [...] El medio cuerpo de un hombre achaparrado, tripudo, de pequeños ojos extraviados en un rostro cetrino, emerge a las cinco, al balcón de un caserón de tres pisos de ventanas siempre veladas por una espesa neblina de visillos. [...] el Magistrado autoriza a su ojo derecho a consultar el Longines, baja la escalera, cruza el portón azul y gravemente enfila hacia la plaza. Ya está deshabitada. Hasta los perros saben que de seis a siete no se ladra allí (Scorza, 1970, p. 15).
Que aparezca vestido de negro tiene su explicación en que el color negro simboliza lo malo. Según Rivas (2017), el color negro se asocia con la muerte; además, para la RAE (2014), en su acepción décima significa: «Dicho de una sensación negativa: Muy intensa». Y exactamente el juez es un ser perjudicial. Referente al traje negro de Montenegro, Gras (2003) afirma que tiene un significado negativo que cumple una función ominosa en la novela. En tal sentido, personificarlo con la vestimenta negra es un acierto de Scorza, porque permite identificarlo con un hombre pernicioso. La caracterización como tripudo y achaparrado busca que el lector sienta desde el inicio de la historia cierta animadversión por el juez. Por lo general, los personajes que representan a los malos son descritos con rasgos antiestéticos y con mucha crueldad en sus acciones. Precisamente Montenegro es el malo de la historia; por lo tanto, sus rasgos físicos y morales tenían que ser definidos desde el inicio, para que el lector lo identifique y sepa quién es, así Scorza genera cierta antipatía hacía el hacendado. Esta estrategia literaria busca en el lector la identificación con los humildes campesinos. Para el efecto, el personaje tiene que estar muy bien descrito y construido, y más aún si sale de la realidad. Sobre el punto, Gras (2003) sostiene: «En la medida en que el lector identifica tales convenciones, siente que reconoce un patrón ya establecido, que le resulta cómodo y que lo conecta fácilmente con unos modelos ya definidos» (p. 220).
Scorza pone de manifiesto el patrón característico del aspecto físico y psicológico del magistrado, que linda con actitudes despóticas y mezquinas. En cuanto a lo físico, es un hombre de mediana estatura, pringoso, con labios pequeños, pero estas cualidades no agraciadas son superadas por su indomable carácter autoritario que lo convierte no solo en el primer vecino, sino en el hombre severo de Yanahuanca. Scorza quiso pintarnos a un ser de personalidad dominante y de arrogante carácter sin atisbos de misericordia. A lo largo de la novela, Scorza (1970) describe su enorme poder:
El que ofende al doctor Montenegro con una palabra maliciosa, con una sonrisa jorobada o un gesto amarillento, puede dormir tranquilo: será abofeteado públicamente. Durante los treinta años que el doctor ha favorecido con sus luces al Juzgado, su mano ha visitado muchas mejillas altaneras. ¿No abofeteó al Inspector de educación? ¿No abofeteó al sanitario? ¿No abofeteó a casi todos los Directores de la Escuela? ¿No abofeteó al sargento Cabrera? ¿No abofeteó al Jefe de la Caja de Depósitos y Consignaciones? Todos fueron afrentados y todos le pidieron perdón. Porque el doctor Montenegro se resiente con la persona que lo fuerza a castigarlo [...] Los castigados organizan fiestas; sólo en el verano de los aguardientes el traje negro accede a perdonar. El castigo y el perdón son públicos (p. 29).
Los campesinos peruanos han sufrido una serie de maltratos desde tiempos de la Colonia, situación que a decir de Yvinec (2013) empieza a ser tomada en serio por las autoridades peruanas entre 1867 y 1868 por causa de la rebelión de Huancané, la primera rebelión indígena de la época republicana. Los campesinos, por su condición de indígenas, eran considerados como seres apátridas, invisibles para la sociedad y el Estado peruano. Situación que fue denunciada por Manuel González Prada (1976): «Bajo la República ¿sufre menos el indio que bajo la dominación española? Si no existen corregimientos ni encomiendas, quedan los trabajos forzados y el reclutamiento. Lo que le hacemos sufrir basta para descargar sobre nosotros la execración de las personas humanas» (p. 338). Este hecho es tomado por Scorza para mostrar el sufrimiento de los campesinos a través del intento de desalojo de sus tierras milenarias por parte de la compañía Cerro de Pasco Corporation, y también evidenciando los actos aviesos de Montenegro, que en su condición de hacendado y juez atropella sin miramiento a los campesinos de la comunidad de Yanacocha con el propósito de adueñarse de sus tierras.
Montenegro sabe que Yanahuanca es uno más de los muchos pueblos peruanos olvidados, del que políticos y autoridades de cuya existencia no quieren saber. Tal conocimiento sumado a su supremacía le da el derecho de disponer como quiere del pueblo de Yanahuanca. Pero este fenómeno no solo ocurría en Pasco, sino en casi todo el país desde tiempos coloniales, tal como lo afirma Mariátegui (1986): «El “gamonalismo” invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección indígena […] El juez, el subprefecto, el comisario, el maestro, el recaudador, están enfeudados a la gran propiedad. La ley no puede prevalecer contra los gamonales» (pp. 36-37). Montenegro tiene el poder en sus manos y, bajo el amparo de una justicia injusta, se aprovecha de la ley para beneficiarse en desmedro de los intereses de la población. Este procedimiento es una de sus características. Se vale de la justicia para cometer muchas injusticias como cuando acusa a Egmidio Loro de ser pariente de doña Josefina de la Torre, organizadora de una rifa:
Este hombre -dijo el doctor señalando con el índice a Loro- es pariente de los organizadores. El público se estremeció: el magistrado denunciaba una verdad. El borroneado Loro era cuñado de una sobrina tercera de doña Josefina de la Torre. Ni el mismo beneficiado sabía que su mujer -que para más señas hacía tres años que había huido de sus palizas- guardaba tan invisible parentesco con una dama tan distinguida como doña Josefina, cuya puerta, de más decirlo, nunca había cruzado. La implacable memoria del doctor desbarataba la impostura. No se puede andar en la procesión y repicar al mismo tiempo. Se les helaron los pies a los organizadores. Por menos sospechas se pudrían individuos en la cárcel de Yanahuanca. El tempestuoso rostro del doctor mostró su inquebrantable decisión de impedir todo tráfico con la fe del pueblo honesto y sencillo (Scorza, 1970, pp. 86-87).
Doña Josefina, directora de la escuela de niñas, con la finalidad de adquirir un mapamundi para la escuela, organizó una rifa cuyo premio eran diez «carneros aristócratas» venidos de Europa, y el ganador fue el juez Francisco Montenegro. No obstante, Egmidio Loro fue el ganador del primer carnero, pero la acusación del juez cambió la suerte de Loro y los demás jugadores, e hizo que la buena suerte tocara la puerta del juez, que se llevó los diez enormes carneros. Nadie puede cambiar las decisiones del poder omnipotente del traje negro. Comuneros autoridades, bandoleros, policías, terratenientes y hasta los animales temían su poder. Sus decisiones son asumidas con resignación y sumisión:
Don Migdonio suspiró. Cinco minutos después Emigdio Loro, acusado de robar cuatro gallinas, compareció en el patio. Y quiso su buena suerte que lo juzgaran cuando los naipes favorecían al juez.
-¿Eres culpable o inocente? -preguntó el juez hojeando el expediente.
-Como usted guste, doctor.
El doctor se carcajeó.
-¿Cuánto tiempo llevas en la chirona?
-Ocho meses, doctor.
-Libre -sentenció el magistrado.
Así se acostumbraron a solucionar los problemas, en el patio, en las intermitentes pausas del juego (Scorza, 1970, pp. 132-133).
Montenegro, para mantener su poder, se vale de todas las argucias conocidas y por conocer. Así, a fin de hacerse de los finos carneros, afirma conocer a Loro, a quien acusa de ser pariente de la directora de la escuela. Sin embargo, más adelante se desentiende del pobre campesino, al manifestar que no lo conoce, por lo que el escribano le comunica que es un ladrón de gallinas.
El proceder del juez Montenegro cuando imparte justicia traspasa los límites del actuar de un juez. Al respecto, no podemos olvidar que es un personaje literario y que Scorza hiperboliza su figura con el objetivo de develarnos el denigrante proceder de los hacendados y jueces en contra de los campesinos. A la vez, Scorza emplea la paradoja, porque tras el comportamiento severo del juez muestra su cobardía. «Detrás de una fachada arrogante, despreciadora, altiva, se esconde un sentido de fragilidad, vulnerabilidad y vacío abismal. Una actitud omnipotente esconde un sí mismo débil, lleno de envidia y vergüenza» (Kernberg, 1975, 1998, citado en Semerari y Dimaggio, 2008, p. 225). La actitud altanera y malévola de Montenegro esconde, sin duda, cierta cobardía en su personalidad; dentro del hombre duro con mucha firmeza para impartir justicia se encuentra un ser timorato ante el peligro:
-¿Por qué escapa si ha sido notificado? -preguntó el Abigeo. Hacía tres noches había soñado que oyendo el nombre de Chacón el doctor Montenegro palidecía. Lo descreyó. Su cabeza, experta para el husmeo de los sueños, no concebía que el doctor Montenegro alojara miedo a un simple humano (Scorza, 1970, p. 156).
La pusilanimidad del hacendado es causada por la valentía del Nictálope. Sabe muy bien que en un enfrentamiento Chacón lo vencería. Su dureza comprobada cede ante el peligro. Al enterarse de que lo buscaban para ajustar cuentas, decide esconderse en su casa, sin salir a perseguir a sus enemigos, teniendo a las fuerzas policiales y a las demás autoridades de Yanahuanca de su lado:
Esperaron el jueves, el viernes y el sábado, las veinticuatro horas del sábado y las novecientas sesenta horas de los cuarenta sábados siguientes. El doctor Montenegro no apareció. En vano los miembros del «Comité pro-fusilamiento del más grande cabrón de Yanahuanca» (palabras de Pis-pis) se aburrieron en Yerbabuenaragrac [...] Y se esparció el rumor de que mientras los integrantes del «Comité pro-ejecución gratuita del más gordo hijo de puta de la tierra» (texto de Pis-pis) no fueran habidos, el doctor no dejaría sus habitaciones (Scorza, 1970, pp. 221-222).
Desde el inicio Scorza simboliza la maldad de Montenegro dentro de la novela. Kapsoli (2017) muestra al hombre con mucho poder: «En suma, la figura del gamonal, encarnado por don Francisco Montenegro, es pintada con toda versatilidad: es un hombre con poder económico que impone su voluntad y justicia no solo en su propiedad, sino en toda la provincia. Controla a las autoridades judiciales y administrativas, militares y eclesiásticas» (p. 32). Sin duda, el autor presenta los acontecimientos de los Andes centrales del Perú de la década de 1960, en donde los terratenientes como Francisco Montenegro abusaban de la humildad de la masa campesina.
La protección del poder político
La Biblia muestra la lucha entre el bien y el mal, entre buenos y malos, idea antigua que Manuel Scorza toma como tema para Redoble por Rancas. Scorza toma el modelo bíblico para su novela. El poder político se convierte en una especie de divinidad que protege a los poderosos y desprotege a los oprimidos. Ese poder constituido por los gobiernos de turno, los jueces, los alcaldes, los prefectos, los subprefectos, los terratenientes. Así, el poder político se convierte en el defensor del traje negro que aprovechando la protección política hace y deshace en el pueblo de Yanahuanca, infligiendo con su azote endino desgracias a los comuneros. En la narrativa scorziana el poder político defiende lo indefendible, porque ampara las injusticias que son indefendibles.
El poder en el Perú republicano se inició con la dominación de los criollos sobre los indígenas. Al respecto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo-Perú (2006) afirma: «Los indígenas fueron puestos de lado en la nación así constituida y los criollos asumieron por sí y ante sí que no sólo eran los representantes de la nación sino que eran la nación misma» (p. 30). Es decir, a los indígenas se les consideró seres invisibles y no fueron tomados en cuenta para ser parte del poder político. Esta situación racista y exclusiva fue muy bien aprovechada por las autoridades locales como el juez Francisco Madrid, ya que dirige a su gusto el desarrollo de Yanahuanca. Montenegro no solamente comete tropelías como juez, sino también en su condición de gamonal. Contreras (s. f., citando a Caballero,1981) afirma que los gamonales peruanos tenían la costumbre de utilizar la mano laboral de los campesinos de manera barata en propio provecho, y a la vez beneficiar al clero, autoridades y políticos con tretas no legales, como expropiar tierras a los comuneros. Esta actitud malévola fue legalizada por las autoridades con su silencio.
Francisco Montenegro decide ser malo por propia decisión, porque se ajusta a sus intereses económicos y de dominio que se aprecian en la novela. Convencionalmente los seres malos son mal vistos por la sociedad, ya que son considerados como torcidos psicológicamente. Para Paul Ricoeur, el mal de uno lo encuentra en uno mismo y luego en el mundo (citado en Carrillo, 2002). Entendiendo que el mal sería inherente a los hombres, dependerá de cada ser humano ejecutarlo o no en sus acciones.
La personalidad del juez es proteica como la política, se adecúa a las circunstancias del devenir de su contexto social, y hace propia la frase «yo soy yo y mi circunstancia» (Ortega y Gasset, 1914, p. 43). Scorza describe un personaje lleno de ansiedad por el poder y para obtenerlo se vale de todo y de todos. Para él, el fin justifica los medios. El autor de Redoble por Rancas construye al protagonista malvado no de la nada, sino que tuvo información de «los cronistas» (así llama Scorza a los pobladores yanahuanquinos). Los cronistas detallaron el comportamiento inusual y real del doctor, materia prima que le sirvió a Scorza para caracterizarlo en la ficción. Ahora bien, Scorza tiene presente las crónicas españolas en su novelística: «¡En el Perú el tiempo está detenido! Quien recorra los Andes con las crónicas de la conquista en la mano se encontrará con una realidad en poco o nada cambiada desde que Pizarro, el afortunado porquerizo que se apoderó del Perú; detuvo el tiempo precolombino. Desde entonces no ha vuelto a correr» (Scorza, 1975 citado en Lassus, 1991, p. 54). Se deduce que Scorza llama «cronistas» a sus informantes por los cronistas de la época colonial.
Las circunstancias históricas del Perú evidencian que los campesinos no tenían justicia, ni mucho menos la protección del Estado. Gamonales y autoridades corruptas eran parte del gobierno peruano que gobernaban con una actitud discriminadora, hecho que se daba desde la conquista española:
El imaginario político-cultural que trajeron conquistadores y colonizadores estaba dominado por la desigualdad. El mundo era percibido a través de categorías estamentales y jerárquicas antes que igualitarias. La mentalidad y la sociedad europeas estaban pobladas de personajes desiguales: señores y vasallos, patricios y plebeyos, hidalgos y villanos, amos y criados, entre otros (Zapata y Rojas, 2013, p. 153).
Scorza presenta en Redoble por Rancas esta situación dicotómica entre la lucha de gamonales y campesinos; por un lado, la masa campesina representa al mundo de los héroes y, por el otro, el mundo de los perversos liderados por el gamonal Montenegro, con su poder omnímodo. Al punto afirma Grillo (2019):
El poder de Montenegro es absoluto: puede desde cerrar escuelas, hasta prohibir actividades privadas y públicas, arrebatar tierras y bienes a los campesinos, privarlos de su libertad y finalmente, mandarlos a asesinar. Las posibilidades de acción de este oscuro personaje son infinitas y exceden sus funciones como juez [...] Los alcances de este poder sin límites son percibidos con desazón por la comunidad andina: «Los humanos no pueden combatirlo. Ha detenido los ríos, ha encarcelado los meses, y si se encapricha, ordenaría oscurecer el sol» (Scorza, 1991a, p. 12). En el planteamiento novelístico de Scorza, tamaño antagonista solo podría ser enfrentado a través de héroes mítico-mágicos. (pp. 107-108).
De la misma manera, el autor juega con la caracterización de Héctor Chacón, al mostrar a un personaje jaranero, borracho, pero que por su rebeldía es encarcelado, no sin antes ser conducido por la Guardia Civil amarrado, a fin de que sufra la vergüenza de su vida. Scorza tiene el propósito de que el lector asuma una posición crítica frente al actuar del Nictálope, para crear espacios de reconocimiento al héroe-mítico de la novela, en contraposición con otros personajes:
En el planteamiento novelístico de Scorza, tamaño antagonista solo podría ser enfrentado a través de héroes mítico-mágicos. Para generar las tramas que empiezan con el renacimiento de la esperanza de vencerlo, Scorza se vale de la conversión de los representantes comunales en seres con posibilidades que se perciben -por un tiempo limitado- infinitas como las de su adversario. El descubrimiento de estas facultades produce un asombro inicial entre los comuneros, y crea un ambiente de euforia en el que destaca una cierta ingenuidad y una enorme alegría frente a la posibilidad de revivir el sueño eterno de recuperación de las tierras comunales (Grillo, 2019).
En consecuencia, Scorza construye muchos personajes malévolos: el hacendado Migdonio de la Torre es uno de ellos. Dentro de las autoridades y hacendados locales, Montenegro es el mejor caracterizado de todos, es el más elaborado, el más representativo de la narrativa scorziana, no solo por su descripción psicológica, sino porque posee el don natural de la crueldad humana en la trama novelística; además, trasciende en el rol indigno que se le asigna como personaje literario. En comparación con Migdonio de la Torre, el traje negro esparce su crueldad por toda la provincia, ya que De la Torre solo tiene poder en su hacienda. Su aire de superioridad lo lleva a cholear a los campesinos, tal es así que cuando Héctor Chacón le reclama por la retención de su caballo Lunanco, el gamonal lo bota: «Lárgate de aquí, cholo de mierda», de lo que se colige que el juez no se considera un cholo, sino un hombre blanco, olvidando ex profeso que en el Perú «el que no tiene de inga tiene de mandinga», es decir, que somos un pueblo producto del cruce de razas. Francisco Montenegro es un tipo discriminador que opera por medio de diatribas, persiguiendo la humillación de aquellos que considera sus enemigos, ya que el denominar cholo a una persona es en algunas situaciones degradante, porque la carga semántica del término se encuentra dentro de una acepción peyorativa. Sobre el asunto, Ortiz (2003) manifiesta que ser cholo significa no tener cultura, ser soez, rudo, pobre y con la piel cobriza, todo lo que el juez cree que no es.
Conclusiones
En Redoble por Rancas de Manuel Scorza encontramos dos mundos opuestos el de los afortunados y el de los desafortunados. Los afortunados están representados por el juez Francisco Montenegro, el amo todopoderoso de la provincia Daniel Alcides Carrión, las autoridades políticas y militares, la poderosa empresa minera Cerro de Pasco Corporation, mientras que los desafortunados son representados por los humildes y analfabetos campesinos, pero que poseen el valor de la rebeldía simbolizada en Héctor Chacón, el Nictálope y en la comunidad campesina de Rancas.
Francisco Montenegro es el personaje cruel de la novela. Se ampara en la protección del poder político imperante en el Perú en gran parte del siglo XX para cometer sus tropelías en contra de los campesinos. Busca incansablemente echar a perder y perjudicar a los pobladores de Yanahuanca, con la finalidad de lograr sus objetivos de mantener su imperio de dominio económico y social. Es el protagonista inhumano y malévolo de la historia, gamonal de la hacienda de Huarautambo y que en su condición de juez comete muchas vejaciones en contra de los campesinos. Sus órdenes se acatan sin miramientos por campesinos y autoridades. Es caracterizado con una actitud maliciosa que muestra a un ser humano mezquino y protervo que cholea al Nictálope y, en nombre de él, a toda la comunidad de Yanahuanca. En tal sentido, Montenegro simboliza el arquetipo de maldad en la novela Redoble por Rancas de Scorza.
Por último, Redoble por Rancas recrea, a través de la ficción literaria, la realidad de la humillación del campesinado peruano de la segunda mitad del siglo XX y del perverso proceder de los terratenientes peruanos, que, con el fin de mantener el statu quo de su poder económico y social, fueron capaces hasta de permitir asesinatos. Asimismo, evidencia cómo el poder político de aquellos años estaba estructurado para que un grupo minoritario gobernara el Perú.