Con la llegada del siglo XX, y los cambios socioeconómicos que trajo consigo, comenzó a surgir un actor político colectivo en las universidades de Latinoamérica de manera casi simultánea, el cual denominamos movimiento estudiantil. Por lo que, si bien el más conocido y comentado ha sido el de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, movimientos similares, en menor o mayor intensidad, con menor o mayor éxito, se produjeron en países como Uruguay, Chile, Colombia, Venezuela, Cuba, así como en nuestro Perú. En atención a ello podemos afirmar que la universidad latinoamericana fue configurándose durante el siglo XX no solo en atención a la voluntad del gobierno de turno, de los partidos políticos o de otros grupos de interés, sino también por los objetivos y luchas de estos movimientos estudiantiles.
Además de su incidencia en la configuración de la universidad, estos movimientos estudiantiles han trascendido los claustros universitarios y han participado de la historia política latinoamericana del siglo XX, cuya formas y relevancia varían dependiendo del país sobre el que se hable. Por ello, como señalan Chávez y Manky (2023), las aulas universitarias han sido el escenario desde el que se interpretó el país, dando a luz proyectos colectivos y visiones que trascendieron el campus para cambiar el mundo. Por lo cual, las ciencias sociales no podían ser ajenas a este fenómeno social, abordando su estudio desde diversas disciplinas como la historia, ciencia política, sociología o psicología.
No obstante, debido a múltiples causas, desde finales del siglo pasado el activismo estudiantil aparentemente decayó, lo que impactó en la reflexión teórica sobre dicho tema. Sin embargo, como la historia reciente de Latinoamérica lo demuestra, el activismo estudiantil aún está vigente, pero presentando cambios y continuidades respecto a su pasado, como en el caso de Chile. Lo cual (tomando parte del título del libro sobre el que trata esta breve reseña) genera varias interrogantes sobre su historia, presente y futuro.
Esta situación motivó en la región el estudio empírico de estos «nuevos» movimientos estudiantiles y también algunas reflexiones teóricas, como es el caso de México (Cejudo, 2019; Donoso, 2022; Dip, 2022). Frente a ello, el libro del sociólogo e historiador Nicolás Dip Movimientos estudiantiles en América Latina. Interrogantes para su historia, presente y futuro constituye una valiosa guía para adentrarse en el tema. Este volumen forma parte de la colección «Que se pinte de pueblo», editado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y el Instituto de Estudios y Capacitación de la Federación Nacional de Docentes Universitarios (IECCONADU), y, como señala el mismo prólogo, busca abordar diversos temas relevantes para la actualización de un proyecto de democratización de la universidad, pero en un formato de libro de bolsillo, lo cual representa un reto para sintetizar en pocas páginas el amplio debate que hay sobre el tema y una oportunidad de llegar no solo al público experto, sino al público en general.
Considero que Nicolás Dip supera el reto, al condensar en unas pocas páginas la amplia bibliografía que existe sobre movimientos estudiantiles en nuestra región, de manera original y clara, mediante una prosa ligera y envolvente que facilita su lectura, lo cual le permite llegar al público experto y no experto. Por ello, como se aprecia en el índice, los capítulos del libro están constituidos por las siguientes preguntas: «¿Qué busca este libro?», en el que nos comenta de manera clara la finalidad y las limitaciones de la obra; «¿Qué son los movimientos estudiantiales?», una difícil y compleja pregunta ontológica y cuya respuesta considero es uno de los más valiosos aportes teórico de este libro; «¿Cuál es la importancia de los movimientos?», es decir, su relevancia social, política, el día de hoy; «¿Qué fue la Reforma Universitaria de 1918 y cuáles son sus legados?», en el que se realiza un análisis sociohistórico del evento que representa la piedra de toque de esto que llamamos movimiento estudiantil; «¿Existió un 68 latinoamericano?», que aborda la comparación entre el movimiento en Latinoamérica y el Mayo de 1968 francés; «¿Están vivos los movimientos estudiantiles?», en el que el autor rebate la idea de que ya no hay movimientos estudiantiles; «¿Hay lugares comunes en la historia y el presente de los activismos estudiantiles?», que constituye un análisis crítico sobre algunas ideas generalizadas que se tiene sobre los movimientos para su análisis; y, finalmente, la pregunta «¿Todo concluye al fin?», que resulta ser la más enigmática del índice y que, por obvias razones, cobra sentido luego de leer los capítulos anteriores.
Ahora bien, es importante advertir, como el mismo autor manifiesta, que estas preguntas no son las únicas ni están cerradas; incluso sería un error pretender encontrar en este libro respuestas absolutas a las preguntas antes desarrolladas. Si bien el autor desarrolla las respuestas a lo largo del texto, uno se podrá dar cuenta de que cada capítulo concluye con nuevas preguntas que ahondan en los temas tratados.
Con ello, además de las interesantes y valiosas reflexiones e ideas en torno a las preguntas señaladas, el autor va delineando el esbozo de una agenda de investigación pendiente y urgente sobre los movimientos estudiantiles en Latinoamérica, lo cual se configura como un aporte adicional del libro. Así, el lector tiene a su disposición no solo una excelente introducción al tema y una abundante bibliografía, sino también interrogantes y discusiones sobre las que reflexionar e investigar.
Adicionalmente, creo que otro aporte valioso del libro lo constituyen las reflexiones del autor sobre las formas de estudiar a los movimientos estudiantiles, plasmadas en anteriores trabajos suyos (Dip, 2022), de las cuales puedo resaltar tres ideas o, más bien, tres enfoques que atraviesan todo el texto:
Entender a la universidad como un espacio político.
Entender a los movimientos estudiantiles como hechos históricos.
Prestar atención a las formas en las que los sujetos interpretan los hechos históricos.
Respecto al primer enfoque, como el mismo autor señala, los interrogantes sobre movimientos estudiantiles solo pueden surgir en perspectivas que no consideren como dimensiones excluyentes a la política y a la educación (Dip, 2023), por lo que nos invita a reconocer el carácter político de sus instituciones. Considero que esta idea es muy importante para cualquier estudio que intente abordar a los movimientos estudiantiles, ya que, como también señala el sociólogo Heidemann (2021), como sitios institucionalizados de formación de identidades colectivas, construcción de significado y construcción de conocimiento, los sistemas educativos son espacios altamente politizados saturados por una serie de intereses en competencia. Así, tanto el estudio de los movimientos sociales, al igual que cualquier estudio amplio y sistemático del sistema educativo superior, debe comprender también este componente político, que muchas veces es dejado a un lado o visto como un elemento externo y ajeno a lo educativo.
Respecto al segundo enfoque, es importante tener en cuenta que los movimientos estudiantiles no surgen ni actúan en un vacío, sino que forman parte de una historia y en el marco de múltiples relaciones sociales, por lo cual el autor señala que la constitución de los movimientos estudiantiles depende de cada contexto y circunstancia, y que nunca están determinadas de antemano sus formas de organización (Dip, 2023). De esta manera, entendiendo a los movimientos en clave histórica, uno puede evitar caer en errores, tales como asociarlos con una ideología política determinada o con una forma de organización inmutable.
Respecto al tercer enfoque, este nos recuerda que la agencia es un factor que no debe ser dejado de lado en la investigación sociohistórica, puesto que la interpretación y apropiación que hagan los actores de diversos hechos históricos marcará las decisiones y acciones que adoptarán en un determinado contexto histórico. Esta perspectiva se encuentra de manera más nítida cuando el autor aborda los legados de la Reforma Universitaria de 1918, al señalar que puede ampliarse el horizonte de debates si nos interrogamos por los diversos usos y apropiaciones que hicieron de su legado los movimientos estudiantiles que aparecieron en América Latina en épocas posteriores (Dip, 2023). Así, la interpretación y apropiación que realizan los diversos movimientos estudiantiles de Latinoamérica de la reforma universitaria de 1918 contribuyó a configurar distintas formas de activismo estudiantil en la región.
De esta forma, además de ser una excelente guía de estudio sobre movimientos estudiantiles y brindar un esbozo de agenda de investigación pendiente sobre el tema, estos tres enfoques también constituyen un aporte fundamental. Por tanto, este libro sirve como un recurso esencial para cualquier académico o para cualquier persona con interés sobre el tema, ya que ofrece un sólido punto de partida para futuras investigaciones y reflexiones más extensas.