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Anthropologica

versión impresa ISSN 0254-9212

Anthropologica v.22 n.22 Lima  2004

 

 

Movilidad y vida cotidiana de mujeres de sector popular de Lima. Un análisis del testimonio de la señora Eufemia

Pablo Vega Centeno

 


Los estudios sobre cultura urbana suelen concentrarse en el poblador como residente y toman en cuenta poco la multiplicidad de desplazamientos que, con diferentes fines, realiza. Por ello, seria necesario, como señala Raulin, pasar de un análisis centrado en la morfología urbana a otro que estudie la “fisiología de las ciudades” (2001: 67). En esta perspectiva, los desplazamientos urbanos, el acceso a medios de transporte y los itinerarios según condición social, de edad o de relaciones de género, constituyen temas de estudio necesarios para comprender los patrones de comportamiento urbano contemporáneos. El concepto de movilidad abre la posibilidad de estudiar, partiendo de un nuevo enfoque, las prácticas cotidianas de los sectores populares dentro de la trama urbana, siguiendo el esfuerzo por renovar la Antropología Urbana que propone Hannerz (1986).

El testimonio de doña Eufemia nos ayuda a entender que la percepción espacio-temporal de la vida cotidiana de una mujer de sector popular presenta diferencias con relación a la de su cónyuge. Mientras que el marido organiza su vida en torno al tiempo del trabajo remunerado, la mujer participa del tiempo laboral,1 pero también se hace cargo de los tiempos que comprometen desplazamientos por motivos de alimentación de la familia, de requerimientos escolares, de salud, así como de recreación de lazos de parentesco.

Así, mientras que el varón tiende a organizar su vida cotidiana por medio de lógicas personales, la mujer asume la responsabilidad de articular las demandas del colectivo familiar.

En su relato, paradójicamente, es la sobrecarga de responsabilidades familiares lo que la conduce a movilizarse de manera tan o más intensa que su cónyuge. A pesar de las dificultades que conlleva la utilización de un transpone público ineficiente, tanto en rapidez como en comodidad, esta mujer de sector popular utiliza estos medios de desplazamiento con igual o mayor frecuencia que su pareja. Sin embargo, los tiempos de viaje abren un espacio entre las tensiones y sobrecargas de la vida cotidiana que le facilita cierta afirmación personal.

LIMA. LA MOVILIDAD ESPACIAL Y EL MUNDO POPULAR

La ciudad de Lima se organiza, como toda metrópoli contemporánea, en torno a la circulación vehicular. La movilidad ha adquirido, pues, un papel importante como organizador de la vida cotidiana. Sin lugar a dudas, los desplazamientos rápidos constituyen una necesidad. Testimonio de ello son las recientes renovaciones viales de las ciudades. Sin embargo, este tipo de movilidad es de uso minoritario tanto en Lima como en muchas metrópolis del Tercer Mundo. Los desplazamientos veloces no son practicables para la mayor parte de limeños, pero no por ello se puede afirmar que estos no integren la movilidad dentro de su vida cotidiana. Millones de habitantes de la ciudad se movilizan todos los días en diferentes direcciones y con diferentes trayectos, y lo hacen gracias a los medios de transporte público. Ahora bien, el transporte público, con sus particulares cadencias y con la idiosincrasia de sus conductores -que no observan precisamente las reglas de tránsito-, es ante todo, en nuestro medio, sinónimo de caos, lentitud y riesgo. El acceso o exclusión a una movilidad rápida se ha convertido, así, en una nueva forma de segregación en la ciudad.

El fenómeno resultante no es el de masas de habitantes pobres que viven su cotidianeidad al margen de la metrópoli, a la manera de un barrio tradicional, en el que la mayor parte de actividades se desarrollan localmente, a distancias practicables para peatones. Lo que se observa son poblaciones que residen en las zonas periféricas de la ciudad, pero que a diario hacen uso del transporte público para desplazarse en la metrópoli, ya que así lo exigen las localizaciones -a veces muy alejadas- de los lugares de residencia con respecto a las de diversos servicios de comercio o del centro de trabajo. Por otra parte, la segregación en torno a la movilidad en sociedades urbanas como la limeña no se explica únicamente por una cuestión de estratificación social, sino que también permite observar diferencias en los desplazamientos según el género dentro de las unidades familiares.

El reconocimiento de la mujer en el nivel profesional no va de la mano con un cambio equitativo en lo referente a las responsabilidades domésticas. En efecto, la proporción de cónyuges que redefinen sus roles familiares es mucho menor con relación al incremento de mujeres que cumplen responsabilidades laborales, tal como lo señala Jacqueline Coutras (1996). Se puede observar, en concordancia con lo que afirma Coutras, que una mujer tenga un cargo de responsabilidad como profesional dentro de una empresa o institución, y que a la vez sea la responsable de organizar el mantenimiento cotidiano del hogar y la supervisión de los hijos, contando para tales casos con asistentes (empleados) y, eventualmente, con el cónyuge como un ayudante, más que como un compañero en la toma de decisiones. La mujer, en estos casos, no se percibe como ama de casa, pero mantiene bajo su cargo las responsabilidades domésticas y desarrollará una comprensión del espacio urbano diferente a la de su cónyuge (Santiso y Molpeceres 1998).

Resulta interesante observar lo que ocurre con la población femenina de los sectores populares urbanos. En el Perú, las mujeres participan de manera significativa en las actividades laborales; pese a ello, en términos de la percepción de los roles familiares aún se suele sindicar al padre como el principal responsable frente al trabajo y a la madre como la responsable de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Incluso, también son numerosas las situaciones en que la madre debe asumir el conjunto de responsabilidades, ya que el padre no asume ninguna, en lo que se define como comportamiento machista. La diferenciación de roles tendrá entonces una expresión en la forma de moverse por la ciudad, siguiendo la perspectiva propuesta por De Certeau (1996).

En el caso de los habitantes que viven en la periferia de la ciudad, el área de influencia de las mujeres trasciende la esfera exclusiva del hogar para adquirir un papel importante en la esfera del hábitat (Borja y Castells 2000), tanto en lo que se refiere a estrategias de supervivencia como a la satisfacción de necesidades urbanas elementales. Sin embargo, su uso del espacio no se restringe al territorio de lo local. Si bien los movimientos de algunas señoras se circunscriben al hogar y al pueblo, otras se desplazan regularmente en ámbitos amplios. El caso que tomamos como ilustrativo, es el de la señora Eufemia quien, más allá de sus cualidades personales, nos ilustra el segundo tipo de conducta.

LA VIDA COTIDIANA DE LA SEÑORA EUFEMIA: LAS PARADOJAS DEL BARRIO Y DEL MOVIMENTO

La señora Eufemia nació en Huancavelica, en la sierra central del Perú, pero vive en Lima desde que tenía un año de edad. Tiene hoy 47 años, es casada, tiene cuatro hijos y cuatro nietos. Habita en el asentamiento humano Mariscal Castilla, en la ciudad de Chosica, situada en la sierra del departamento de Lima. Vive con su esposo, sus hijos varones -que son solteros-, así como con una de sus hijas casadas y su familia. Doña Eufemia ha residido siempre en este pueblo, por lo que forma parte de su territorio conocido: “[...] yo he nacido en Huancavelica, mis padres me trajeron cuando yo tenia un año de edad. Desde ahí, como dice, he abierto mis ojos aquí en este pueblo. Tengo ahorita 47 años. Toda una vida he vivido aquí en este asentamiento”.

Ella identifica al asentamiento como el espacio en el que ha transcurrido su vida. Vivió con sus padres hasta que se casó con una persona de su pueblo, y luego sus padres le ayudaron a conseguir un lote para construir su propia vivienda en el mismo asentamiento. Por ende, podemos afirmar que el asentamiento se constituye como el lugar que da sentido a su vida.2

Dentro del asentamiento se encuentran lugares de referencia importantes para su vida cotidiana. Es el caso de su vivienda, del comedor popular -en el cual es socia-, de la vivienda de sus padres, de la casa de su mejor amiga y de aquella en la que viven su tía y su prima -sus parientes más cercanos-. En términos de uso del espacio, para la señora Eufemia el asentamiento es un espacio polifuncional en el que discurre gran parte de su vida social y donde sus desplazamientos son cortos y practicables a pie. Sin embargo, antes de realizar el análisis sobre la situación presente, vale la pena realizar el examen de los tiempos fuertes que marcaron su historia personal.

Doña Eufemia relata su vida cotidiana sobre la base de hitos de su historia personal que nos permiten entender sus formas de apropiación del espacio y de movilizarse a lo largo de su vida. Los analizaremos en orden cronológico. Comenzaremos con los recuerdos de la época en que colaboraba en la bodega de sus padres, cuando niña; seguidamente, analizaremos sus experiencias como trabajadora doméstica, como comerciante y como niñera, para tratar, en la sección final, de sus itinerarios actuales.

El trabajo en la bodega durante su infancia 

Durante su niñez sus padres abrieron una pequeña tienda de abarrotes dentro de su vivienda para complementar ingresos y paliar sus penurias económicas. Eufemia trabajó ayudándolos desde que tenia ocho años de edad:

[...] mi mamá, la señora con la que usted ha conversado, no sé si le habrá comentado como soy yo la hija mayor, desde muy pequeña yo he apoyado a mis padres, a mi mamá para que comience a iniciar su negocio; yo cuando tenia ocho, nueve años me iba abajo a la panadería a las cuatro de la mañana a traer pan. Los carros no subían hasta acá, solamente a la parte baja de la acequia y allí vendían gaseosas, cerveza, cosas de abarrote. Yo tenía que cargar todos los paquetes desde abajo. Si, hemos luchado bastante con mi mamá, demasiado.

En este caso, la referencia cotidiana que nos remite al espacio local es intensa. Las dificultades geográficas de la ubicación de la vivienda se convierten en un fuerte desafío a la vida diaria. Los desplazamientos se hacen solo a pie y en condiciones difíciles. Ella tenía que subir la pendiente de la ladera del cerro cargando mercancía desde el punto más cercano por donde pasaban los omnibuses hasta la pequeña bodega de los padres. Se trata de trayectos que se hacen de madrugada, antes de abrir el negocio, y que exigen bajar y subir una cuesta de alrededor de cincuenta metros.

En este gráfico se da cuenta de lo que significaba como esfuerzo cotidiano el transportar los productos todos los días para una niña. Se trataba de condiciones muy duras de vida, en las que la pobreza se identifica también con la falta de acceso al transporte público y con las exigentes caminatas cuesta arriba hacia el hogar.

 

 

En esta etapa de su vida, la señora Eufemia circunscribe sus movimientos al espacio local, y organiza sus desplazamientos como peatón: Antes, todo era caminar, porque no existía mototaxi ni carro, nada. Todo era para la parte de Chosica, pero para acá, no. Por ejemplo, cargábamos agua de abajo. Las distancias, percibidas a partir de caminatas por las pronunciadas pendientes del cerro en que se encuentra la vivienda de los padres, le ayudan a desarrollar una identidad por oposición entre el asentamiento humano en el que reside y el centro de la ciudad de Chosica. La dureza de los desafíos de la vida cotidiana, marcada por la pobreza, se caracteriza, además, por condiciones de marginalidad urbana con relación a los recursos con que cuenta Chosica. Por oposición a su realidad, Chosica se identifica como el espacio urbano regular, que tiene todas las ventajas y comodidades a las que su familia aspira. A la vez, es un espacio que les resulta ajeno.

Su primer empleo luego de casada

La señora Eufemia se casó muy joven, a los 14 años de edad. Vivió un tiempo con su marido en la casa de sus padres y, luego, otro periodo en la de sus suegros. Posteriormente, gracias al apoyo paterno, consiguió el lote donde actualmente vive y donde el matrimonio construyó una primera habitación con paredes de ladrillo y hormigón, aunque con techo precario. Ahí, ella comienza a vivir con su primera hija, recién nacida.

[...] desde un comienzo, desde que me case tuve que trabajar porque mi esposo no tenía trabajo. Tuve que trabajar para poder mantenerla a mi hijita. [Trabajaba] en casa, en limpieza, cocina, o sea en [servicio] doméstico. [...] [Trabajaba] en San Fernando, es una zona donde viven mayormente las personas que tienen [dinero].[...] Yo de mi casa salía a las seis y treinta de la mañana, porque tenia que ir a pie hasta abajo [...] casi en Chosica queda San Fernando. [...] salía a las ocho de la noche.

En este momento de su vida sus desplazamientos son también peatonales, aunque en este caso trascienden la esfera local. La señora Eufemia pasa la mayor parte del día trabajando como empleada doméstica en una urbanización próxima al centro de Chosica. Llegar le demanda una caminata de alrededor de veinte minutos que se hace más lenta en cada retorno. Este trabajo duró alrededor de cuatro años, tiempo en el que tuvo a sus primeros hijos. Mantener este ritmo laboral solo le fue posible gracias al apoyo de su madre, quien se hacia cargo de los niños. En suma, durante esta etapa de su vida, la señora Eufemia permanecía cerca de trece horas en el lugar donde trabajaba, sin tener en cuenta el tiempo que tomaban las caminatas. Ella era el principal aporte económico para su hogar, pues su esposo no contaba con un trabajo estable. El siguiente gráfico sintetiza los principales espacios que formaban parte de su vida cotidiana.

 

 

Cabe señalar que San Fernando es una urbanización de clase media, y que forma parte del tejido urbano regular de Chosica, el que, a decir de ella, es el espacio de los que tienen, por contraste con su condición social, marcada por la carencia de recursos. La identificación con el espacio local está signada por la pobreza, entendida a partir de la dureza de condiciones de vida que se deben afrontar para asegurar la supervivencia. Ella permanece en San Fernando la mayor parte del día, pero en la medida en que este lugar está identificado con el trabajo, no lo asume como un espacio de vida propio sino como parte de un ámbito mayor -Chosica- que le es ajeno y que le recuerda constantemente su situación de marginada.

El comercio como gran posibilidad laboral

La señora Eufemia consiguió reunir algún ahorro de su trabajo, que, sumado al apoyo familiar, le permitió acumular un pequeño capital con el que se decidió a probar suerte como comerciante. En este momento, su apropiación del espacio va a variar sustancialmente, pues dejará de lado estrategias peatonales para incursionar en el mundo que la movilidad urbana ofrece, y lo hará a escalas espaciales sorprendentes.

Comencé a hacer negocios. Me iba a Tacna a traer negocio y así vendía y así pude recaudar un pequeño dinero para poder construir mi casa, cinco años he trabajado en este negocio de Tacna. [...] Cada quince días traía mercadería y la vendía en la fábrica Bata, en la clínica San Antonio, en las empresas eléctricas [...] lograba vender, claro no era al contado pero en dos o tres partes les dejaba y me pagaban. [Vendía] ropa; en tiempo de colegio, todo lo que es de escolares; en tiempos de Navidad: todo lo que es juguetes [...].

El desafió de entrar al comercio obliga a la señora Eufemia a cambiar radicalmente la escala de las distancias que recorre cotidianamente. En esta etapa de su vida -que durara alrededor de cinco años- ella viaja con cierta regularidad para abastecerse de mercaderías hasta la ciudad de Tacna, que se encuentra 1200 kilómetros al sur de Lima. La ventaja que ofrece Tacna es que se trata de una ciudad fronteriza en la que se podía adquirir una gran diversidad de artículos, provenientes de Chile, libres de impuestos, por medio de un comercio informal en el cual el contrabando, en la práctica, es tolerado: «[…] yo salía, compraba mi pasaje y el carro salía normalmente a la una de la tarde. A Tacna estaba llegando a las ocho o nueve de la mañana siguiente; alquilaba el hotel, rápido compraba. Si era para descansar, descansaba ese día, pero todo era un trajín de comprar las cosas y al día siguiente ya de nuevo regresa».

Tacna es un destino distante, pero no significará para nuestra entrevistada la generación de nuevos encadenamientos espaciales alrededor de esa ciudad. Es un destino puntual, donde cumple su circuito de compras e inmediatamente se prepara para retornar a Chosica. Sus viajes eran quincenales y el trayecto duraba de 21 a 22 horas, tiempo que dedicaba a contemplar el paisaje.

Su ingreso a los negocios no se opera en un marco de preferencias particulares, sino por el imperativo de generar mayores ingresos y poder enfrentar una necesidad del colectivo familiar: la construcción de la casa. Podemos imaginar que se trata de un tren de vida duro, por el desgaste físico que demandan estos viajes extensos en ómnibus interprovinciales cuyo confort, eficiencia y seguridad eran precarios. En este marco de condiciones de vida, la señora Eufemia descubre cierto placer personal, pues a decir de ella: [...] me encanta viajar; por mí, yo diario andaría viajando. Doña Eufemia relaciona la movilidad con ciertas afirmaciones de su individualidad. Al descubrir e incluir dentro de su vida cotidiana destinos que se encuentran alejados de su espacio local y encontrarse como viajera durante horas en un ómnibus, sin tareas especificas que cumplir, nuestra entrevistada descubre un tiempo para ella; parece reconocerse por primera vez como persona, fuera del colectivo representado por su asentamiento Mariscal Castilla y por su grupo familiar. De otro lado, esta experiencia laboral la vincula con mayor intensidad con el centro de Chosica. En efecto, ahí existen centros laborales con personal relativamente estable que constituyen su principal clientela. Recordemos que dentro de su primera representación del espacio local, Chosica era, por oposición, el espacio de los que tienen.

Las rutinas de los comerciantes suelen adaptarse a los ritmos temporales de la población (demandas estaciónales). Por ello, más que ofrecer permanentemente un cierto tipo de productos, la señora Eufemia ofrece artículos de acuerdo con las temporadas: si se aproxima la navidad venderá juguetes y posibles regalos; si estamos al inicio del periodo escolar, ofrecerá útiles; y así sucesivamente. De la misma manera, genera lazos de confianza con su clientela, la que incluso le encarga determinados productos (demanda asegurada) y, en el momento de entregarlos, acepta que le paguen a plazos, es decir, otorga facilidades.

En cuanto a su comportamiento económico, encontramos una actitud de adaptación constante a sus clientes, tanto en lo referido a posibles necesidades como a sus posibilidades adquisitivas. Es ella quien los busca y no a la inversa, comportamiento usual en una cultura urbana acostumbrada a tratar con vendedores ambulantes que, cuando venden, ofrecen casi gratuitamente servicios de distribución o entrega, con lo que ofrecen, por ende, mayor comodidad al comprador. En términos de sus desplazamientos, este tipo de experiencia laboral hace frecuentar a nuestra entrevistada el centro de Chosica, lugar que pasa a constituir un referente importante para su vida cotidiana como nodo en el que se generan sus ingresos económicos. Chosica dejará de ser el espacio ajeno de las primeras percepciones pero, a pesar de visitarlo constantemente, no forma parte de su espacio local.

Según afirma doña Eufemia, esta etapa de su vida fue signada por la bonanza económica. Sus ingresos le permitieron invertir en mejoras en la construcción de su hogar. Además, su marido trabajaba establemente en la fábrica de zapatos Bata, en Chosica. Ella hubiese continuado en estos negocios de no ser por los cambios ocurridos en la situación comercial de la frontera, es decir, un mayor o más amplio control del comercio ilegal o contrabando.

La última [vez] que yo fui fue en un mes de diciembre, regresé de nuevo a la semana porque me hicieron más pedidos de juguetes, árboles y nos dimos con la sorpresa pues hubo una batida por control a la salida de Tacna y me quitaron todito, todito tuve que dejar. [...] Entonces fue que tantas súplicas, tantas lagrimas me devolvió, pero no todo, siempre se quedaron con un poco. Desde allí ya mi esposo, mi mamá me dijeron no, y además ya comenzaron a cobrar los impuestos, entonces no convenía seguir trayendo, hacer un negocio. Desde esa fecha me tuve que quedar.

Una vez que cambia esta situación los negocios se truncan para ella, pero queda como balance positivo la mejoras de su vivienda, el descubrimiento del placer de viajar hacia lugares lejanos y el disfrute de tiempo libre sin urgencias u obligaciones inmediatas. En otras palabras, los viajes serían experiencias en las que se libera de sus funciones familiares, dimensión de la movilidad que rescata Garcia Canclini (1996: 11).

De vuelta a los empleos domésticos

Interrumpida su etapa de comerciante, siempre buscando completar los ingresos familiares, la señora Eufemia consigue trabajo como niñera de un pequeño de tres años. Este empleo la vuelve a vincular con la urbanización San Fernando, donde se encuentra el domicilio a donde tiene que acudir.

Comencé a trabajar en casa, [...] allá en San Fernando también, cuidando una criatura que tenia tres años. Sus padres se encontraban en los Estados Unidos y el niño estaba con la abuelita. Entonces yo le veía a la abuelita y al niñito. Pero a pesar de todo eso también en el año 75 fundamos este comedor con 22 madres y también me dedicaba a ser directiva y también a la rutina de trabajar como directiva; hacíamos trabajos de tejidos, había de corte y confección, manualidades, en juguetería, todas esas cosas también había en el Club de Madres. [...] De mi casa salía a las siete y media, iba caminando hasta San Fernando Alto [...] Entraba a las ocho de la mañana, les hacia almorzar a la una de la tarde. Dejaba todo, la señora descansaba con su nieto. Me decía ándate, anda ve, como yo le conté que era directiva. [...] Entonces yo me regresaba a las cuatro, cuatro y media hasta las nueve. Entonces ya me daba tiempo para yo estar en el Club de Madres.

Nuevamente, el eje espacial de doña Eufemia se concentra entre su vivienda y la urbanización San Fernando. La principal diferencia en relación con la primera vez se observa en el mayor dominio que tiene del espacio local, pese a que buena parte del día se encuentra fuera de el. Trabaja de ocho a ocho horas y media en San Fernando, pero recibe facilidades; como su horario se divide en dos tiempos, ello le permite participar activamente tanto en el club de madres como en el comedor popular de su pueblo.

Si bien podemos regresar al esquema inicial de oposición, la señora Eufemia se siente en la necesidad de ser más activa en su espacio local. Su participación en el club de madres se intensifica, y accede a cargos directivos. Debido a las actividades que desarrolla el club, así como a las necesidades de abastecimiento del comedor, es de suponer que se desplace cotidianamente hacia el centro de Chosica, específicamente, hacia la zona de los mercados.

 

 

Doña Eufemia no percibe su trabajo como asfixiante, en la medida que la abuelita del niño es bastante tolerante e, incluso, le permite en algunas oportunidades llevarse al pequeño a sus actividades: La criatura se había pegado a mi, me seguía, veníamos hasta acá; a veces la abuelita me decía: "Llévalo, pero cuídalo". Entonces se quedaba descansando y yo me traía al bebé y lo regresaba. Esta experiencia laboral duró cerca de diez años, y culminó cuando los padres del niño regresaron al país para recogerlo y llevárselo a los Estados Unidos. Le queda un buen recuerdo de este trabajo, pues el niño, que ahora ya es todo un jovencito, le envía postales que evidencian su apego a ella.

Sin embargo, en esta época le tocó vivir situaciones familiares difíciles que la llevaron a convertirse en un soporte económico indispensable, tanto para la familia que formó como para sus padres. Su padre sufrió un accidente y tuvo serias limitaciones para conseguir trabajo, por lo que la señora Eufemia se vio comprometida a ayudar por lazos de reciprocidad familiar. Por otra parte, en tiempos más recientes, su marido también fue victima de un accidente, por lo que dejó de contribuir con aportes seguros y constantes a la economía familiar: “[...] él trabajaba antes en la Bata, pero dejó de trabajar porque estaba mal de la columna”. También señala: “[...] se cayó del segundo piso y tuvo una fractura en la columna y se sentía mal y lo liquidaron”.3 Esta situación nos remite al panorama actual que vive la señora Eufemia, en el que ella proporciona el principal aporte económico familiar, por lo que volveremos a su vida cotidiana actual teniendo en cuenta esta particular revisión de su historia.

La vida cotidiana de hoy: obrera municipal y dirigente de comedores

Doña Eufemia trabaja actualmente en el Servicio de Limpieza de la municipalidad, por lo que debe movilizarse hacia el centro de Chosica. Todos los días, en horario nocturno, se dirige en mototaxi al centro de la ciudad para realizar su trabajo en el horario de una a siete de la mañana. Es un ritmo de vida duro que la necesidad de supervivencia torna inevitable, pues ella es el principal sustento de su familia: “Yo misma he querido: justamente, como mi esposo no trabaja, mis hijos estudian, no me alcanza realmente. Entonces trabajo de noche y en la mañana vengo acá al comedor, ya siquiera tengo mis menús exonerados por esa causa. [...] trabajo toda la noche y a veces mi esposo, como él trabajaba antes en la [fábrica] Bata, pero dejó de trabajar porque estaba mal de la columna, entonces como hay demasiada basura, los dos nos apoyamos.

Todos los días la señora Eufemia sale de su casa alrededor de las 12:30 de la noche y toma un mototaxi -que ya ha sido comprometido para tal fin-que la deja en el local del concejo municipal. Luego, se encargará de limpiar las calles del centro de la ciudad que le sean asignadas. En el gráfico siguiente se representa, por medio de un corte transversal, los principales lugares por donde discurre la vida cotidiana actual de la señora Eufemia, y se hace hincapié en las diferentes altitudes en que se encuentran.

 

 

Se observa que el espacio local en el que se desenvuelven la vida y la actividad de la señora Eufemia coexiste con aquel en el que se desempeña laboralmente. En términos de sus principales responsabilidades, la vida de la señora Eufemia no se desenvuelve en un único espacio geométrico, a la manera de los viejos barrios tradicionales.4 Sin embargo, su identificación el espacio local no admite dudas: para ella es su pueblo.

Sus rutinas comienzan entonces cuando la mayoría duerme. A veces sale sola, a veces la acompaña su esposo, quien aprende a participar como ayudante. Las cosas han cambiado con relación a cuando era niña, época en la que era inimaginable dirigirse al centro de otra forma que no fuera caminando. La posibilidad de contar con los servicios de un mototaxi abre posibilidades de desplazamiento para la señora Eufemia, que ahora puede considerar el trabajar de noche sin temor a que ello signifique largas caminatas en la oscuridad.

Cerca de la una de la mañana comienza su trabajo como empleada del Servicio de Limpieza pública de la Municipalidad de Chosica: recoge la basura de calles y veredas del centro de la ciudad. Trabaja hasta las siete de la mañana, hora en que regresa en mototaxi a su domicilio. En su casa no permanece mucho tiempo, ya que muy pronto se dirige al comedor popular de su pueblo. En dicho lugar transcurre el resto de la mañana y parte de la tarde, pero no será el único sitio donde está. Ella va al mercado -a Chosica- una vez por semana para hacer las compras del comedor. Sale a eso de las nueve de la mañana, camina unos doscientos metros y toma una camioneta rural de transporte público que la deja a pocos metros del mercado donde se abastece. Además, cuando va al mercado suele aprovechar que está en el centro para cumplir con gestiones en el Concejo Municipal para su asentamiento, y también para pagar sus recibos del servicio de agua potable. Eso si, ella insiste en que, cuando se mueve dentro de Chosica, solo lo hace para cumplir con los objetivos trazados, sin detenerse a conversar con nadie: “[al mercado] voy a comprar nomás, muy poco soy de detenerme a conversar, salvo que me encuentre con algún familiar”. También señala: “Al municipio voy una o dos veces a la semana. A veces para pagar el agua y hacer gestiones del comedor, nada más”.

El tiempo que dedica al comedor también suele ser complementado con visitas a su madre: “De mi casa, como le digo, bajo al comedor por las calles principales. [...] o [voy] donde mi mama diario, aunque sea un rato pero tengo que entrar diariamente donde mi mamá”.

Aquí vale la pena detenernos un momento. La visita a los padres no es solo una demostración de apego afectivo, sino que forma parte de las responsabilidades que ella entiende le corresponden como mujer. En el marco de lazos de reciprocidad familiares -importantes para familias de inmigrantes de la sierra- ella tiene el compromiso de velar por los progenitores.

La atención a los padres forma parte de sus responsabilidades como madre de familia del medio popular. Así, la escala de responsabilidades domesticas - que incluye la atención de los hijos- se extiende al cuidado de los padres que, en este caso, se ve facilitada por la proximidad de ambas viviendas.5 El comedor y las visitas a los padres son los puntos de referencia importantes durante la mañana y parte de la tarde. Una vez culminada su jornada en el comedor -que le asegura las raciones o menús para su familia- se dirige a su casa, donde se dedicará a tareas domesticas y a descansar -dormir algunas horas- antes de reiniciar su labor en el Servicio de Limpieza Municipal.

Si bien la mayor parte de la tarde la dedica al hogar, existen motivos que la llevan a interrumpir con cierta frecuencia este ritmo. Por una parte, la posibilidad de visitar dentro del asentamiento a una amiga que es un lazo importante para ella. Por otra parte, tiene compromisos políticos, por los cuales suele asistir a reuniones como militante del partido Acción Popular todos los martes por la noche en su local del centro de Chosica: “También pertenezco a una directiva de Acción Popular. Justamente anoche han juramentado los secretarios generales, entonces como yo pertenezco a una directiva asisto. Acá en Chosica hay un local pero también hay que ir a lima”.

El día de reunión sale de su casa pasadas las ocho de la noche, y se dirige en mototaxi hasta el centro de la ciudad para participar de las reuniones, que suelen durar de 8:30 a 10:00 p.m. Además, cada quince días, o una vez al mes, tienen reuniones en Lima, en el local central de dicho partido, en el mismo horario. Para estos casos, la señora Eufemia toma un ómnibus en Chosica, cuyo trayecto hasta el local del partido demora entre una hora y media y dos horas. La actividad política, en este caso, no obedece a necesidades directas, pero puede significar un capital social importante a futuro.6

Buena parte de su vida cotidiana transcurre en el centro de Chosica. Ella puede construir, entonces, un segundo territorio conocido, aunque no le asigne la categoría de espacio local como a su asentamiento. Por otra parte, Lima tampoco es un lugar ajeno a su vida cotidiana. En el grafico siguiente presentamos un esquema espacio-temporal en el que intentamos presentar los principales puntos en torno a los que se articula la vida cotidiana de nuestra entrevistada.7

 

 

De acuerdo con el esquema, la señora Eufemia considera entre cinco y ocho lugares o viviendas como destinos cotidianos. Es interesante observar cómo la permanencia en el hogar no es la actividad más importante, en términos de ocupación del tiempo. Se puede comprender a la vivienda como uno de los centros de gravedad de su vida, pero no por motivos de su presencia en el hogar sino por la manera como se articula con otros espacios nodales como el comedor popular o la casa de sus padres.

En segundo lugar, el esquema permite demostrar que el espacio en el que transcurre su vida cotidiana no es únicamente el que forma su asentamiento. El centro de Chosica es tan importante como el primero, en términos de ocupación del tiempo, y no solo por el tiempo laboral, sino también por la existencia de otros espacios públicos, como el Mercado. Esta observación es importante. pues si recordamos las primeras afirmaciones de la entrevistada, en las que alude a su vida pasada ella la relaciona solo con “su pueblo”; obviamente, si recogemos estas expresiones tenemos que comprenderlas en el marco de la percepción de los espacios que producen sentido -como el lugar que define Augé (1993)-, y no como datos objetivos.

En tercer lugar -y como un hecho no menos importante-, llama la atención el gran número de desplazamientos alternativos. La vida cotidiana de la señora Eufemia no se caracteriza por una rutina estable para todos los días, sino por cierta flexibilidad de acuerdo con las demandas diarias. Esta característica, como veremos más adelante, será un eje transversal en la movilidad de nuestra entrevistada.

Por último, cabe señalar que la mayor parte de los desplazamientos son realizados gracias a medios de transporte público, y los más próximos, a pie. Tanto el ómnibus como la camioneta rural forman parte del paisaje cotidiano de nuestra entrevistada; pero a ello también tenemos que agregarle la presencia del mototaxi, servicio que permite un desplazamiento más veloz a aquellos habitantes que se ubican en las faldas de los cerros, donde los accesos vehiculares son mis restringidos tanto por lo angosto de los senderos como por lo pronunciado de las pendientes.

Es interesante contrastar el esquema que acabamos de presentar -que retoma los diferentes desplazamientos reseñados por la señora Eufemia- con el croquis que ella misma ha dibujado y que se muestra en la siguiente página para representar sus principales desplazamientos. En un primer momento, nos impactó observar, básicamente, un esquema nodal, donde lo que llama más la atención son las vías por donde se desplaza, las que, incluso, ocupan el centro del dibujo.

Es curioso que alguien que afirma que toda su vida se circunscribe a su asentamiento y nos hable de “su” pueblo en términos de su espacio local, represente su vida cotidiana por medio de desplazamientos que articulan un conjunto de lugares específicos no inscritos necesariamente en dicho contexto espacial. En el dibujo, la esfera local cotidiana parece incluir lugares que forman parte del centro de Chosica, como son el mercado, el municipio y el local de Acción Popular. Por otra parte, no existe proporcionalidad geométrica en las distancias que se demarcan entre los diferentes lugares.

La organización de los espacios cobra sentido de acuerdo con sus estrategias de vida, las que, en su caso, están signadas por el colectivo familiar. La vivienda tiene, entonces, una importancia central en la medida en que es a partir de ella que organiza sus desplazamientos. Es el punto fijo en el espacio donde nos esperan los objetos familiares habituales, que nos brinda seguridad y está cargado con una fuerte dosis de sentimiento, tal como señala Heller (1977: 385). El segmento que representa una gran vía en la parte inferior del croquis es una referencia a la integración de su espacio vital con otro espacio de mayor escala, que seria el representado por Lima. Es decir, su percepción del espacio no se encierra en una esfera local. Podría tratarse de una apropiación territorial de tipo reticular, en la cual los desplazamientos no unen espacios territoriales sino destinos -a manera de nodos- y en la que el continuo urbano adquiere categoría de paisaje.

 

 

En el dibujo no existen detalles que indiquen las características físicas de los trayectos por donde la señora Eufemia camina. Uno diría que para ella los desplazamientos son simples espacios geométricos cuya importancia está dada por los puntos que unen. Seria una percepción puntillista del espacio, en la que los trayectos cobran sentido según la funcionalidad de los puntos que unen. Sus usos del espacio están influidos por lógicas funcionales de desplazamiento, que abstraen el paisaje y convierten a las personas en rostros que cruzamos pero que no guardamos en la memoria. Estamos entrando a las lógicas urbanas del transeúnte (Joseph 1988). Si resumimos en un gráfico los diferentes lugares que doña Eufemia frecuentó en los momentos importantes de su vida -según lo que nos señaló- podemos observar cómo estos equivalen a puntos en el espacio de importancia funcional para las necesidades de quien los frecuenta o frecuentó:

 

 

La única excepción a estos desplazamientos puntuales estaría dada por los trayectos que realizaba por el centro de Chosica cuando vendía productos adquiridos en Tacna. En ese caso, más que único sitio, se trata de un radio de acción al que la articulación de varios clientes convierte -además de epicentro comercial- en un espacio público que ofrece externalidades económicas. Sin embargo, este mismo espacio no articula otra función que no sea la comercial. Aquí vamos encontrando las paradojas de la movilidad popular, donde el pertenecer a un barrio y el desplazarse a través del espacio que articula puntos de carácter funcional no resultan lógicas urbanas contradictorias. Sin embargo, ello puede tornarse de difícil comprensión para un urbanismo ortodoxo, que supone usuarios de la ciudad que adoptan comportamientos regularmente previsibles. Nuestra comprensión de la movilidad espacial se enriquece aun más si tomamos en consideración sus desplazamientos ocasionales. Tanto sus salidas los domingos como sus desplazamientos para determinadas ocasiones forman parte de la información que debemos detenernos a analizar para poder completar una visión de conjunto.

EL TIEMPO NO LABORAL EN LA VIDA COTIDIANA

Dada la intensidad de los desplazamientos y las labores que cumple la señora Eufemia durante la semana, podríamos suponer que el día domingo -el tiempo libre- lo destine sobre todo a reponer energías. Ello parte de suponer que el tiempo que no se dedica a las principales labores o responsabilidades económicas se destina al reposo o la recreación. Sin embargo, la vida cotidiana concentra un conjunto de actividades que no se pueden resumir de manera simplista en la oposición trabajo/no trabajo,8 tan usada por los economicistas, sobreentendiendo que el trabajo no remunerado, no productivo o no directamente utilitario es un no trabajo. Es por ello importante conocer qué actividades de vida cotidiana se desarrollan al margen de las obligaciones laborales.

En el caso de nuestra informante, los domingos suponen un cambio importarte de rutina, mas no un vació. La principal actividad estable constituye el ir por las mañanas al mercado en el centro de Chosica, para hacer compras para el hogar. Este trayecto es netamente diferenciado por la señora Eufemia con respecto a las veces que va hacia ese mercado como parte de sus responsabilidades con el comedor. Posteriormente, hay varios lugares a los que ella se suele desplazar, los que podríamos diferenciar según el tipo de motivaciones. Por una parte están las visitas a parientes; por otra, algunas salidas con los hijos por recreación; finalmente, otras referidas a necesidades familiares, como acompañar a sus padres por motivos de salud, o ciertos desplazamientos para realizar compras importantes aunque ocasionales.

Lazos de parentesco y movilidad

Los lazos familiares en sectores populares no son solo alianzas de sangre que se reafirman en ciertas fiestas de reencuentro. Dentro de una vida cotidiana marcada por la pobreza es importante mantenerlos vivos, y para ello hay que encontrarse, verse y no esperar un acontecimiento extraordinario para visitar o recibir visitas. De esta forma, los vínculos o redes familiares pueden ser entendidos en el marco de relaciones de reciprocidad que organizan los vínculos sociales estrechos. Este tipo de lazos de solidaridad, a su vez, forma parte de tradiciones culturales ancestrales, que nutren la diversidad cultural del medio urbano por medio de los fenómenos de continuidad rural - urbano generados por los procesos de migración interna (Altamirano 1988: Golte y Adams 1986: Vega Centeno 1992).9

Para la familia de doña Eufemia, la responsabilidad de mantener vivos los lazos de parentesco recae sobre las mujeres, ellas la asumen como un deber. Entretanto, los varones no suelen comprometerse del mismo modo en esta tarea, y prefieren no salir del espacio local, lo que demuestra un comportamiento más individual y liberado de los compromisos de su núcleo familiar. El testimonio de la señora Eufemia resulta, en muchos aspectos, un paradigma de cómo una madre de familia de medio popular, que utiliza medios de transporte, cumple con las obligaciones derivadas de sus vínculos de parentesco. Ella visita a parientes en varios lugares de Lima: en Vitarte, en Huaycán y en Ricardo Palma; la Carretera Central es un eje fundamental para sus desplazamientos: “En Vitarte, a veces voy a visitar a mi prima. [...] cada dos o tres meses. [...] A veces voy a las dos o tres de la tarde, y estamos hasta las siete. [...] Voy sola, [mi esposo] es un poco renegón, no le gusta. Cuando sus amigos le invitan ahí sí sale)”.

Para esta visita, suele ir acompañada de alguna de sus hijas. Baja caminando hasta la Carretera Central. Ahí toma un ómnibus que la lleva en cuarenta minutos a la zona de “Salazar Bondy”, dentro de Vitarte, en el cono este de Lima. Va directamente a su destino. Luego de estar con su prima, regresa por el mismo camino, con la única diferencia de que al llegar a Chosica toma un mototaxi que la conduce hasta su domicilio. Con menos frecuencia, visita a otra prima que vive en Huaycán: “A las quinientas en Huaycán tengo mi prima también. [Voy] para su cumpleaños. [Para ir] bajo a pie hasta abajo, en [la cooperativa] Pablo Patrón tomo un carro y de allí me voy”. En este caso, las distancias son menores, y desde la carretera en Chosica le toma entre veinte y veinticinco minutos. Va directamente a su destino y se queda hasta tarde conversando. También visita a su cuñada, que vive por Ricardo Palma, y a su sobrina, que vive en el centro de Chosica. En el primer caso, toma un mototaxi hasta el centro, y de ahí una camioneta rural que en diez minutos la lleva a su destino. Para ver a su sobrina, en cambio, toma un mototaxi o va caminando hasta el centro, pero no se detiene en ningún otro sitio. En estas visitas, que suelen ser mis frecuentes que las anteriores, usualmente la acompaña su hija mayor. La señora Eufemia se desplaza a través de distancias relativamente importantes para las visitas a parientes que se hallan fuera de su espacio local. Estos encuentros son importantes para ella, pues le es difícil imaginarse una vida enclaustrada en su domicilio: “[salgo] a conversar, a distraerme un poco [...] porque me he vuelto muy renegona, no quisiera estar en casa, no sé. [...] me relajo conversando, chismoseando. Para la señora Eufemia no es un anhelo quedarse en el hogar: necesita salir, y se desplaza para encontrar a las personas con las que desea conversar y ver, pese a que ello le signifique cerca de una hora de viaje en algunos de sus desplazamientos. A estas visitas hay que agregarles las que realiza usualmente a sus hijas mayores, como en los cumpleaños de sus nietos. En estos casos sí existe la ventaja de la proximidad, por lo que los desplazamientos son peatonales y dentro del espacio local.

Mantener los vínculos de parentesco es tarea de la esposa-madre de familia, por lo que también visita a la hermana de su marido. El marido, por su parte, suele quedarse en la vivienda y se mueve en el espacio local del barrio y los vecinos. Las redes de relación constituyen una importante estrategia de solidaridad que permite la supervivencia en condiciones de pobreza. Al observar en detalle cómo funcionan, descubrimos que las mujeres son las responsables de mantener vivo este capital social.

Las salidas ocasionales y los viajes de promoción

En la vida cotidiana de la señora Eufemia, existen otras ocasiones en las que sale de su vivienda. Por ejemplo, asiste a los oficios religiosos o a visitar las tumbas de sus parientes fallecidos. Se reconoce católica, y aproximadamente una vez al mes asiste a la misa en la parroquia que le corresponde, que es la de la Virgen de Lourdes. El templo se encuentra en San Fernando, por lo que baja caminando hasta allá. Por otra parte, las visitas a sus seres cercanos fallecidos son también momentos durante el año, ocasionales pero importantes dentro de su vida, en los que se desplaza sin la compañía del marido, quien prefiere descansar en el barrio.

Además de estos encuentros, la señora Eufemia asiste con cierta frecuencia a las asambleas del colegio de su nieto, ya que su hija trabaja y no lo puede hacer. Tanto los desplazamientos por motivos de culto como los del colegio le permiten afirmar su manejo cotidiano del espacio local. Sin embargo, a partir de su participación en las reuniones del colegio, vivió experiencias de desplazamiento importantes que, si bien ahora giran en torno al colegio de los nietos, en su momento vivió con sus hijos. Estamos haciendo referencia a los famosos “viajes de promoción”, inicialmente típicos y exclusivos de gente solvente. Este tipo de viajes han significado todo un descubrimiento. En efecto, con motivo de culminar no solo la secundaria sino también el colegio primario, es costumbre en los colegios nacionales organizar viajes de todo el grupo a alguna parte del país. Son viajes que no se realizan en vehículos de muy buenas condiciones, por lo que el trayecto puede tomar más tiempo y no ser muy confortable (con la consiguiente fatiga). Las condiciones pueden ser duras pero, de alguna manera, permiten a los habitantes de sectores populares acceder a los placeres de la movilidad en tiempo libre, así como incursionar en la dimensión del turismo, que suponíamos una situación completamente ajena al mundo popular.

Cuando existen problemas de salud es también la señora Eufemia la que debe hacerse cargo. No solo para el caso de sus hijos, sino también cuando algo les ocurre a sus padres. Ella acompaña a su madre cuando tiene que hacerse chequeos médicos en el seguro social, e hizo lo propio con su padre cuando tuvo problemas graves de salud. El esposo tampoco se moviliza para cuidar de la salud de familiares; esta es una tarea que recae sobre todo en ella. Existe, pues, división de los comportamientos cotidianos según el género, lo que la señora Eufemia hace evidente cuando explica por qué es ella quien acompaña a sus padres, y no sus otros hermanos:

[...] por lo que mis hijas y mis nietos, todo esto también extraño, mis padres mas que nada que están ancianos tengo que verlos; yo soy la única hija mujer, usted sabe que mi otro hermano está lejos, tengo mi otro hermano pero no es igual un hombre que una mujer: todo eso me pongo a pensar también, quién los va a ver a ella.

La atención a los padres es un deber que forma parte de los roles aprendidos por ella. Los desplazamientos cotidianos se integran, entonces, dentro de estos roles; así, la movilidad por motivos de salud es una necesidad para la mujer, dentro de una ciudad en la que muchos de los servicios no se hallan próximos.

Su apropiación del espacio trasciende largamente, pues, la esfera local, pero está íntimamente ligada a sus compromisos familiares como mujer. Así como recibió el apoyo de su madre cuando joven, ahora, recíprocamente, tiene la responsabilidad de reemplazar a sus hijos en las labores de acompañar a los nietos. La iniciativa de los desplazamientos no come por su cuenta, sino que es consecuencia de los roles sociales que cumple. Como contraparte, doña Eufemia encuentra la manera de disfrutar momentos en los que se trastoca radicalmente la rutina cotidiana aprovechando los fines de semana largos, tales como, cuando por las celebraciones de Fiestas Patrias, en julio, se dan cuatro días feriados.

LOS TIEMPOS Y FLUJOS DEL COTIDIANO

En el día a día inicial de la señora Eufemia sus referentes espaciales concretos eran su casa, el comedor y el centro de Chosica como lugar de trabajo. En su itinerario actual, el centro de gravedad parece volcarse sobre su esfera doméstica, con una mínima utilización de los medios de transporte. Sin embargo, cuando describe sus desplazamientos ocasionales a lo largo del año nos damos cuenta de que su apropiación de la movilidad es más compleja. Aun más, contar con medios motorizados de desplazamiento le es indispensable para cumplir un conjunto de trayectos, ya sea para atender a los hijos, para atender problemas de salud o para mantener los lazos de parentesco por medio de visitas a familiares:

 

 

En el gráfico siguiente resumimos el conjunto de lugares a los que ha acudido, motivada por sus diferentes responsabilidades, tanto laborales como familiares: El gráfico parte de un esquema concéntrico, en el que el punto de partida es la casa, y muestra los diferentes puntos de desplazamiento relatados, organizados por medio de círculos concéntricos según las distancias objetivas que nuestra entrevistada recorre. Los siguientes espacios, de mayor extensión, cobran vida, aunque no tanto como territorio sino como trama de la cual surgen puntos de encuentro importantes. Muchos de los sitios señalados no saltan a la vista en una rutina diaria, pero son efectivamente importantes para entender un cotidiano que, a lo largo de la experiencia vital, accede a puntos situados en espacios mayores, como el cono este de Lima, Lima Metropolitana, y el país en general.

Por otra parte, la articulación de este conjunto de destinos se organiza gracias a los territorios de la movilidad. En efecto, la Carretera Central es el eje vial fundamental por el que pasa todo tipo de desplazamiento que implique para doña Eufemia salir de su espacio local o de Chosica; para cualquier destino del país, la Carretera Panamericana es su segunda vía de referencia. El siguiente esquema permite observar cómo la Carretera Central constituye el eje cotidiano que le permite acceder a cualquier destino alejado del centro de Chosica o de la “margen izquierda”, única vía por la que circulan los medios de transporte públicos a los que nuestra entrevistada tiene acceso.

 

 

En consecuencia, para entender las lógicas de movilidad y vida cotidiana en el mundo popular no podemos limitarnos exclusivamente a las rutinas diarias o semanales. Estas escalas temporales pueden sernos útiles para comprender los tiempos laborales actuales de los entrevistados, pero resultan insuficientes para entender la riqueza de sus tiempos de la vida cotidiana, como los tiempos familiares que son, finalmente, los que afirman el sentido de la vida para muchas personas como la señora Eufemia. Por otra parte, su acceso al espacio de los flujos será posible gracias a la existencia de la Carretera Central, a una cierta proximidad de su domicilio.

LOS TIEMPOS Y ESPACIOS LABORALES

Las necesidades laborales son más agudas en casos de pobreza, pero los tipos de ocupación que se consiguen son también diversos. El testimonio recogido ha hecho hincapié en la capacidad de nuestra informante para adecuarse a las restringidas posibilidades ocupacionales que encuentra en el marco de la precaria situación económica de la sociedad peruana. En función de ello, sus itinerarias del día a día variarán. La señora Eufemia puede muy bien trabajar como empleada doméstica durante un lustro, para luego dedicarse al comercio otros cinco años, regresar a labores domésticas remuneradas y, finalmente, laborar como obrera de limpieza durante la última década.

Los trabajos que consigue nuestra informante son no solo diferentes por el tipo de servicio que pueda ofrecer, sino que le demandan ritmos y horarios diversos, así como maneras diferentes de integrar la movilidad. Ella puede estar empleada en un trabajo que la fije al territorio -donde organiza su vida caminando-, para luego entrar a lógicas comerciales que la lleven a largos desplazamientos hasta la frontera del país para proveerse de mercancías, e integrar el centro de Chosica como lugar en el que encuentra a su clientela. Finalmente, retorna a labores de relativa proximidad -en el centro de Chosica-, con la salvedad de que lo hace en horario nocturno, lo que trastoca nuevamente sus ritmos horarios cotidianos.

Esta adaptabilidad a los espacios y tiempos laborales es un indicador de una fortaleza y, a la vez, de una debilidad suya. Su coraje le permite aceptar los desafíos de la vida cotidiana en diferentes condiciones. Sin embargo, esta situación constituye también un indicador de la frágil posición social en la que se encuentra, por la que no está en condiciones de imponer los ritmos del trabajo. La señora Eufemia forma parte del sector popular de la ciudad, completamente subordinado a las posibilidades laborales que encuentre en un contexto de recesión económica, aunque ello los obligue a alterar los ritmos cotidianos adquiridos.

Dentro de esta situación de fragilidad laboral, el examen de los ritmos de la historia de vida relatada nos remite constantemente a un espacio: el centro de Chosica. La excepción seria el periodo en que trabajo como doméstica en la urbanización San Fernando. Sin embargo, su proximidad al centro y la percepción espacial de Eufemia lo incluyen dentro del mismo polo de atracción. En los casos, la relación es más evidente. Actualmente, su empleador es el Concejo Municipal y limpia las calles del centro. Cuando fue comerciante su clientela se hallaba en el centro de Chosica.

El centro de Chosica es un espacio de oportunidades de trabajo relativamente próximo a su vivienda. A lo largo de su vida, se han sucedido ocasiones que la han conducido ahí. Por ello, a pesar de no tener una vinculación peatonal con este lugar, podemos afirmar que se trata para ella de un territorio importante que, una vez que está ahí, cobra sentido no como un destino inserto en una lógica reticular, sino como aglomeración territorial de posibilidades. Asimismo, tener posibilidades en una situación de pobreza y relativa marginalidad laboral es dar lugar a la esperanza y a la afirmación vital.

El sentido del espacio local

Al comienzo de la entrevista, doña Eufemia afirmaba que toda su vida había transcurrido en su pueblo, en el asentamiento humano Mariscal Castilla. Después de haber escuchado su testimonio, es evidente que esta aseveración no alude a sus desplazamientos funcionales, sino a la percepción del espacio local, pues no existe gran movilidad residencial a lo largo de su historia de vida. Cuando deja la casa de sus padres, solo vive durante un breve lapso en la de sus suegros, para conseguir, finalmente, un lote de terreno en el mismo asentamiento humano, gracias a la ayuda de sus padres.

Cerca del asentamiento se encuentra el colegio en el que estudiaron sus hijos, y que es ahora el de los nietos. Su hija vive también en el mismo espacio, y su mejor amiga reside cerca de su casa. También se encuentran el comedor popular y el club de madres, en los cuales es una socia activa. Los lazos sociales más importantes de su vida cotidiana se establecen dentro del asentamiento, que por ello adquiere el sentido de lugar antropológico, de su pueblo, en palabras de nuestra entrevistada. Y, por supuesto, dentro del asentamiento ella se moviliza a pie.

La oposición teórica que construimos para comprender los diferentes impactos que engendran tanto las 1ógicas peatonales como las 1ógicas vehiculares demuestra ser una herramienta de análisis pertinente, pero no refleja una realidad concreta. La señora Eufemia utiliza vehículos de transporte publico en sus diferentes desplazamientos tanto al centro de Chosica como a diferentes lugares de Lima y, finalmente, del país. Estos desplazamientos son funcionales, y la relacionan exclusivamente con su punto de destino. No existe una percepción territorial del espacio, pero también es cierto que estos desplazamientos puntuales ganan sentido para ella a través de un espacio local afectivamente importante. Nuestra informante puede dirigirse a muchos destinos, y con placer puede conocer sitios muy distantes de Chosica, pero siempre será importante para ella saber que regresa a su punto de partida, el cual, precisamente, no es un punto mas, sino el espacio de vida, el lugar antropológico que le permite articular con sentido tanto los territorios espacialmente visibles como los reticulares a los que pueda acceder.

Movilidad, género y temporalidades

Otro fenómeno que destaca en nuestras observaciones es el de los diferentes tipos de integración de la movilidad encontrados entre varones y mujeres. Por algunos indicadores iniciales suponíamos que el varón estaría mejor integrado a la movilidad que la mujer, lo cual sosteníamos a partir de los tiempos laborales, prioritarios en el varón-padre como principal proveedor familiar, a diferencia de los tiempos familiares, que suponíamos generan un anclaje de la mujer-madre en los espacios y tiempos de lo doméstico. Fue muy sugerente descubrir que la integración de la movilidad puede operar de una manera diferente.

En efecto, al analizar temporalidades, resultó que el varón esta más habituado a las permanencias espaciales de sus tiempos. En este sentido, si tomamos al esposo de la señora Eufemia como un tipo de comportamiento frecuente, aunque buena parte del tiempo esta fuera de la casa, su vida cotidiana está marcada por la permanencia en el espacio laboral. La vida de la señora Eufemia, en cambio, tiene que articular varios tiempos fuertes: en ella el tiempo doméstico se suma al tiempo familiar, las dinámicas de los tiempos escolares, los tiempos de salud y, por si fuera poco, también se articula el tiempo laboral. La articulación de estos tiempos la lleva a realizar múltiples desplazamientos en su vida cotidiana. Estos tiempos son difíciles de percibir en una rutina de 24 horas, e incluso semanal.

Al integrar todos estos tiempos, la señora Eufemia integra las 1ógicas de movilidad de una manera mucho más compleja que su marido quien, por otra parte, comparte poco estos tiempos. En efecto, si bien los desplazamientos de ella pueden dirigirse a una diversidad de puntos mucho mayor, en sus lógicas de movimiento existe una afirmación parcial de ella como individuo. Por el contrario, la movilidad es una herramienta más que ella adapta a sus responsabilidades, que no son otras que las necesidades del colectivo familiar. Ella entiende sus responsabilidades como deberes, pues son parte de los roles aprendidos, y no cuestiona esta repartición de tareas. Actualmente ella duerme poco, y gracias al sacrificio de su tiempo de sueño puede cumplir con el conjunto de sus responsabilidades económicas, entre otras, dentro de su colectivo familiar.

El acceso a la movilidad

La escala peatonal, como hemos podido comprobar, no es indicador exclusivo de los desplazamientos cotidianos de doña Eufemia. La pobreza no es sinónimo de exclusión de los medios de transporte. Ella accede a medios de transporte público, los que serán fundamentales para organizar muchos de sus desplazamientos cotidianos. Los omnibuses y microbuses son transporte corriente y, si bien son accesibles, hay que señalar que tiene que adaptarse a una situación de incomodidad y de ineficiencia. En la medida en que estos medios de transporte público son privados y operan a la búsqueda de clientes, las cadencias que desarrollan pueden generar embotellamientos o desplazamientos muy lentos por voluntad de los chóferes. Por otra parte, los asientos distan mucho de ser confortables. Actualmente, muchas unidades de transporte cuentan con asientos construidos con fibra plástica, por lo que un viaje prolongado genera dolores en la columna vertebral. No conocemos, entonces, las consecuencias para la salud que, a largo plazo, pueda generar la integración de este tipo de medios de transporte en lo cotidiano.

Otro sistema de transporte utilizado son los mototaxis. Es preciso resaltar la adaptabilidad que demuestran estos vehículos a la superficie accidentada de las laderas de los cerros. Senderos o pasajes cuyo acceso en automóvil resulta impracticable son accesibles gracias a este ligero medio de locomoción. De esta forma, familias que se ubican en partes altas de las faldas de los cerros tienen la posibilidad de superar parcialmente los obstáculos espacio-temporales que la ubicación de sus viviendas implica. En términos cualitativos, la presencia de estos vehículos ha facilitado la vida cotidiana de pobladores como doña Eufemia, que recuerda los duros tiempos de su infancia en que debía subir y bajar a pie de su casa hasta las partes cercanas del lecho del rió.

La contraparte negativa de estos vehículos la constituye la precariedad de su estructura en caso de accidentes, así como la facilidad con que se entrega la responsabilidad de la conducción de estos vehículos a jóvenes que, en muchas ocasiones, suelen conducir de manera irresponsable.

Por otra parte, un referente constante en sus trayectos es la Carretera Central. Para los desplazamientos de doña Eufemia fuera del centro de Chosica, el uso de esta carretera como eje vial es indispensable para acceder a sus diferentes destinos, por lo que podemos suponer que existe una relativa apropiación de la vía en términos de territorio de la movilidad.

REFLEXIONES FINALES

Testimonios como el de doña Eufemia demuestran que el mundo popular no es ajeno a las dinámicas del movimiento y, a su manera, busca integrarse a ellas. Para ello, resulta indispensable observar la complejidad de la vida cotidiana trascendiendo la estéril dicotomía trabajo/no trabajo, que impide observar la riqueza de la actividad humana y, en particular, la desigual distribución de responsabilidades en la pareja de medio popular.

En efecto, los espacios compartidos son de menor importancia, y más bien llama la atención el fuerte compromiso de las actividades de la mujer con las necesidades del colectivo familiar, mientras que el varón encuentra mayores espacios para la afirmación personal. Es el caso de la afirmación de lazos de parentesco, en el que, para mujeres como Eufemia, resulta indispensable buscar adaptarse a los medios de desplazamiento disponibles en la ciudad, a fin de continuar haciéndose cargo del capital social familiar, que en contextos urbanos no se limita a la vida del barrio.

Sin embargo, esta integración de la movilidad -que refuerza la situación de servicio respecto a su grupo familiar- le permite también, durante los trayectos urbanos, reconocerse como persona con especificidades propias, independiente del colectivo familiar. En efecto, los trayectos -que pueden ser extensos- son momentos dedicados al placer de observar el paisaje o a pensar en sí misma, por lo que de alguna manera se puede decir que la movilidad facilita ciertos espacios de relativa libertad para la mujer de medio popular. Este tiempo muerto que significa el viaje largo y agotador resulta, paradójicamente, un espacio de vida en el cual la mujer de sector popular puede distraerse de sus responsabilidades del colectivo para descubrir placeres de tipo personal. Se trata de un descubrimiento que puede facilitar a muchas mujeres de medio popular el desarrollo de patrones de comportamiento que permitan la afirmación de sus individualidades, tema de investigación que merece ser desarrollado con mayor profundidad.

Por último, los correlatos espaciales siempre nos remiten, como sentido último, a un contexto territorial de lugar. El lugar viene a ser la esfera local del pueblo, pero, a su manera, también lo conforma el centro de Chosica como el territorio de las oportunidades laborales, dentro del marco de oposición territorial que originalmente nos planteó doña Eufemia. El espacio local, entonces, se halla inserto en un entramado de centros nodales, en el cual la ciudad de Chosica opera como espacio público. En este contexto, la vivienda no solo nos remite a un territorio como puede ser el barrio, sino que se constituye como el centro de gravedad a partir del cual opera la vida cotidiana de la señora Eufemia.

Esperamos que esta reflexión invite a estudiar con mayor profundidad las integraciones de la movilidad en la vida cotidiana, las que encierran, por una parte, posibilidades de afirmación de individualidad, pero que también pueden adaptarse y reforzar relaciones desiguales en materia de la atención del colectivo familiar. Un enfoque que parta de entender que la vida cotidiana se forma, en buena medida, a partir de desplazamientos ayudaría enriquecer el estudio de la cultura urbana en el Perú, en el cual la investigación suele estar orientada a estudios geográficamente delimitados (Sandoval 2000). El desafió está abierto. Testimonios como el de doña Eufemia nos señalan los caminos de una trama vital por conocer.

 

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NOTAS DE PIE

* El presente artículo se inscribe dentro de la investigación de doctorado que el autor viene llevando a cabo sobre movilidad (espacial) popular en Chosica.

1. Utilizamos el concepto de tiempo de trabajo en la perspectiva de Thierry Paquot (2001). En este trabajo, se sostiene que los tiempos de la ciudad no se organizan exclusivamente por el del trabajo y el de “descanso del trabajo”. Se trata de recuperar las diferentes dimensiones de los tiempos urbanos que organizan la vida cotidiana.

2. El concepto de lugar que utilizamos sigue la perspectiva de lugar antropológico, propuesta por Marc Augé ( 1993).

3. Liquidar implica que al trabajador se le proporciona su indemnización de acuerdo a ley y es cesado.

4. Cf. Lefebvre 1971.

5. Cabe señalar que en otras entrevistas vemos que la esposa madre de familia asume como parte de sus responsabilidades la atención del padre del marido, incluso cuando la pareja está separada.

6. A título ilustrativo, mencionaremos que el Comité de Desarrollo de la Margen izquierda (CODE- SURMI), que agrupa a los dirigentes de los asentamientos, urbanizaciones y cooperativas de la margen izquierda del río en Chosica, suele preocuparse de que en su Comité Directivo se encuentren representadas las principales agrupaciones políticas.

7. El siguiente gráfico está inspirado en el esquema de Walford, citado en Dupuy (1991).

8. Cf. Boulin, Jean-Yves. “le temps du travail dicte-t-il I'emploi du temps des citadins?” En Paquot 2001.

9. Cabe señalar, además, que existen estudios en los que se considera que estos vínculos también organizan los lazos sociales intensos en las sociedades modernas (cf. Godbout: 1992).