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Anthropologica

versión impresa ISSN 0254-9212

Anthropologica v.27 n.27 Lima dic. 2009

 

TESTIMONIOS PARA LA HISTORIA DE LA ANTROPOLOGÍA PERUANA

 

Movimiento estudiantil de 19281

Temístocles Bejarano

 

PRESENTACIÓN

«La lucha es dulce y conduce al éxito»2

Huancayo y el movimiento estudiantil de 1928
en el recuerdo de Temístocles Bejarano
 

Temístocles Bejarano fue compañero de José María Arguedas, de Jorge Prialé y de Leoncio Rojas en el Colegio Santa Isabel de Huancayo. Cuatro años antes de morir entregó a Jorge Prialé la crónica que ahora publicamos, seguramente con el propósito de recordar detalles del movimiento estudiantil que dirigió este último en 1928, donde participaron activamente Arguedas, Rojas y el mismo Bejarano. Esta experiencia selló la amistad que a lo largo de la vida mantuvieron los cuatro compañeros.

EL COLEGIO SANTA ISABEL DE HUANCAYO EN LA FRAGUA DEL PROYECTO DE ESCRITOR DE ARGUEDAS

Me permito agregar unas palabras al relato de Bejarano para destacar detalles muy importantes que proporciona sobre la vida de Arguedas, los cuales aún no han sido suficientemente destacados. Se trata de la influencia de esta temprana experiencia en Huancayo sobre el modelo de escritor que por entonces Arguedas empieza a realizar.

El valle del Mantaro, su paisaje, especialmente su gente y su cultura, que en los años de 1950 devolviera a Arguedas la esperanza con respecto al futuro de la cultura andina; es también la ciudad que a los dieciocho años lo impulsa a dar el primer paso de un proyecto literario donde la tarea de escribir está íntimamente ligada a la lucha por la justicia y la libertad. Escribir es, por entonces, un medio para exhortar a los jóvenes de su generación a realizar un proyecto de engrandecimiento social y personal, proyecto que si bien implica enfrentamientos, se apoya en la invencible fuerza de su espíritu juvenil. «Todavía no se han levantado las vallas que digan a la juventud: de aquí no pasarás», escribe entonces, y en otro momento, «…queremos luz y no obstáculos que dificulten nuestro avance hacia el mejor de los mundos posibles»... (Arguedas 1928).

Una serie ininterrumpida de arbitrariedades cometidas precisamente este año de 1928 en el Colegio Santa Isabel, debido al afán reeleccionista de la política de Leguía, despierta en algunos alumnos el impulso de rebelarse, de protestar, y un medio idóneo para conseguirlo es publicar.3 Por tal motivo, si bien el proyecto de Arguedas de convertirse en escritor se había gestado años antes, cuando descubre las obras de Víctor Hugo en Huanipaca, es en Huancayo donde encuentra el clima apropiado para realizarlo. Protestar y publicar, tanto colectivamente, en la revista Antorcha que funda con sus compañeros, como individualmente, en los artículos que envía por su cuenta a diarios y revistas locales, significó el inicio de su proyecto de escritor.

Bejarano destaca bien el carácter «universalista» de Antorcha, refiriéndose al afán de los editores por trascender en el ámbito local para contagiar su rebeldía a jóvenes de provincias aledañas. Este deseo de afincarse y, al mismo tiempo, de trascender lo local, será un aspecto sustancial del proyecto arguediano desde sus inicios.

La crónica de Bejarano revela otro aspecto importante en el pensamiento de Arguedas: el momento exacto en que este entra en contacto con los escritos de Mariátegui. Sostiene que en la misma imprenta de Lazo Sánchez, donde acuden los muchachos para editar Antorcha, se vendía, con exclusividad, la revista Amauta, dirigida por Mariátegui.4 Resulta imposible que ella pasara desapercibida a estos jóvenes ávidos de cultura y en contacto permanente con Lazo Sánchez. Ya Bejarano nos había revelado años atrás que Arguedas, Prialé, Rojas y otros compañeros, leían y discutían en su casa los contenidos de Amauta, pues su padre estaba suscrito a dicha revista.5 Desde entonces los ideales de Mariátegui impregnan el alma de los noveles escritores; así lo declaró Arguedas en varias oportunidades, y así lo evidenciaron Bejarano, Prialé y Rojas a través de sus escritos y de su militancia partidaria.

Agradecemos a Inés Cubas, esposa de Jorge Prialé, quien nos proporcionó este documento. Agradecemos asimismo a Temístocles Bejarano por las largas conversaciones sobre sus experiencias y recuerdos de Arguedas.

Reproducimos textualmente el documento original. Las notas explicativas, nuestras, ofrecen detalles para una mejor comprensión de los acontecimientos.

Carmen María Pinilla

 

Movimiento estudiantil de 19286

Temístocles Bejarano

 

Colegio Nacional de «Santa Isabel de Huancayo»

El año de estudios de 1928 en el Colegio Nacional de Santa Isabel de Huancayo se inició lleno de rumores y hechos desagradables sobre separación de profesores, que contrastaba con la sana alegría juvenil de los estudiantes por el reencuentro después de vacaciones y el comienzo de clases.

Era comidilla no sólo de las aulas sino en toda la ciudad de Huancayo que la Dirección Nacional de Enseñanza, manipulada por una política caciquil, asestaba golpes duros al primer centro vital del pueblo, donde se forja el pensamiento del hombre de mañana, el histórico Colegio fundado por el sabio Sebastián Lorente. El periódico El Heraldo lanzó alegremente la amarga noticia de que se había nombrado un nuevo Director del Colegio, precisamente, el 15 de marzo, día inaugural del año lectivo.

El doctor Antonio Guillermo Urrelo, joven profesional, de garantes dotes pedagógicas, estaba al frente de la Dirección, desempeñaba el cargo sólo desde el año anterior. En el curso de 1927 demostró su gran vocación por el magisterio, su habilidad administrativa, férrea disciplina, fecunda vida organizativa, positiva enseñanza y señero comportamiento social en la urbe huanca en armonía con su cualidad ética. De amplia cultura, se distinguió en reemplazar a los profesores que por alguna razón no asistían a dar sus clases, cualesquiera fueran las asignaturas, exponiendo lecciones en forma brillante.

Por su alta calidad humana conquistó la admiración y el aprecio del alumnado. Los cursos que tenía a su cargo fueron Lógica o Filosofía, Psicología, Economía Política, correspondientes al cuarto y quinto año de Instrucción Media.

Se interesó en mejorar las aulas, dando término a la construcción de un pabellón de dos plantas; proyectó trasladar el Colegio fuera del radio urbano, ubicándolo en la hacienda «La Punta» del barrio de Azapampa, magnífica visión de «ciudad universitaria». Desarrolló proficua labor social y cultural en la sociedad huancaína. Fundamentalmente, realizó el primer Censo de Población de Huancayo. La importancia de esa labor fue ampliamente reconocida por propios y extraños, las diversas autoridades expresaron su felicitación y todo el pueblo su agradecido beneplácito.

Debe tenerse en cuenta que en el Perú se perdía la tradición de trabajos censales, el último fue de 1876, en el gobierno de Manuel Pardo; y, en el presente siglo, el primer Censo Nacional fue el del año 1940, realizado con rigor científico bajo la dirección del Dr. Alberto Arca Parró. Con anterioridad a ese año, los pocos censos levantados en forma aislada y esporádica en algunas ciudades del país, fueron realmente [empresas] heroicas, admirables; precisamente, el Censo de 1927 llevado a cabo en Huancayo, bajo la dirección del doctor Urrelo, con intervención de profesores y alumnos, fue una labor sumamente encomiable. Dicho censo arrojó para el radio urbano 11,164 habitantes y una estimación de 24,000 habitantes para todo el Distrito de Huancayo.

La Memoria del Dr. Antonio Guillermo Urrelo del año 1927 es elocuente, es documento valioso; los hechos mencionados en ella y su positiva labor educativa hicieron que el pueblo huanca brindara su estimación sincera y el alumnado su cariñoso respeto.7

Transcurría la primera semana de estudios en ambiente denso de rumores desalentadores, de inquietud en la plana docente y de perplejidad en la muchachada estudiantil. El primer hecho desagradable, como un rayo que anuncia la tormenta, fue la separación del Dr. Ramiro Prialé, profesor del curso de castellano, que desempeñaba desde 1923, con toda eficiencia por ser de su especialidad.8 Causó sorpresa e indignación en el alumnado. Era un profesor muy querido. En su reemplazo habría sido nombrado el Dr. Alejandro R. Vega.

Una semana después llega el nombramiento del recién depuesto Dr. Ramiro Prialé, como profesor de Matemáticas; causó general hilaridad, como se ha dicho su especialidad era las letras; sin embargo desempeñó con habilidad la nueva asignatura, pero por pocas semanas.

De Lima siguen llegando crueles noticias, la cancelación de muchos otros profesores; en la dirección General de Enseñanza se cocinaba estos desaguisados, indudablemente, por desacertada política de quien ejercía la representación de la provincia en el Parlamento.

En los periódicos de la localidad, particularmente en el diario «La Voz de Huancayo», se producen campañas a favor del Dr. Urrelo; distinguidas personalidades levantan su voz de protesta.9

La conducta predominante del alumnado era pacífica, observaba gran disciplina, la obediencia lo distinguía sin llegar a la docilidad; sin embargo frente al desbarajuste profesoral y en el transcurso de los días y semanas de intensos rumores desagradables, surgió la inquietud febril en alumnos más despiertos, más caracterizados. Fue así como la perplejidad reinante en el alumnado se encausó hacia una organización combativa; el estudiante Jorge Prialé del quinto año de media, recorrió las distintas aulas, conversando con los muchachos más acreditados, logró nuclear una representatividad de los cinco años de Media. Jorge Prialé, el palomilla de su año, es un alumno reconocido y estimado por su amplia cultura, su calidad de buen estudiante, delgado de cuerpo parecía sostener difícilmente su enorme cabeza; irradiaba una pureza juvenil, en su aparente sencillez y humildad, bullía en su ánima un ardoroso afán de triunfo, de justicia, de libertad, vivía las singulares palpitaciones de la adolescencia.

Realmente hubo consenso del alumnado en organizarse. Las clases continuaban con irregularidad; en la plana docente indudablemente la inquietud era manifiesta y no intervenían ni adoptaban actitud alguna en sofrenar el movimiento estudiantil. No había tradición de huelga, ni práctica de abandono de aulas, de paralización de clases. Nada de lucha beligerante, ni siquiera gritos y bullicios de protesta, mucho menos grabar con leyendas alusivas las paredes o ensuciarlas. Fue la batuta hábil de Jorge Prialé que encausó la inquietud en un auténtico movimiento estudiantil; no fue una insurrección ni un desorden anárquico, fue una rebeldía pacífica juvenil, llena de serenidad, absolutamente sana y por ende pura.

La asamblea general de alumnos debía realizarse en el Salón de Actos, para ello el ex-alumno isabelino, Leonidas Gil Arroyo, a la sazón Auxiliar de Inspectoría fue quien informó a los profesores que el alumno Jorge Prialé pedía hacer uso del Salón de Actos. Según recuerda el Dr. Gil Arroyo —actual abogado, miembro del Colegio de Abogados de Lima, de larga trayectoria profesional— convenció a los profesores que autorizaran el uso de dicho Salón, garantizándoles que él se responsabilizaba del buen orden; lo que tuvo el agrado de comunicar a Prialé, añadiendo que daría todas las facilidades para la realización de la asamblea; tenía las llaves y como amigo coordinaría en sus justas demandas.

El Colegio Nacional de Santa Isabel funcionaba en el viejo local de su propiedad situado entre los jirones Amazonas y Cusco, precisamente el Salón de Actos se ubicaba en la misma esquina formada por ambos jirones, diseñado por el fundador del Colegio, el sabio Sebastián Lorente, allá por los años 1851-1852, pero fue construido, recién en 1919 por el Ingeniero Humberto Forno, cuando desempeñaba la dirección del Colegio. La entrada principal era por el jirón Amazonas.

En posesión del Salón de Actos, la primera asamblea de alumnos, de las varias que se realizaron, se llevó a cabo una mañana, la muchachada concurría al ágora en forma ordenada, no hay vivas ni gritos, no hay algarabía, más parecía una ceremonia solemne. En el estrado un grupo de alumnos, entre ellos Jorge Prialé, quien pronunció el discurso inaugural. Expresó su protesta airada por la cancelación del Director doctor Antonio Guillermo Urrelo, resaltando elocuentemente la figura del Director; manifiesta la intromisión indudable del caciquismo político que causa irreparable daño al estudiantado y evidente desprestigio del querido Colegio de Santa Isabel; centra su intervención en la necesidad de organizar a alumnado en una entidad estudiantil, anhelo de generaciones anteriores, que ha llegado la oportunidad de cristalizarse, pues las condiciones están dadas, y propone constituir la Federación Estudiantil Isabelina, que encause la vida orgánica del alumnado con la finalidad de bregar por la dotación de mejores docentes que imparta óptima enseñanza, por el desarrollo cultural en sus diferentes facetas y por la demanda de ayuda económica para los estudiantes más necesitados.

Dada la ansiedad e interés reinantes, las palabras orientadoras de Prialé fueron escuchadas en silencio profundo para estallar al final en aplauso caluroso; el joven dirigente puso al descubierto la profundidad de sus cualidades morales, de su espíritu isabelino audaz y franco; sugiriendo buenas perspectivas para el futuro inmediato con audacia creadora. Luego intervinieron otros alumnos ubicados en el estrado para protestar igualmente por el camino el Director Urrelo.

Según testimonio del Dr. Leonidas Gil Arroyo, finalizada la Asamblea se improvisó un «desfile». El Colegio contaba con una Banda Musical recientemente creada y dirigida por el profesor Gambarina;10 alumnos integrantes de dicha Banda cogieron sus instrumentos y se inició la marcha; saliendo del Salón de Actos enrumban por el Girón Cusco, llegan a la Calle Real, recorren esta columna vertebral de la ciudad huanca hasta la intersección de la vía férrea y la zona de Chilca, y retornan por la misma ruta. No fue un desfile impecable, brillante, bajo el mando del Instructor Militar o del famoso Regente Ricardo Menéndez,11 como era de rigor en las Fiestas Patrias, en la Semana Isabelina, aniversario de la fundación del Colegio u otras fechas cívicas; fue una marcha informal, casi un paseo; sin embargo se constituyeron escalones agrupados por años de estudio. Se destacó como organizador del desfile el alumno Leoncio Rojas Izarra del tercer año de media, quien recorría incesantemente a lo largo de la columna, dando órdenes, cuidando el buen comportamiento; Leoncio Rojas ejercía el liderazgo de su año, ya tenía bien ganado el apelativo de «Coronel», magnífico alumno, jugó papel importante en el movimiento estudiantil y descolló en guía eficaz en los subsiguientes años, 1929 y 1930, en este último encabezó una famosa huelga que le mereciera la expulsión definitiva, cuando cursaba el quinto año de Media.

El desfile concitó la adhesión de la población que ya estaba enterada del cambio del Director del Colegio, la gente apiñaba las veredas, el aplauso generoso brota de la multitud, demostración de simpatía sincera, profunda y alentadora a la causa del alumnado. Fue una manifestación pacífica; no hubo gritos, alborotos, pronunciamiento de lemas; no había tradición y experiencia de estruendosas huelgas; fue esa una de las primeras formas de protesta multitudinaria en las historia del Colegio Nacional de Santa Isabel.

Los aplausos ganados a lo largo del centro nervioso huanca, la tradicional Calle Real, otorgados por comerciantes, agricultores, empleados, profesionales, en fin, la población cosmopolita de la urbe, fue el acontecimiento memorable. Así fue esa pacífica manifestación de un día otoñal de 1928.

El rumor de cambios y cancelaciones de profesores continúa. La noticia más grave es el nombramiento del doctor Antonio Guillermo Urrelo como Director del Colegio Nacional de San José de Jauja, su retiro definitivo de Huancayo; a su vez el doctor Juan Francisco Franco que desempeñaba la dirección del Colegio de Jauja habría sido nombrado como Director del Colegio Nacional del Santa Isabel. Los alumnos Jorge Prialé y Nicanor Coz del quinto año de Media forman una delegación y viajan a la vecina ciudad de Jauja con el objeto de tomar acuerdos con los colegiales jaujinos, aunar la lucha estudiantil con el firme propósito de impedir la permuta de los directores; realmente la misión de estos dos isabelinos era soliviantar a los sanjosefinos.

Constituidos en la ciudad de Jauja, entrevistan a muchos alumnos a la entrada del Colegio Nacional de San José, pero ninguno de ellos se interesa, no querían ni oír el asunto de la permuta de los Directores, actitud que causó extrañeza, teniendo en cuenta que los sanjosefinos sí tenían tradición de huelgas, como aquella narrada por el doctor Manuel Espinoza Galarza en su bello, emocionante y sugestivo, «Relatos Referentes a Jauja», T. I, 1958: Una huelga olvidada - ocurrida en mayo de 1920. Tal vez no querrían soliviantarse por la reciente prisión sufrida, el 5 de febrero de 1928, por el estudiante universitario Manuel Espinoza Galarza y los dirigentes de la Sociedad de Artesanos Justo Villanez y Teodosio Moya Dianderas, que trataron de celebrar el centenario de la ley que dio rango de ciudad al pueblo de Jauja, quienes abusivamente fueron conducidos a Lima como subversivos y aherrojados en el Panóptico —contado en el mismo libro de Relatos, T. II, 1960—. Prialé y Coz retornaron a Huancayo decepcionados y no logran justificar la sorda indiferencia de los estudiantes jaujinos; al contrario se informan que el doctor Franco, natural del Jauja, es un gran maestro en la especialidad de Historia.

Pocos días después, el 5 de abril de 1928, aparece en los periódicos de la localidad, la Circular N° 1, del nuevo Director del Colegio Nacional de Santa Isabel. Dr. Juan Franco, en la cual manifiesta que «el Consejo Nacional de Enseñanza, en sesión celebrada el 14 de marzo, ha acordado su traslado al Colegio Nacional» de Huancayo.

La publicación de dicha circular ya era un hecho oficial, o sea, la descarga de la tempestad, el final de los rumores y comidillas. Sin embargo, el desbaratamiento del plantel continúa y ello sin intervención alguna del nuevo Director. Así, el Dr. Alejandro R. Vega casi no ejerció la enseñanza del curso de Castellano, pues fue separado y en su reemplazo fue nombrado el Dr. Uldarico Parra, de triste recordación.12 El profesor Ricardo Tello Devoto fue cancelado del curso de Inglés y poco después destituido de su función de Secretario del Colegio.13

La tormenta incubada en Lima sigue llegando como chicotazos caciquiles, como si el Colegio fuese un coto feudal. El profesor de Música, el Sr. Isidoro Gambarina es injustamente separado, con más de doce años de docencia, sumamente querido por el alumnado y por toda la sociedad huancaína, introductor del clarinete en las orquestas típicas de la región, sapiente musicólogo, popularmente conocido con el cariñoso nombre de «Gambacho»; en su reemplazo fue nombrado el Dr. Roque Urbani. Realmente los meses de marzo y abril de 1928, inicios del año escolar, fuero trágicos. Los desatinos siguen, el Profesor Mariano Kléskovich14 es cancelado de los cursos de Ciencias Naturales y en su lugar fue nombrado el señor Hermoza, «de cuyo nombre no quiero recordarme», deficiente profesor.15 Indignado por este desbarajuste profesoral renunció el ingeniero Miguel Zubiate,16 distinguido profesor de Matemáticas.

Las causas de tanta calamidad, no solo se encuentran en los desaciertos administrativos del Gobierno Central, ni en una falsa filosofía pedagógica; era comentario general que había sucia injerencia política. Eran tiempos del oncenio, del Gobierno de Augusto B. Leguía y del «perenne» Diputado por Huancayo, Dr. Augusto Peñaloza, quien hacía nombrar como Profesores a sus amigos, protegía a determinado clan huanca en afán de acaparar puestos públicos.

Federación Estudiantil Isabelina

La inquietud del alumnado, repito, hábilmente encausada por Jorge Prialé, devino en la constitución de la «Federación Estudiantil Isabelina», como órgano directriz y dinámico. Discutida ampliamente la necesidad de formar dicho cuerpo armónico de los alumnos, independientemente de las organizaciones señaladas en el Reglamento del Colegio, más bien, conexa, con intervención de docentes, ya venía actuando un comité de delegados de los diferentes años. Transcurría los primeros días del mes de mayo y fue convocada una magna Asamblea para elegir los directivos de la Federación Estudiantil Isabelina. Ya se habían realizado diversas reuniones en cada salón, en cada año de estudios, ya se conocían a los dirigentes y por unanimidad de dicha asamblea fueron elegidos Jorge Prialé, Presidente; José María Arguedas, Vice-Presidente; Mario César Ráez, Secretario; Horacio Gutiérrez, Pro-Secretario; Nicanor Coz, Tesorero; Leoncio Rojas Izarra, Fiscal; Edgardo Vaccaro y Juan Pablo Mora, Vocales.

En medio de grandes aplausos se instala la Junta Directiva en el estrado del Salón de Actos y realiza su primera sesión pública. El flamante Presidente, en emocionado discurso, resaltó la importancia de la creación de la «Federación Estudiantil Isabelina», anhelo ferviente de generaciones anteriores, que al hacerse realidad, por la voluntad generosa de todas los alumnos, conlleva la obligación de darle vida fructífera, manteniéndola con amor y firmeza. Entre los objetivos señaló continuar con la brega por mejores docentes, desarrollar actividades culturales y anunció que la Junta Directiva editará un periódico que divulgará los sentimientos y las ideas del alumnado.

La magna asamblea terminó en ambiente de alegría general, quedaría grabada en la memoria de los alumnos por mucho tiempo y los isabelinos estaba decididos en defender su sano y fresco organismo estudiantil.

Integraban la Junta Directiva tres alumnos del Quinto Año de Media, Jorge Prialé, amante de la lectura, prestigioso estudiante desde el primer año de media y muy estimado por sus compañeros; Nicanor Coz, el colorado, de mayor edad, evangelista, vendedor de revistas «Democracia de New York», EE.UU. y «Atalaya» de Buenos Aires; Horacio Gutiérrez, estudioso y combativo; tres alumnos del Tercer Año de Media, José María Arguedas, recientemente incorporado a Santa Isabel, procedente del Colegio San Luis Gonzaga de Ica, inteligente, vivaz, se adhirió con vehemencia a la lucha estudiantil y ganó la estimación del alumnado cuando leyó en una de las Asambleas una entusiasta proclama aconsejando la Unión «que es el único medio de llegar al éxito»;17 Leoncio Rojas Izarra, estudioso, muy serio, lector, era el guía de su año, muy justo y desprendido en su labor orientadora y honestamente combativo; Juan Pablo Mora, inquieto, afable, menudo, audaz en la lid; un alumno del cuarto año, Mario César Raez, probablemente el de más fina cultura, de gran sensibilidad artística, ejecutaba música clásica al piano, había recibido instrucción en colegios de Lima; y un alumno por le segundo año, Edgardo Vaccaro, procedía de la heroica Tacna, eran los tiempos del Plebiscito de Tacna y Arica, llegaron a Huancayo pocas familias, la sociedad huancaína las acogió fraternalmente, Edgardo pronto ganó la estimación de sus compañeros, por su seriedad y gran fervor.

El 16 de mayo se publicó en los periódicos de la localidad la carta del presidente, que anunciaba la fundación de la Federación Estudiantil Isabelina.

La Federación tuvo destacada labor en el curso del año 1928, no sólo en el ámbito del Colegio sino también en toda la provincia de Huancayo. Una de sus primeras actividades fue los preparativos para celebrar el Día de la Madre, conjuntamente con el «Centro Social Deportivo» de Huancayo, la Escuela Normal de Mujeres y el Instituto Andino.

«Antorcha»

Objetivo primordial de la Federación fue la publicación de un periódico, órgano de prensa que sirviera de vehículo noble de relaciones con los demás centros de enseñanza de la provincia y con el público en general, además de que fomentara un vínculo sano, íntimo y orientador en el estudiantado isabelino.

En las diversas aulas se discutieron entusiastamente sobre el nombre que debería llevar el periódico; los del quinto Año, al sugerir «Ondas Isabelinas», seguían la tradición, pues los estudiantes de 1916 publicaron, por primera vez, con ese nombre, un vocero del Colegio, salieron siete números; ocho años después, en 1923, el profesor de castellano, Ramiro Prialé, sacó un solo número de «Ondas Isabelinas»; y en 1928 se propusieron diferentes nombres. Los alumnos del tercer año de media, plantearon ardorosamente el de «Antorcha», que finalmente triunfó en amplia asamblea.

El 1° de junio de 1928 salió a luz «ANTORCHA», como Publicación Quincenal —Órgano de la «Federación Estudiantil Isabelina»— de ocho páginas, casi tamaño tabloide, su precio: diez centavos.

Los miembros de la Junta Directiva de la Federación fueron los mismos que constituyeron el cuerpo de redacción de «Antorcha». Jorge Prialé fue el Director, el alma del naciente vocero; precisamente en el editorial del primer número declaraba que «Antorcha» «…tiene en sus páginas el vibrar de corazones juveniles, ansiosos de vivir; que lleva en sí algo de almas jóvenes que siente con calor; llevará también en cauda luminosa, sus ideas fuertes y vigorosas, que serán como luces que preludian una aurora que ya se avecina…».18

«Por lo demás, «ANTORCHA», procurará ser lo que hemos querido que sea al ponerle este nombre: que evoca la luz orientadora, será el fiel trasunto del sentir de una juventud que anhela decir lo que piensa».19

Tuvo la halagüeña acogida en la ciudad, se vendía en el Instituto Andino, en la Escuela Normal de Mujeres y en los demás centros educativos.

El Director del Colegio, doctor Juan Francisco Franco, llamó a su Despacho al alumno Jorge Prialé, Presidente de la Federación Estudiantil Isabelina» y director del periódico «Antocha», y le manifestó:

— Veo con agrado la inquietud de publicar un periódico y lo felicito por este primer número de «ANTORCHA» —que exhibía en sus manos— pero el alumno siempre necesita una buena orientación —y con mucha cortesía agregó— los docentes brindarán su asesoría.

— No queremos que la Dirección se mezcle en nuestros intereses periodísticos —respondió muy altivo Prialé.

— Los estudiantes necesitan en realidad una sana orientación —insistía el Dr. Franco.

— Somos responsables y capaces —replicó Prialé.

El Director quedó de una pieza. Sonrió. No insistió.

Todavía se vivía el clima álgido del movimiento estudiantil. El Director del Colegio, Dr. Francio, en el término de dos meses, realmente se había ganado la simpatía de los alumnos, por su don de gente, por sus clases en la especialidad de historia; sin embargo, el dirigente Jorge Prialé continuaba en actitud gallarda, sosteniendo la autonomía estudiantil, tanto de la Federación como del periódico.

En «ANTORCHA» publicaron por primera vez sus escritos Jorge Prialé, José María Arguedas, Leoncio Rojas, que pronto en la década del 30 destacarían como escritores; y algunos otros alumnos vieron también en letras de molde por primera vez sus trabajos, desarrollarían más tarde importantes tesis en el campo profesional.

Jorge Prialé escribió los editoriales en fluida prosa, demostrando su temprana vocación literaria, varios artículos y comentarios en cada uno de los números de «Antorcha», que salieron sólo tres números; además, con el seudónimo de Guy, los versos «A un amigo», en el número uno y el soneto «Sueña y Sonríe» en el número dos; y una lírica: «Reminiscencia» en el número tres. Posteriormente en su vida universitaria destacaría en las lides sociales del país, publicaría inspirados y bellos ensayos por la década del 30 y muchos artículos en periódicos y revistas de Huancayo y Lima, «Antorcha», fue su cuna literaria.

José María Arguedas, además de su proclama al alumnado isabelino, clamando unión que «es el único derrotero que puede conducirnos a la grandeza, unámonos y seamos grandes», que se publicó en el primer número de «Antorcha»; también se insertó un emotivo trabajo sobre la mujer y sobre la madre con motivo del homenaje en el Día de la Madre, y versos: «Ríe y Canta», firmado con el seudónimo de Filoxeno; en el segundo número el artículo «El amor a la Patria», de inspiración pacifista; y en el tercer número «Fantasía», en el que anuncia tener una obra en preparación: «La Historia de un hombre». Cabe recordar que a su paso por Huancayo ese año de 1928, J. M. Arguedas, publicó un artículo elogioso sobre la participación artística de las hermanas Luz y Enma Basurto, en brillante y exitosa velada artístico-cultural organizada por el «Centro Social Deportivo», realizado el 6 de junio, que se publicara en «La Voz de Huancayo» el 9-6-1928; y otro en la revista «Inti», con el rubro «La raza será grande», atisbo de inquietud social sobre el porvenir de America Latina (N° 1, setiembre de 1928, p. 15). Es halagador que este futuro escritor y gran novelista se iniciara en tierra huanca, en «Antocha», al fervor del movimiento estudiantil isabelino.

Leoncio Rojas, con el seudónimo de León Rojo, publicó artículos y en verso: «Lágrimas y Sonrisas». En los años subsiguientes, 1929, 1930, desarrolló intensa labor periodística y literaria en «ondas Isabelinas». En la década del 30 le cupo la destacada participación en la edición de la revista «Verdad y Esfuerzo», donde publicó trabajos de recia inquietud social. Este leader isabelino encausó su fructífera actividad, posteriormente, en el ámbito del Poder Judicial, ejerció la Escribanía con beneplácito de la comunidad huancaína.

Muchos otros estudiantes de aquel año, 1928, iniciaron en «Antorcha» sus escarceos literarios, el amparo de seudónimos.

«La Voz de Huancayo», saludó, felicitó y alentó, sinceramente, la labor periodística isabelina; dedicó cariñoso comentario a la primera, segunda y tercera salida de «Antorcha».20

En julio, por dificultades económicas, dejó de publicarse «Antorcha», importante material preparado para el número cuatro quedó inédito. El anhelo ferviente de tener cada quincena el periódico y el entusiasmo juvenil demostrado quedó trunco. Sin embargo, la corta labor efectuada fue meritoria, provocó crítica elogiosa de parte de los docentes; los padres de familia, los pocos círculos culturales, los estudiantes de los diversos centros educacionales, acogieron con entusiasmo y cariño la labor periodística isabelina.

Ese año de 1928 destaca, además, la actividad periodística del «Centro Social Deportivo» de Huancayo, que publicó la revista «Proa» en mayo y junio, sólo dos números; posteriormente bajo la dirección de Néstor Rangel la revista «Inti», en setiembre y noviembre, también sólo dos números.

Hicieron su presencia en Huancayo los hermanos Juan Guillermo Viladegut y Angel Estefen Viladegut, procedentes de Arequipa, oriundos de Apurímac, y sacaron el periódico «Noticias» de corta duración. Luego apareció otro periódico «La Región», bajo la dirección de Mauro Cacho Bernales, de corta vida. El Instituto Andino publicó dos números de su revista «Prisma».

«Antorcha» se imprimió en la Imprenta Gregorio Lazo Sánchez, que brindó su entusiasta cooperación a los estudiantes con su fina sensibilidad de periodista popular; en el mismo taller funcionaba su pequeña librería, donde vendía las revistas «Amauta» de José Carlos Mariátegui, y «La Sierra» de Guevara; las otras librerías que existían sólo se dedicaban a textos escolares, era raro encontrar libros científicos y humanísticos.

Cabe recalcar como otro fruto del movimiento estudiantil de 1928, su positiva proyección futura, pues las generaciones posteriores tomaron la posta y lograron plasmar con firmeza la regularidad en la edición del indispensable vocero isabelino. En los años 1929 y 1930, continuaron en el Colegio parte de los actores del Movimiento estudiantil de 1928, es decir los alumnos que cursaban el Tercer año de Media ya actúan en el Cuarto y Quinto; y publicaron con el nombre de «Ondas Isabelinas». Sólo en 1928 tuvo el nombre de «ANTORCHA». Además, debe quedar fijada que los años 1928, 1929 y 1930, la publicación del periódico fue de la absoluta y exclusiva participación de los alumnos, sin injerencia alguna de los docentes. En 1916 el Director del Colegio Dr. Enrique Arnáes, tuvo directa participación en «Ondas Isabelinas», en 1923 lo dirigió el profesor Ramiro Prialé, y en las décadas del 30 y 40 se publicaron con magnífica participación docente.

Acefalía del colegio

1928 fue un año pobrísimo en calidad docente. Es triste recordarlo. Nada consiguió el alumnado en sus reclamos de separar a los malos profesores; nada obtuvieron los Padres de Familia en sus gestiones; nada logró la sociedad huancaína para impedir que perdiera lustre su primer centro del saber.

El nuevo Director Dr. Juan Francisco Franco, pronto ganó la simpatía del alumnado, fue un correcto maestro; sin embargo, antes de cumplir tres meses al frente del Colegio Nacional Santa Isabel tuvo que retirarse de Huancayo. Fue repuesto a su antiguo cargo de Director del Colegio Nacional de San José de Jauja. Santa Isabel quedó acéfala.

Seguí el desbarajuste profesoral. Ramiro Prialé ya había sido cancelado de la asignatura de matemática, ausentándose hacia Lima, pese a las protestas de los alumnos, docentes y sociedad huancaína.

El Inspector Leonidas Gil Arroyo viajaba a menudo a Jauja, llevando correspondencia del Dr. Urrelo que aún le llegaba a Huancayo; y, de Jauja, traía noticias del cariño y la alegría con que hubieron acogido al Dr. Urrelo, tanto la sociedad jaujina como el alumnado, porque conocían su gran labor en Santa Isabel; su prestigio de gran maestro era realidad en todo el valle del Mantaro. Gil Arroyo, al retornar de Jauja, traía ejemplares del periódico «El Porvenir», diario de Jauja que dedicaba sus páginas a resaltar la labor del Dr. Antonio Guillermo Urrelo y también narraba cómo el día de su cumpleaños —había nacido en junio de 1901—, muy de madrugada, la Sección Primaria del Colegio Nacional San José le había brindado un albazo muy cariñoso, y durante el día la sociedad jaujina toda le rodeó con toda clase de agasajos. Sin embargo, este maestro talentoso no estuvo sino tres meses en tierra de Atun-Xauxa.

El desbarajuste profesoral fue hechura de parlamentarios. El diputado por la provincia de Jauja, el Dr. Jesús M. Salazar —«curco» Salazar— que acompañó a Leguía todo el período del oncenio, desempeñó encumbrados cargos en el Poder Ejecutivo, siendo Ministro de Gobierno en dos ocasiones. Precisamente al inicio del año escolar, en 1928, se hallaba ausente de Lima, en misión oficial en el extranjero, circunstancia hábilmente aprovechada por el Diputado por la Provincia de Huancayo, quien también estuvo todo el oncenio del gobierno de Leguía, el Dr. Augusto Peñaloza, para obtener la permuta de los Directores de los Colegios de San José de Jauja y de Santa Isabel de Huancayo. Pero, en cuanto el «curco» Salazar retornó al país, inmediatamente procedió a reponer al Dr. Juan Francisco Franco como Director del Colegio Nacional de San José de Jauja. Quedó acéfalo el Colegio Nacional de Santa Isabel.

El Dr. Antonio Guillermo Urrelo Novoa, se vio obligado a trasladarse a la cuidad de Cajamarca, su tierra natal, donde ejercería durante muchos años la Dirección del Colegio San Ramón de Cajamarca, con gran beneplácito de sus coterráneos y positiva formación de muchas generaciones de alumnos. El Dr. Alvaro Zumarán que cursó la instrucción media en Cajamarca testimonia que el Dr. Urrelo fue un gran maestro y de excepcional actividad ciudadana, mereciendo el respeto y cariño del pueblo. El Dr. Urrelo falleció en abril de 1943 y póstumamente se publicó su importante libro «Federalicemos el Perú», Editorial Juan Mejía Baca, Lima, 1975.

Finalmente, procedente de los Estados Unidos de Norte América había llegado a Lima el Dr. Nemesio Rodríguez, oriundo de la región Huanta y estando vacante la plaza de Director del Colegio Nacional de Santa Isabel, obtuvo su nombramiento y se constituiría en Huancayo a fines de julio de 1928.

Juegos florales

En 1927 el Colegio Nacional de Santa Isabel, siendo Director el Dr. Antonio Guillermo Urrelo y con la activa participación del Profesor Ramiro Prialé, promovieron los Primeros Juegos Florales en ocasión de celebrarse la Primavera. Era la primera vez que se realizaba un evento literario de tal magnitud y trascendencia que despertó ferviente entusiasmo en toda la provincia; además se llevó a cabo elecciones para Reinado de la Primavera.

Discernido los trabajos presentados, resultó vencedor el estudiante Jorge Prialé Arancibia del Cuarto Año de Media, en mérito a su poemario titulado «Vespertina».

En gran actuación artístico-cultural, en el Teatro de la ciudad, le ciñeron la testa con una corona de laureles en las olimpíadas de la antigua Grecia y le fue entregada la Flor Natural por la señorita Mercedes Garbo. Este triunfo del estudiante Prialé fue celebrado merecidamente en Huancayo.

En 1928, nuevamente se promueven los Juegos Florales, la Federación Estudiantil Isabelina desarrolló ardua labor. De acuerdo a las bases del concurso el tema poético debía referirse al hecho histórico del descubrimiento de América; además, la sociedad huancaína desarrolló intensa actividad para elegir una Reina de Primavera.

Por segunda vez, el alumno Jorge Prialé del Quinto de Media, fue el ganador absoluto del concurso, por su composición en verso «El descubrimiento de América».

La noche del 12 de octubre se llevó a cabo una solemne actuación artística, literario-musical, en el flamante Teatro Dorregaray, inaugurado ese año de 1928. Huancayo no contaba con auditorios adecuados y don Felipe Santiago Dorregaray construyó un local ex profeso para espectáculos teatrales y de cine en el jirón Puno, a un costado de la Plaza de la Constitución, de amplia capacidad. Fue realmente una gran fiesta de la juventud; ese novel teatro estaba atestado de público, se presentaron varios cuadros dramáticos con la participación de los hermanos Kléskovich, números artísticos por la señorita Rosita Trece.

La actuación culminante fue la participación del alumno Jorge Prialé, quien recibió la Flor Natural de manos de la señorita Carola Rodríguez, seguida de una estruendosa ovación del público.

La coronación de la señorita Rosa Elvira Figueroa como Reina de la Primavera, quien estaba en el escenario rodeada de sus damas de honor, integradas por gentiles señoritas de la sociedad huancaína, también mereció el aplauso general.

La velada tenía como uno de los objetivos recaudar fondos para adquirir instrumentos musicales para la Banda del Colegio, fue todo un éxito económico; sin embargo brilló su cariz cultural, fue una verdadera Fiesta de la Primavera, la concurrencia masiva de instituciones, de alumnos, de público en general, contribuyeron a resaltar el reconocimiento popular al alumno que dirigía el Movimiento Estudiantil de Santa Isabel.

Tanto el Jurado Calificador de 1927 como el de 1928, al considerar el trabajo de Jorge Prialé como el mejor de ambos concursos, en realidad brindaron justo espaldarazo al reconocer su temprana vocación literaria; ese distinguido alumno ya exhibía naciente personalidad propia y una elevada espiritualidad desde aquellos albores.

En el certamen de 1928 el alumno del Tercer Año de Media José María Arguedas mereció un premio por la poesía que presentó al concurso; una mención honrosa el alumno del mismo año Temístocles Bejarano Izarra.

La Federación Estudiantil Isabelina fue un bello ejemplo de organización; su Junta Directiva desarrolló un importante papel extra-educativo, tratando de elevar el bajo nivel cultural de la mayoría de los isabelinos; sumados los de la sección primaria con los de secundaria llegaban a 600 alumnos, en gran proporción carentes de textos escolares y hubieron profesores que pasaron el año dictando el curso sin explicarlo.21 Los directivos del Movimiento estudiantil realizaban amenas tertulias dentro del Colegio, en las calles y plazas de la ciudad y aún en sus domicilios.

Desplegaron su actividad llena de energía juvenil y abnegación, contribuyeron en la preparación de cuadros de jóvenes con atisbos ideológicos liberales; estuvieron en las primeras filas del estudiantado isabelino.

Sería largo mencionar los nombres de los alumnos que participaron en el Movimiento estudiantil de 1928, al lado de los ya aludidos destacan Félix Guzmán Manzaneda, Mesías Haro Gallardo, Borjas, del quinto año; Humberto Oré, Adolfo Toledo, Marcial Anyaipoma del cuarto año; Pedro Basurto, Temístocles Bejarano, Aparicio Maraví, los hermanos Cortez, Velazco, Guevara, del tercer año; Oswaldo Aguirre Morales, Humberto Alarcón, Teófilo Daniel Leiva, Falconí, Cáceres, del segundo año y muchos otros que ya la memoria traiciona.

1928 fue un año excepcional, a pesar del ambiente político negativo, los integrantes de la Junta Directiva supieron actuar en forma muy alturada, desenvolverse con entereza, con significativo valor, condujo [sic] al alumnado organizadamente; demostrando en conjunto pureza de su alma juvenil que enrumbaba hacia la plasmación del ideal del bien común y la justicia.

Rememoro con emoción ese Movimiento Estudiantil y con cariño a los compañeros de esa generación, y en particular a los integrantes de la Junta Directiva de la «Federación Estudiantil Isabelina», que bajo la batuta de Jorge Prialé salvaron con su rebeldía la dignidad estudiantil de Huancayo.

Temístocles Bejarano Izarra

Lima, 1985.

 


  1. El original de este texto mecanografiado se encuentra en el Archivo J. M. Arguedas de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

  2. Arguedas, José María. «Proclama». Antorcha, N° 1, Huancayo, 1 de junio de 1928, p. 7.

  3. Hemos investigado algunos aspectos de la política educativa de entonces y su incidencia en el Colegio Santa Isabel en: «Huancayo y las primeras publicaciones de Arguedas». Pinilla, Carmen María (editora). José María Arguedas en el valle del Mantaro, Lima: PUCP, 2004, pp. 31-123.

  4. Ver más detalles en Bejarano, Temístocles. «Mariátegui en Huancayo». Anuario Mariateguiano, Lima, Vol. II, N° 2, 1990, pp. 81-102.

  5. Entrevista a Temístocles Bejarano. Lima, 6 de julio de 1988.

  6. El original de este texto mecanografiado se encuentra en el Archivo J. M. Arguedas de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

  7. Además de la Memoria, un texto que ilustra su personalidad es el artículo periodístico que publica con el título de «Importancia del colegio Santa Isabel de Huancayo y notable deficiencia de sus rentas», La voz de Huancayo, Huancayo, 11 de enero de 1928, p. 3.

  8. Ramiro Prialé, por entonces Bachiller en Letras, enseñaba en el Santa Isabel desde 1923, y colaboraba como redactor en La voz de Huancayo.

  9. Véase, por ejemplo, La voz de Huancayo, 19 de marzo de 1928, p. 3; y 26 de marzo de 1928, p. 3.

  10. Isidoro Gambarina, músico de 42 años, fue nombrado profesor en 1922. Dirigía la banda del Colegio, también la Banda Municipal y el grupo Orfeón Huanca. Este grupo adquiere renombre cuando en el mismo año de 1928 gana el segundo premio en el Concurso de Amancaes, realizado en Lima.

  11. El alférez Ricardo Menéndez, apodado «toro Menéndez», era natural de Chupaca y contaba con 32 años. Nombrado regente por el Ministerio de Guerra en 1917, entre 1923 y 1924 logró importantes victorias deportivas para el Colegio. En 1925 formó la Liga Isabelina.

  12. Así lo califica Bejarano, porque este abogado de 35 años protagonizó un bochornoso incidente con Arguedas. Debido a la protesta que hiciera este último ante algo que consideraba una injusta calificación, pidió la expulsión del alumno. La serenidad del director Franco le permitió evaluar mejor la situación y desestimó el pedido de Parra. El examen de Arguedas y el pedido de expulsión de Parra han sido reproducidos en mi artículo «Huancayo y las primeras publicaciones de Arguedas» (Pinilla 2004).

  13. Ricardo Tello Devotto, a pesar de haber sido separado del Colegio, oficia de jurado en el examen de francés que rinde Arguedas al finalizar el año. Este curioso incidente se debió a que en el Santa Isabel no existía ni curso ni profesor para este idioma. Un dispositivo del Ministerio de Educación obligaba al alumno que iniciaba la secundaria a elegir entre el inglés y el francés, y le impedía asimismo cambiar de idioma durante los cinco años. Arguedas eligió el francés cuando inició su secundaria en el Colegio San Luis Gonzaga de Ica; por tal motivo, el director del Santa Isabel tuvo que consultar el caso de Arguedas con el Director General de Enseñanza, John K. Bredin. Este dictaminó que permitieran a Arguedas estudiar el francés por su cuenta y consiguieran los jurados idóneos para examinarlo al finalizar el año. Ver la carta de Bredin en mi artículo «Huancayo y las primeras publicaciones de Arguedas» (Pinilla 2004). Más tarde, cuando Arguedas estuvo preso en el Sexto, tuvo la oportunidad de practicar este idioma, pues hemos encontrado cuadernos suyos con dictados y tareas en francés pertenecientes a esta época (Archivo Celia Bustamante Vernal).

  14. Mariano Kléskovic era un farmacéutico, cultor de las letras y aficionado al teatro. Tanto él como su hermano, también profesor del Santa Isabel, eran admiradores de Víctor Hugo. En 1928, Mariano planeó escenificar la obra Hernani y eligió a Arguedas para el papel protagónico. (Entrevista a Temístocles Bejarano. Lima 6 de julio de 1988).

  15. Enrique Hermoza no habría tenido las calificaciones para el puesto pues al poco tiempo de dictar el curso, los alumnos, Arguedas entre ellos, envían una carta de protesta a la dirección acusándolo de suplir la explicación de la materia con lecturas obligatorias. La protesta no fue atendida de inmediato. Se hará recién cuando este sujeto ataque públicamente a una familia vinculada a la prensa local. Ver la carta de protesta de los estudiantes en mi artículo «Huancayo y las primeras publicaciones de Arguedas» (Pinilla 2004).

  16. Manuel Zubiate, ingeniero agrónomo nombrado por Urrelo el año anterior.

  17. Arguedas, José María. «Proclama». Antorcha N° 1, Huancayo, 1 de junio de 1928, p. 7.

  18. Revista Antorcha, (Editorial), Año 1, N° 1, Huancayo, 1 de junio de 1928, p. 1.

  19. Loc. cit.

  20. En el tercer número de Antorcha se reproduce un elogioso comentario que en La voz de Huancayo se hace a los dos primeros números de esta revista.

  21. Esta fue precisamente la causa de la protesta de Arguedas y sus compañeros, por eso acusaron las graves deficiencias pedagógicas del profesor Hermoza, como anotamos anteriormente.