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Anthropologica

versión impresa ISSN 0254-9212

Anthropologica vol.41 no.51 Lima jul./dic. 2023  Epub 21-Dic-2023

http://dx.doi.org/10.18800/anthropologica.202302.008 

Transmisión cultural, ecología y representación

Autorregulación y protagonismo en la crianza. La agencia en el modelo de crianza respetuosa en Argentina

Self-Regulation and Protagonism in Parenting. The Agency in the Respectful Parenting Model in Argentina

María Jimena Mantilla1  2 
http://orcid.org/0000-0003-4206-0952

1Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Argentina

2Instituto de Investigaciones Gino Germani - Argentina, mantillamariajimena@gmail.com

Resumen

En este trabajo interrogo, desde una perspectiva sociológica, las imágenes de la infancia en el modelo de crianza respetuosa, que se sustenta en el respeto por las necesidades y derechos de las niñas y niños en el plano de la crianza. El artículo se basa en una investigación cualitativa de tipo etnográfica acerca de las experiencias de mujeres madres de sectores medios que siguen este modelo de crianza en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Problematizo la noción de agencia en articulación con los nuevos estudios sociales de la infancia, describiendo las características principales que definen a la crianza respetuosa desde la perspectiva de sus seguidoras y, tomando el ejemplo de la propuesta de la alimentación complementaria de los lactantes, profundizo en cómo se produce una mirada de los bebés que potencia su agencia a la hora de gestionar el proceso de alimentación.

Palabras clave: crianza; agencia; primera infancia; alimentación complementaria; investigación cualitativa

Abstract

In this paper, I interrogate the images of childhood in the model of respectful parenting from a sociological perspective. I am interested in problematizing the notion of agency in articulation with the new social studies of childhood. To this end, I describe the main characteristics that define respectful parenting from the perspective of its followers, and I focus on the example of complementary feeding where I delve into how it produces a view of babies which enhances their agency when it comes to managing the feeding process. This paper is based on previously conducted ­qualitative ethnographic research about the experiences of middle-class mothers who follow this style of parenting in the city of Buenos Aires, Argentina.

Keywords: respectful parenting; agency; childhood; complementary feeding; qualitative research

INTRODUCCIÓN

Yo fui una niña miedosa. Fui la niña que se orinó cuando escuchó el auto de su padre estacionándose afuera. Pero ya no soy esa niña y ya no soy una madre miedosa tampoco. Soy una madre agotada, eso sí. Podría tener más ayuda, eso seguro. Podría tener hijos que estén sentados más tiempo, y que no cuestionen todo lo que digo. Pero no tendré miedo al marketing del niño autorregulado. No voy a entregarme a los temores de los psicólogos contemporáneos y sus peroratas sobre los límites, ni a los de los abuelos y sus nalgadas que según ellos no le hacen daño a nadie. Paulina Simón Torres, La madre que puedo ser (2018).

No obligar a los niños y niñas a saludar con un beso cuando se encuentran con un adulto, contemplar sus opiniones en las decisiones familiares, amamantar a niños y niñas habitualmente considerados mayores para hacerlo, acompañar el tiempo de maduración de cada niño en el control de esfínteres por fuera de los cánones establecidos. Estas cuestiones, entre otras, llaman la atención a quienes se acercan al modelo de la crianza respetuosa en tanto formas diferentes e incluso opuestas a las prácticas «tradicionales»1 de crianza en la actualidad. Desde la perspectiva de las seguidoras de la crianza respetuosa, las prácticas tradicionales se denominan «adultocéntricas», queriendo dar cuenta con esta definición a la dificultad de colocar el interés de los niños y niñas como parte de la ecuación de la vida familiar.

La modalidad de crianza respetuosa ha adquirido popularidad en las últimas décadas a nivel mundial. En Argentina, la creciente aparición de espacios y grupos presenciales y/o virtuales que convocan a compartir experiencias de crianza con este enfoque da cuenta de la magnitud de este fenómeno cultural (Sánchez de Bustamente, 2017; Mantilla, 2019; Abdala, 2019).

A grandes rasgos, este enfoque de crianza se centra en el respeto por los procesos madurativos de los niños y niñas y la consideración de sus necesidades de apego seguro brindadas por un entorno familiar adecuado a estos fines (cita). La crianza con apego (attachment parenting), planteada por la teoría del apego de Bowlby (1979), sustenta este enfoque. Es fundamental para la crianza respetuosa entender, respetar y validar las necesidades de los niños y niñas tanto en los aspectos físicos como en los emocionales. Tal como expresan muchos de sus seguidores, la clave es brindar amor incondicional basado en una educación «firme y amable» al mismo tiempo2 (Nelsen, 2001). La crianza se efectiviza mediante múltiples y novedosas estrategias centradas en evitar la crítica, la humillación, los gritos, las amenazas y el castigo, sin que ello suponga una libertad sin límites o una aceptación pasiva de los deseos de los niños.

En este trabajo interrogo, desde una perspectiva sociológica, las imágenes de la infancia presentes en este modelo y cómo se traducen en prácticas de crianza específicas. Me interesa problematizar la noción de agencia en articulación con los nuevos estudios sociales de la infancia (James et al., 1998; James y James, 2010; Holloway y Valentine, 2000; Jenks, 1996; Llobet, 2010; Carli, 1999; Bustelo Graffigna, 2012). Uno de los aportes centrales de estos trabajos es que ponen el énfasis en un enfoque de los niños y niñas como actores sociales. En este artículo destaco cómo esa visión es congruente con las prácticas de crianza respetuosa y planteo insumos a una sociología de la agencia interesada en los vínculos familiares. La noción de agencia adquiere centralidad en la perspectiva de la crianza respetuosa dado que las decisiones de crianza contemplan las necesidades, emociones y opiniones de los niños y niñas, en vez de tomarse unilateralmente como disposiciones adultas. Esto plantea desafíos singulares para las familias en tanto se trata de reconocer la asimetría del vínculo filial al tiempo que convertir la toma de decisiones en un espacio participativo.

Si bien a nivel social, las últimas décadas, y en especial a partir de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), dan cuenta de un progresivo reconocimiento de los niños y niñas como sujetos de derechos, en el plano familiar, tal como afirman mis informantes, sigue siendo preponderante un modelo de crianza que oscila entre el permisivismo extremo, donde los niños toman todas las decisiones que atañen a sus vidas, y el autoritarismo, que no les da margen de participación, como dos polos opuestos incluso presentes en un mismo estilo de crianza. El foco de la crianza respetuosa, tal como afirman sus difusoras, es extender un enfoque de sujetos de derechos de las infancias al plano de la crianza.

En estas páginas, interesa entender cómo se materializa la mirada de niños y niñas como actores sociales, es decir como personas con capacidad de agencia (Pavez-Soto y Sepúlveda Kattan, 2019) en las interacciones con sus «mapadres»3. En otro trabajo reflexioné acerca de cómo el enfoque de la crianza respetuosa acentúa diferentes imágenes del cuerpo infantil que ponen en tensión las creencias occidentales propias de la modernidad en torno a la proximidad, la distancia, la dependencia y la autonomía (Mantilla, 2019). En este texto retomo la noción sociológica de agencia entendiéndola como la capacidad de los niños y las niñas de incidir en las decisiones de crianza y organización familiar (James y James, 2010). Dicha incidencia no se da solo a través de sus posibilidades concretas de decidir sobre sus vidas, sino también a partir de creer que responder a las necesidades de los niños y las niñas es la mejor manera de crear independencia futura (Faircloth, 2013).

Este texto forma parte de una investigación en curso en la que analizo, desde una perspectiva sociológica, las experiencias y trayectorias de mujeres de sectores medios interpeladas por el modelo de parto respetado y crianza respetuosa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. La investigación se inscribe en la línea de estudios socioculturales sobre parto, maternidad y crianza (Martin, 2006; Cosse 2009, 2010; Carli, 1999; Faur, 2014; Felitti, 2012, entre otros), más precisamente en las investigaciones sobre la temática de parto y crianza natural.

Los trabajos de Bobel (2002) en Estados Unidos y su análisis de las maternidades naturales, la etnografía de Faircloth (2013) sobre el lactivismo en Inglaterra y Francia, Fedele (2016) y su enfoque sobre las maternidades holísticas en Portugal, y Tornquist (2002) en Brasil, con su etnografía acerca del ideario y las prácticas del movimiento por la humanización del parto, problematizan las experiencias de mujeres de clases medias que se adscriben a estos enfoques. En el plano local, son antecedentes relevantes el trabajo de Abdala (2019, 2021) sobre las experiencias de gestación y maternidad de mujeres interpeladas por la búsqueda del parto y la crianza natural en la ciudad de Santa Fe, las investigaciones sobre violencia obstétrica de Fornes (2011) y Jerez (2015) y sobre parto respetado de Castrillo (2020).

A continuación, describo la metodología y las coordenadas conceptuales de este trabajo y los principios generales de la crianza respetuosa desde la perspectiva de sus seguidoras. Luego, me detengo en el ejemplo de la alimentación complementaria donde profundizo en cómo se entreteje una mirada acerca de la agencia de los bebés a la hora de gestionar el proceso de alimentación. Finalmente, reflexiono sobre algunos paralelismos y puntos comunes de la crianza respetuosa y la nueva sociología de la infancia.

Notas metodológicas

La estrategia metodológica que guía la investigación consiste en un diseño cualitativo en base a fuentes primarias (entrevistas en profundidad y observaciones participantes) y secundarias (documentos, revistas, documentales y libros de la temática).

Se realizaron en total 35 entrevistas con mujeres de clase media, de entre 35 y 45 años, predominantemente profesionales, con estudios universitarios y en su mayoría en pareja con el padre de sus hijos e hijas. Entrevisté a mujeres madres que, en el marco de su maternidad, han desarrollado cierta habilidad en esta temática (como puericultoras, doulas, especialistas en desarrollo infantil, asesoras de crianza, entre otras figuras expertas vinculadas a este modelo), y que se ocupan de difundir las ideas centrales del paradigma de parto respetado y crianza respetuosa a través de las redes, libros, y/o estrategias de activismo político, como también a través del asesoramiento y acompañamiento de familias. Asimismo, entrevisté a madres que siguen este tipo de prácticas y recomendaciones. Realicé observaciones participantes en charlas de crianza, rondas de testimonios de partos, cursos de acompañamientos de embarazos, talleres de formación en disciplina positiva y otros espacios surgidos a partir del contacto con las entrevistadas. Con respecto a las fuentes secundarias, recopilé y analicé diversos materiales de difusión producidos por esos expertos, como libros y revistas de lactancia, alimentación y parto, entre otros.

LA CRIANZA RESPETUOSA, IDEAS CENTRALES Y NOCIONES CLAVES

Entender qué es el respeto hacia los hijos, problematizar las relaciones de poder al interior de la familia y cuestionarse hasta dónde permitir que los hijos participen de las decisiones familiares, son preocupaciones para mis informantes. Ellas son mujeres de sectores medios, en general madres profesionales, ya no tan jóvenes, que han elegido la maternidad, según dicen, de forma «consciente». Es en virtud de esas preocupaciones que buscan otros modelos de crianza y, en particular, los lineamientos de la crianza respetuosa. Todas mis informantes buscan visibilizar y tomar conciencia de aquellas cuestiones que consideran faltas de respeto hacia las infancias y que se producen en sus hogares. Tal como explica González Coto (2012), la violencia en la familia a veces aparece enmascarada, dado que las personas adultas se perciben a sí mismas como manteniendo relaciones benefactoras con las niñas y los niños, justificadas, en sus prácticas, en tanto actúan «por su propio bien».

Desnaturalizar las cuestiones más obvias, como el maltrato físico, pero también otras más difíciles de detectar, como el maltrato emocional, que comienza ya en los primeros días (por ejemplo, cuando se califica el llanto de un recién nacido como «manipulador»), son parte de los procesos de concientización y transformación de creencias que rigen la vida familiar guiada por este enfoque. En consecuencia, el respeto es una conquista dependiente de un proceso de deconstrucción de las llamadas prácticas de crianza tradicionales. Ello supone asumir un rol absolutamente distinto para los «mapadres». En palabras de María, mamá, puericultura y creadora de una revista que difunde información de crianza respetuosa, «hacemos mucho en algunas cosas, intervenimos en el desarrollo de los bebés, sentándolos, calzándolos, no respetando sus propios ritmos y, sin embargo, dejamos de hacer en otras, como dejar llorar a un bebé». Cuándo intervenir y cuándo no hacerlo son disyuntivas cotidianas a las que se encuentran quienes son interpelados por este modelo. El foco está puesto en discernir entre cuáles son intervenciones respetuosas y cuáles no.

La noción de respeto se caracteriza también por acompañar la naturaleza evolutiva de las niñas y niños, entendiendo que en este contexto lo «natural» alude a la fisiología, es decir, a los procesos corporales que se dan de forma espontánea en el desarrollo infantil. En ese sentido, se consideran los tiempos naturales de la gestación y el parto, así como los hitos centrales del desarrollo evolutivo, como el amamantamiento, la necesidad de dormir en compañía, los ritmos del sueño, el control de esfínteres, la alimentación y el desarrollo de la motricidad.

La clave aquí es acompañar los ritmos propios de cada niño o niña sin intervenir en su evolución, al tiempo que ofrecer las condiciones óptimas para que este desarrollo ocurra sin dificultades. Por ejemplo, respecto al desarrollo motor, la perspectiva de la crianza respetuosa se opone a las intervenciones de los adultos en el movimiento de los bebés, ya sea a través de sentarlos cuando aún no lo hacen por sus propios medios o ayudarlos a caminar, entre otras intervenciones típicas.

En los espacios de difusión de este enfoque (charlas, talleres, círculos de crianza), se explican las consecuencias de no respetar dichos procesos fisiológicos (entorpecimiento del desarrollo óseo-muscular, problemas en la columna vertebral, etcétera). La propuesta es que, desde los primeros meses de vida, los bebés transcurran algunos momentos en el piso, boca abajo, en un espacio seguro y acompañados por un adulto, para propiciar el desarrollo de su propia motricidad4. En ese sentido, una frase habitual es «acompañar la fisiología, observar y no intervenir» (ref). Esta mirada que entroniza el respeto por la fisiología involucra una percepción positiva de la naturaleza humana que, en lo que atañe a los niños y niñas, se expresa mediante la creencia en su potencialidad y en cierta sabiduría innata que los guía en el desarrollo de sus capacidades madurativas en la que los adultos pueden confiar.

Con respecto a la lactancia, la crianza respetuosa promueve el amamantamiento prolongado o con destete fisiológico, que implica esperar hasta que el niño concluya por sí mismo la etapa de amamantamiento. Esto supone también establecer una lactancia a libre demanda, regulada por las necesidades y ritmos del niño en cuanto a cantidad y frecuencia de tomas. En mi trabajo de campo, las mujeres relatan tanto la vitalidad y el placer de amamantar guiándose por los tiempos y las necesidades de sus «crías» como la enorme falta de apoyo social y familiar que caracteriza la experiencia. Al tiempo que se promueve este tipo de lactancia, se promulga también el respeto por las necesidades de la madre y el encuentro con las posibilidades reales y deseos de las mujeres de efectivizar dichos tiempos de lactancia. Pese a la promoción de una lactancia prolongada, en mi trabajo de campo también encontré asesoras de lactancia, puericulturas y otras expertas en crianza respetuosa que guían a las mujeres en decisiones de destete, y favorecen que esa instancia se torne en respetuosa para el bebé o niño.

Asimismo, en el plano vincular, los problemas de comportamiento, establecimiento de límites y otras cuestiones relativas a las pautas de la vida familiar, se abordan a partir de la transformación de las acciones, actitudes y roles de las y los progenitores, y no solo poniendo el foco en la conducta de los niños y niñas.

En este sentido, el respeto, desde la perspectiva de las difusoras y familias que siguen estas ideas, es un aspecto problemático con niños mayores. Así lo resume Paula, una informante de esta investigación que además de su propia experiencia asesora a otras familias en su consultorio de crianza:

Ya quedó muy claro que el bebito es un ser inmaduro que requiere de toda nuestra atención, que el estrés y los bebés no se llevan, que hay que evitarles el estrés absolutamente, con toda la cuestión del cortisol que seguramente la entendés. Pero claro, bueno, ese bebé va creciendo y después como que nos quedamos sin herramientas, ¿cómo hacemos como para establecer límites y seguir manteniéndonos en ese marco de respeto que empieza a incluir absolutamente la frustración? Porque necesidad y deseos coinciden hasta los dieciocho meses y a partir de los dieciocho, veinte meses, pueden desear algo que no necesiten. Obviamente el bebé que pide teta a los seis meses la ­necesita (Paula, asesora de crianza, comunicación personal).

El reconocimiento de las dificultades en efectivizar la noción de respeto lleva a buscar espacios diversos de formación en crianza: talleres, charlas, cursos, círculos de mujeres, donde el foco es el aprendizaje de habilidades para criar y favorecer el autoconocimiento. En estos espacios de formación, se promueve la conexión emocional como antesala de la corrección de la conducta. «Conectar antes de corregir» es un mantra que se repite incansablemente. Ello implica comprender el mundo emocional de los niños, empatizar con sus puntos de vista y así constituir la base de acuerdos familiares que permitan evolucionar hacia conductas cooperativas de parte de las infancias.

En suma, el respeto por los niños y niñas en su carácter de ser personas y el respeto por sus necesidades fisiológicas y emocionales, son los lineamientos principales que engloban a la crianza respetuosa.

A continuación, me centro en la temática de la alimentación complementaria: la incorporación de los alimentos sólidos que se realiza paulatinamente a partir de los seis meses en los bebés. Observar la modalidad que plantea la crianza respetuosa de esta etapa vital en las familias nos muestra cómo se percibe y se promueve una noción de agencia ya desde el comienzo de la crianza. El respeto hacia las infancias que se promulga, se defiende y se intenta materializar en las prácticas concretas de la vida cotidiana de las familias comprometidas con estas ideas se torna en un primer elemento posibilitador en el plano vincular de una crianza como espacio participativo donde la agencia infantil cobra entidad.

LA ALIMENTACIÓN AUTORREGULADA

Así como en la lactancia se valora tanto la decisión y autorregulación de los bebés y niños de cuándo y cuánto mamar, ocurre lo mismo con el ingreso de los alimentos sólidos.

Las imágenes frecuentes sobre los bebés incorporando sus primeros alimentos sólidos los muestran en sillitas plegables, con babero, abriendo sus boquitas a una cuchara rebosante de puré que se les acerca de la mano de un adulto. Por el contrario, desde la perspectiva de la crianza respetuosa, la alimentación complementaria también es «autorregulada». El bebé va aprendiendo a incorporar los alimentos a través del juego y la exploración con sus propias manos a medida que estos le causan interés. El sustento de esta postura es la confianza en el instinto natural del niño o niña, que sabe cómo y cuánto comer. En consecuencia, se invierte la lógica tradicional de la alimentación infantil: no se trata de enseñar a los niños y niñas a comer, sino de dejar que ellos mismos elijan cómo y cuánto comer, regulando la ingesta de alimentos por sus propios medios. Con este movimiento se está promoviendo, a su vez, un enfoque de agencia de los bebés, quienes toman un lugar activo en las interacciones con los adultos cuidadores.

Durante el trabajo de campo asistí a talleres de alimentación dictados por profesionales comprometidas con este modelo de crianza, con quienes conversé en entrevistas y encuentros informales. Su fascinación por el mundo de la alimentación autorregulada las llevó también a escribir un libro sobre la temática. Ya en la introducción, argumentan cómo articulan su propuesta con las imágenes de las niñas y niños como seres con capacidad de agencia:

Cuando comenzamos a hablar de alimentación, lo hicimos convencidas de que una papilla y una cuchara no podían ser la única manera de acompañar esta nueva etapa vital de los bebés, pero sobre todo sumergidas en el respeto y la búsqueda de una crianza diferente, fisiológica, con nuestras hijas como sujetos activos (Eilenberg y Gatti Wosner, 2017, p. 15).

El espíritu que guía este tipo de propuestas es pensar la alimentación como parte de un estilo general de crianza donde el respeto por los niños y niñas se extiende a las formas de comer, considerándose directivo y contraproducente el hecho mismo de «dar de comer», promoviendo así la autonomía en la ­alimentación y el encuentro con el propio ritmo de los infantes inclusive desde la etapa de bebés pequeños.

En los talleres, después de una ronda de miedos y preocupaciones de los «mapadres» con esta propuesta, se ocupaban con mucho interés de explicar cómo funciona la fisiología de la alimentación, confiando que con la información adecuada los miedos se disiparían. Así registré en mis notas de campo alguna de esas explicaciones:

El bebé comenzará a tragar la comida cuando el desarrollo de la lengua y de la masticación estén maduros para ello. Para eso necesita controlar lo que se lleva a la boca, por eso es tan importante dejarlo hacer, cuando le metemos comida con una cuchara para intentar incentivarlo a comer perjudicamos su desarrollo (Nota de campo talleres de alimentación autorregulada).

En la misma línea se insiste con la posibilidad de «cederles el control», es decir darles lugar a su propia capacidad de agencia en el contexto de la alimentación. En el libro, esto se explica claramente:

Los bebés que comen solos naturalmente controlan su ingesta y dejan de comer cuando están llenos. Para poder escucharlos hay que dejarlos escucharse. Por eso cuan rápido se come es también muy importante. Cederle el control hace que el momento sea más divertido para el bebé y le permite darse cuenta de cuándo está lleno y desarrollar su propia velocidad de ingesta y ritmo. Ser alimentados por otros hace que coman más rápido de lo que lo harían solos sin llegar a secretar aquellas hormonas y neurotransmisores relacionados con la sensación de saciedad (Eilenberg y Gatti Wosner, 2017, p. 59).

La importancia de favorecer la autorregulación es nuevamente una invitación de este discurso a concientizar sobre la relevancia de otorgar el espacio de acción necesario para que los niños y niñas desplieguen sus recursos y elijan lo que necesitan. Registré en mis notas de campo que:

La autorregulación es al ritmo de cada uno, si hay otro interviniendo lo hace a su ritmo. No sabemos cómo es el ritmo del niño, le di dos cucharadas, para mi es re poco pero eso es muy subjetivo. No es real, somos todos muy diferentes, tenemos distinto metabolismo, distinta actividad. El ritmo es algo intrínseco de cada uno (Nota de campo, talleres de alimentación autorregulada).

Asimismo, promovían una visión alternativa del rol de los padres y madres, ya no como responsables de que los bebés y niños coman, sino de ofrecerles una alimentación saludable, darles así la oportunidad de elegir cómo y cuándo comer: «Nuestra responsabilidad es ofrecerles la comida variada rica hecha en casa. No es nuestra responsabilidad que coman. No podemos intervenir en eso, si lo hacemos trae consecuencias negativas» (Nota de campo, talleres de alimentación autorregulada).

En resumen, la gestión de la alimentación complementaria en el enfoque de crianza respetuosa configura a los bebés como seres con una sabiduría instintiva producto de la posibilidad innata de registrar el hambre y la saciedad. La intervención de los adultos interfiere con este proceso y estropea sus habilidades innatas de alimentarse adecuadamente. Como mencioné anteriormente, esta visión que valoriza el accionar de los niños y niñas se hace extensible hacia otras esferas de la vida cotidiana en las que se refleja cómo la perspectiva de la crianza respetuosa favorece la confianza en la agencia de los niños y niñas en cuanto a su propio bienestar y sus capacidades de participación en las decisiones vitales que forman parte de su crianza.

ACTORES SOCIALES, INFANCIAS Y MODELOS FAMILIARES

«No tenemos modelos, muchas veces somos la primera generación que cría de esta manera», así me explica Paula, una de mis informantes, su sensación de estar a tientas con estas nuevas formas de crianza. Se trata de una experiencia común a la mayoría de las mujeres que conocí en esta investigación. Surge así una necesidad de informarse, formarse, aprender y cuestionarse a sí mismas. Los talleres de lactancia, de alimentación autorregulada y de porteo, así como los grupos de crianza que circulan desde esta visión de la maternidad tienen por objetivo acompañar a las familias en estos cambios de perspectiva acerca de la crianza.

Sin duda, es clave la búsqueda por aprender. Desde esta óptica, ser madre o padre supone no solo la introspección de los propios estados internos, sino la adquisición de habilidades emocionales, en virtud de ser el adulto que las niñas y niños necesiten. Como muchas veces se repite en las charlas, es necesario aprender las características de las etapas vitales del desarrollo en la infancia y cómo son las vivencias particulares según la edad, teniendo en cuenta el conocimiento singular de la personalidad y las necesidades de ese hijo en cuestión. A ello se suma la incorporación de estrategias de acompañamiento de los berrinches, de puesta de límites oportunos y amorosos, entre otros talleres y actividades de formación para madres y padres que cubren las temáticas centrales que atraviesan en este modelo de crianza.

La concepción de las niñeces como actores sociales en la esfera de la familia implica una ruptura con aquella visión del niño como proyecto de persona, presente en la sociología funcionalista, cuyo postulado básico implica que es a través de las instancias de socialización por parte de los adultos que los niños se convierten en personas (; Jenks, 1996; Prout, 2000). Tal como describí en estas páginas, la visión de una infancia en conexión con el instinto como fuente de sabiduría descoloca aquella mirada del niño como tabula rasa en tanto propone una niñez como una fuente auténtica de conocimiento. El hecho de validar el instinto como modo efectivo de conocimiento se corresponde también con un reconocimiento hacia el niño o niña en sus emociones y necesidades vinculares. Retomo el trabajo de González Coto (2012) para reflexionar acerca de este proceso de reconocimiento. La autora realiza un análisis crítico del tratamiento social a las infancias englobándolo bajo la categoría de «preciudadanía», en tanto legitiman la restricción de las capacidades de agencia infantil. Desde esta óptica, la crianza respetuosa podría considerarse como una forma de practicar ciudadanía en la escala familiar. A partir de ser validados y reconocidos como actores sociales, los niños y niñas viven un ejercicio real de participación, condición básica que los entrena para su futuro como ciudadanos.

Asimismo, el enfoque de la crianza respetuosa plantea insumos para transformar las representaciones opuestas del niño como un ser incompleto e irracional y el adulto como completo, racional y competente (Colangelo, 2011). En línea con el trabajo de Prout (2000), un clásico en la nueva sociología de la infancia, esta cosmovisión de la crianza configura una niñez más activa, competente y participativa. Es decir, una niñez connotada positivamente. Ello establece una enorme diferencia con las imágenes hegemónicas occidentales históricamente consolidadas, donde los niños son definidos por la negativa, carentes de capacidades reflexivas y colocados como objetos siempre del accionar de los otros, visión que los relega a un comportamiento pasivo (Szulc, 2006; Prout, 2000; Gaitan, 2006).

Estas nuevas representaciones de las infancias plantean a su vez nuevos retos, tanto para las familias, al deconstruir sus propios modos instituidos de trato hacia los niños, como también para la sociología, que intenta documentar estas prácticas y analizar sus dilemas, contradicciones internas y su lugar en un esquema social más general. Las continuidades y rupturas con los modelos de transformación familiar, ya estudiados por Isabella Cosse (2009, 2010), son una interrogante por abordar en futuros trabajos.

La crianza respetuosa, por un lado, profundiza el modelo de paternidad descrito por Cosse (2009), que comienza a circular a mediados de los cincuenta y tiene su auge en los setenta, que enfatiza la importancia de la relación afectiva y un moderado abandono de las prácticas disciplinares en el contexto de la crianza de las hijas e hijos. La escuela para padres de Eva Giberti que analiza Cosse puede compararse con los talleres de disciplina positiva y otros espacios de formación de crianza contemporáneos en el sentido de que habilita la noción de la importancia del aprendizaje en el rol «mapaterno». La diferencia no es solo la articulación con otros saberes (científicos, como la neurobiología del apego o la fisiología del parto; o espirituales y alternativos, como el reiki, la sanación y el lenguaje de las emociones), sino también el plus del crecimiento personal, es decir, la idea de la maternidad y paternidad como camino de autotransformación positiva.

A MODO DE CIERRE

En las páginas anteriores analicé los componentes de la crianza respetuosa poniendo el foco en cómo estos delinean una figura de la infancia capaz y activa en el contexto de la crianza. En este marco, emerge una mirada de las niñas y los niños como seres con capacidad de agencia, percibidos por sus padres y madres como personas con derecho propio que pueden participar de las decisiones de crianza y organización familiar. El caso de la alimentación complementaria mostró cómo se percibe la agencia aún en etapas primarias del desarrollo humano. La concepción de cómo y cuándo comer, delineada a partir del seguimiento de las necesidades de los bebés y el respeto por sus elecciones, es un ejemplo de ello. Las interacciones familiares bajo este modelo se convierten en desafíos en tanto generan nuevas percepciones de los límites, las necesidades de las infancias, las formas de tratar a los hijos, entre otras nuevas problemáticas que ameritan futuras indagaciones. Las formas de comprender a las niñas y niños que aparecen en este modelo no pueden desligarse de un análisis de clase y género para entender su sentido y alcance cultural, base fértil también para nuevos análisis.

Finalmente, en este artículo mostré cómo se vehiculizan nuevas sensibilidades en torno a los niños y niñas en el espacio familiar. Colocar la crianza bajo la lupa ilumina los cambios significativos en los patrones y experiencias contemporáneas de maternar, paternar y criar. Es necesario visibilizar estas mutaciones en una apuesta a una vida familiar donde las niñas y niños sean percibidos como personas cuya dignidad sea respetada.

REFERENCIAS

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1La llamada «crianza tradicional» refiere a las prácticas parentales guiadas por el principio de autoridad y obediencia que no contemplan la participación de las niñeces en la vida familiar. En el trabajo de campo se utiliza esta clasificación para hacer referencia al estilo hegemónico de crianza que se expresa en diversas cuestiones concretas, tales como el trato y comunicación hacia los niños mediado por gritos y castigos, amenazas, falta de conexión emocional producto de una deficiente comunicación, imposición de normas en lugar de construcción grupal de acuerdos de convivencia, falta de límites claros que ordenen las interacciones cotidianas, apresuramiento de los tiempos personales de cada niño en conquistar los hitos evolutivos tales como control de esfínteres, caminar, tiempos de lactancia, entre otros aspectos frecuentemente señalados.

2La referencia a ≪firme y amable≫ es una máxima de la perspectiva de crianza llamada disciplina positiva, creada por Jane Nelsen (2001), en sintonía con la crianza respetuosa, cuyo eje son las herramientas prácticas para concretar el respeto en las vicisitudes cotidianas.

3El término «mapadres» es frecuente en los seguidores de este enfoque, como forma de referirse a los padres y madres al mismo tiempo, lo cual supone no solo un detalle lingüístico, sino que es una forma de graficar la importancia de la participación, compromiso y presencia de los hombres en lo que atañe a la crianza.

4 Estas ideas se basan en el movimiento libre, método de acompañamiento del desarrollo motriz infantil que tiene su origen en los postulados de Emile Pikler (2021 [1969]).

Recibido: 15 de Diciembre de 2022; Aprobado: 19 de Octubre de 2023

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