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Revista de Psicología (PUCP)

versión On-line ISSN 0254-9247

Revista de Psicología vol.40 no.2 Lima jul./dic. 2022  Epub 04-Jul-2022

http://dx.doi.org/10.18800/psico.202202.004 

Artículos

Uso de redes virtuales en adolescentes de contextos vulnerables: comportamiento agresivo y estrategias de afrontamiento1

Use of social networks by adolescents in contexts of vulnerability: aggressive behaviour and coping strategies

Uso de redes virtuais em adolescentes de contextos vulneráveis: comportamento agressivo e estratégias de enfrentamento

L’usage des réseaux virtuels chez les adolescents des contextes vulnérables: comportement agressif et stratégies d’adaptation

Ana Betina Lacunza1  2 
http://orcid.org/0000-0003-2243-1859

Evangelina Norma Contini de González1  * 
http://orcid.org/0000-0001-9542-9915

Sergio Marcelo Mejai1  ** 
http://orcid.org/0000-0001-5399-2515

Silvina Valeria Caballero1  *** 
http://orcid.org/0000-0001-6207-1531

Gabriel Lucero1  **** 
http://orcid.org/0000-0002-3245-9487

1Universidad Nacional de Tucumán - Argentina

2Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CONICET - Argentina, betinalacu@hotmail.com

Resumen

Las tecnologías digitales han generado en los adolescentes nuevos modos de comunicación, tanto saludables como disfuncionales. El objetivo del estudio fue identificar usos frecuentes de las redes virtuales y estrategias de afrontamiento frente a usos agresivos. Participaron 243 estudiantes de contexto vulnerable de S. M. Tucumán (Argentina). Más del 70% informó usos saludables, 14% se reconoció con comportamientos de ciberagresión y 23% como cibervíctimas. Un análisis de Anova y Bonferroni mostró que este grupo refería el uso de estrategias de estilo improductivo como Autoinculparse, Hacerse ilusiones, Falta de afrontamiento, Reservarlo para sí, Preocuparse y Reducción de la tensión. Los datos confirman mayor vulnerabilidad psicológica de los adolescentes víctimas de ciberagresión para responder a situaciones de estrés.

Palabras clave: cibervíctimas; ciberagresores; afrontamiento; adolescentes; vulnerabilidad

Abstract

Digital technologies have produced new ways of communication among adolescents, which can be both healthy and dysfunctional. The purpose of this study was to identify frequent uses of social networks and coping strategies for aggressive practice. The participants were 243 students in situation of vulnerability from S. M. de Tucumán (Argentina). More than 70% informed healthy uses, 14% recognised themselves as having cyber aggressive behaviour and 23% as being cyber victims. An analysis by Anova and Bonferroni showed that this group indicated the use of nonproductive strategies such as Self-blaming, Wishful Thinking, Not coping, Keeping to self, Worrying and Tension Reduction. Data confirm a higher psychological vulnerability of adolescents who are victims of cyber aggression to face stressful situations.

Keywords: Cyber victims; cyber aggressors; coping; adolescents; vulnerability

Resumo

As tecnologias digitais têm gerado novos modos de comunicação em adolescentes, saudáveis e disfuncionais. O objetivo do estudo foi identificar usos frequentes de redes virtuais e estratégias de enfrentamento contra usos agressivos. Participaram 243 estudantes de contexto vulnerável da S. M. Tucumán (Argentina). Mais de 70% relataram usos saudáveis, 14% reconheceram comportamentos de ciberagressão e 23% como cibervítimas. Uma análise de Anova e Bonferroni mostrou que este grupo referia maior uso de estratégias de estilo improdutivo, como Auto culpar-se, Criar ilusões, Falta de afrontamento, Guardar para si, Preocupar-se, Redução da tensão. Os dados confirmam o aumento da vulnerabilidade psicológica das vítimas de agressão cibernética adolescente para responder a situações estressantes.

Palavras-chave: cibervítimas; ciberagressores; enfrentamento; adolescentes; vulnerabilidade

Résumé

Les technologies numériques ont généré chez les adolescents nouvelles facons de communicatión, a la fois sain et aussi dysfonctionnel. Le propos de cette étude, a été identifier usages fréquent des réseaux virtuels et stratégies d’adaptation face à usages agressives. Ils ont participé 243 étudiants de contexte vulnérable de S.M. de Tucumán (Argentine). Plus de 70% sont signalée usages de bonne santé. 14% se sont reconnu avec comportements de cyberagression et 23% comme cybervictimes. Les tests statistiques de Anova et Bonferroni sont pointée que ce groupe avaient mentionné l’usage d’stratégies improductives de Autoinculpation, Se faire des fantaisies, Manque d’adaptation, Réserver pour soi, S’inquiéter, Réduction de tensión. Les données confirment vulnérabilité psychologique accrue chez les adolescents victimes de cyberagression pour répondre aux situations stressantes.

Mots clés: cybervictimes; cyberdélinquants; adaptation; adolescents; vulnérabilité

Existe consenso hoy entre investigadores y clínicos del campo de la Psiquiatría y la Psicología que la adolescencia es una fase del ciclo vital en la cual se producen retos y desafíos con relación a la asunción de nuevos roles; que existen obstáculos e incertidumbre respecto a temas centrales tales como el logro de un proyecto individual, la identidad personal y sexual o el ingreso al mundo del trabajo. Sin embargo, no es menos cierto que hoy, desde las ciencias sociales, se ha planteado que estos desafíos y obstáculos no son privativos de los jóvenes, sino que en el marco de la posmodernidad resultan transgeneracionales (Feixa, 2008)

Ello no quita el interés que se ha puesto desde hace varias décadas en estudiar cómo los adolescentes asumen tales desafíos, quizá por ser la primera vez que les ocurre al abandonar la infancia. En tal sentido, Frydenberg y Lewis (1996) enfatizan que cada uno de estos temas requiere capacidad de afrontamiento. Aluden de este modo a las estrategias de carácter conductual y cognitivo que necesitan emplear para lograr un ajuste saludable al entorno y una transición armónica a la vida adulta. Se está haciendo referencia al afrontamiento del estrés, considerado este como un componente normal de la vida (Lazarus, 1980). Como expresan Buendía Vidal y Mira Engo (1993) no se debe considerar como estresores a cualquier demanda, sino a aquellas, que por su particular intensidad, novedad e indeseabilidad, exigen al sujeto una respuesta esforzada.

Dentro de este modelo transaccional, el estrés sería producto de la discrepancia entre la percepción que el sujeto tiene de las demandas y los recursos con que cuenta para afrontar dichas demandas. Ante los hechos de la vida, cuenta como fundamental la valoración que el sujeto realiza de la situación, si la vivencia como amenazante y relacionada con la percepción negativa de los propios recursos para resolver dichas demandas. Cohen y Lazarus (1979) definen al estrés como “los esfuerzos, tanto intrapsíquicos como orientados hacia la acción, para manejar (es decir dominar, tolerar, reducir o disminuir) las demandas ambientales e internas y los conflictos entre ambas, que son valoradas como excesivas para los recursos de las personas” (p. 219).

Así también desde la Psicología hubo y aún persiste mucho interés en investigar los factores de personalidad que influirían en la vulnerabilidad del sujeto y también el modo en que este maneja el estrés (Lazarus, 2000). Otro objetivo de investigación fue conocer los mecanismos productores del estrés, a fin de que, conociéndolos fuera posible intervenir sobre ellos para reducir la angustia, la disfunción y las enfermedades tanto físicas como psíquicas. Los primeros estudios se hicieron con motivo de las desdichadas guerras mundiales y luego con la guerra de Vietnam; pero posteriormente se comprobó que el estrés era un problema presente también en épocas de paz. Ello condujo a minuciosos estudios en los años sesenta y setenta del siglo XX, analizándose el fenómeno en variados ambientes, como el del trabajo, la escuela, el hogar. En suma, en todos los ámbitos donde el sujeto establece relaciones próximas con otros (Lazarus, 2000).

Lazarus (2000) diferenció en sus investigaciones tres tipos de estrés psicológico: el daño/pérdida, esto es el perjuicio o pérdida que ya se ha producido; la amenaza, que alude a un daño/pérdida que aún no se ha producido, pero que es factible que ocurra en un futuro próximo y el desafío, al cual define como la concepción que el sujeto tiene de que, aunque existen dificultades que se interponen para la obtención de un logro, pueden ser superadas con persistencia y confianza en sí mismo.

Por otra parte, los mecanismos de afrontamiento del estrés cumplirían dos funciones esenciales (Buendía Vidal y Mira Engo, 1993): a) modificar la situación estresante, para lo cual se utilizarían estrategias de resolución de problemas, que se trataría de cambiar las circunstancias problemáticas o bien poner en marcha nuevos recursos que contrarresten los efectos negativos de las condiciones ambientales. Y b) regular los estados emocionales que generan la situación estresante, que se conoce como estrategia de afrontamiento centrado en las emociones. Un ejemplo de ello sería evitar la situación estresante reevaluando ­cognitivamente el suceso o atendiendo selectivamente a los aspectos positivos del sí mismo o del entorno.

Redes sociales. Su incidencia en la subjetividad adolescente

El advenimiento vertiginoso de la Internet generó nuevos modos de circulación de la información y de la comunicación con el consiguiente impacto en la subjetividad. Se habla así, de un cambio de la generación arroba (@) a la generación hashtag (#). La generación # nace después de 1985 y llega a su plenitud en 2010. El marco cronológico, tal como expresa Feixa et al. (2016) se sitúa en los últimos 15 años. Esta era hiperdigital afirman estos autores, se caracteriza por la consolidación de la web 2.0, la emergencia de redes y medios sociales, el uso de la multipantalla y el énfasis en la multitarea por parte de los adolescentes. La web 2.0 hace posible la conversión del sujeto de consumidor en prosumidor. Ello implica que el joven es a la vez consumidor y productor de contenidos. Este nuevo rol, combinado con variadas herramientas en línea, expresa Feixa (2008), viene impulsando el trabajo colaborativo en red, que se valora como positivo. La generación # está acostumbrada a recibir información a mucha velocidad y a procesar distintas tareas en forma paralela; prefieren interpretar gráficos que textos y actúan mejor interconectados. Cada adolescente trabaja en forma individual, pero colaborativamente, produciendo de ese modo, un conocimiento compartido.

El uso de redes -como Facebook- implica un hecho social, puesto que la mayoría de los pares frecuenta este ubicuo “lugar / no lugar” (Urresti et al., 2015, p.59) y conduce a cada usuario a formar parte de las redes sociales por deseo o bien obligado para no sentirse excluido. Los espacios tradicionales de descanso que se utilizaban para dialogar con amigos, escuchar música, ver TV o una película, hoy se llevan a cabo en gran parte con dispositivos electrónicos. Por ende, puede afirmarse que la vida social en la actualidad tiene lugar frente a una pantalla (Urresti et al., 2015). Estos autores argumentan que internet ha generado un ámbito de comunicación interpersonal con conocidos y también con desconocidos, ha permitido usuarios ­anónimos que exponen su privacidad en forma pública y pareciera que muchos adolescentes hacen de esas prácticas una marca de identidad. Así como se emplea para socializar, también se detectan expresiones violentas, sexistas o racistas.

El acceso a la sociedad del conocimiento se basa en la tendencia a universalizar la conectividad y la conectividad móvil, lo cual implica la deslocalización de las conexiones. La tecnología móvil hace posible que el joven esté conectado en cualquier lugar, constantemente y de forma ubicua (Feixa et al., 2016; Urresti, 2015). Además, le ha otorgado flexibilidad a las conexiones personales y le ha permitido crear vínculos sin necesidad de contacto físico inmediato. Por otro lado, supone la construcción de una cultura translocalista y transcultural, pero que al mismo tiempo hace posible la configuración de grupos locales de acuerdo con afinidades, que también tienen un espacio en la red. Igualmente, la noción del tiempo se ha modificado, haciéndose más volátil, menos duradero. Así, desde el campo de la antropología se alude a una concepción del tiempo como viral. La información en las redes no circula en forma secuencial, sino viral, entendiéndose por tal, a la multiplicación exponencial y veloz, como ocurre con los virus.

Como plantea Urresti (2015), las diversas posibilidades de interacción a distancia de las personas, pero cada vez más también de máquinas que se conectan y hacen posible la circulación de variadísima información, va llevando a configurar una sociedad en la cual la comunicación digital resulta estratégica para su funcionamiento. En tal sentido, cobran mucha importancia las competencias que exigen el uso de estas tecnologías digitales; se observa que, en el momento actual no todos los adolescentes tienen acceso las mismas. Esta desigualdad, que se conoce como brecha digital, puede dar lugar a nuevos procesos de exclusión y debiera estar presente en las agendas políticas.

Por último, cabe dejar planteado que no existe consenso acerca del poder de las TIC en la subjetividad, en el sentido de un efecto saludable o disfuncional. McLuhan (1964) es enfático al afirmar que los efectos de la tecnología no se dan en el nivel de las opiniones o conceptos, sin que alteren los patrones de percepción sin resistencias por parte del sujeto. Considera que no es posible pensar - como han sostenido otros pioneros de la comunicación - que los productos de la ciencia no sean buenos ni malos y que es el modo en que se emplean lo que determinan su valor. Este es un debate en curso.

Afrontamiento del estrés en adolescentes

Como se enunció precedentemente el Modelo Transaccional entiende la capacidad de afrontamiento del estrés como una evaluación subjetiva sobre la existencia de un potencial estresor y la inexistencia de habilidades o recursos para afrontarlo (Trianes et al., 2009, Encina Agurto y Ávila Muñoz, 2015). Desde este y otros modelos cognitivos se considera que la situación en sí misma no provoca una reacción emocional, sino que la emoción asociada es fruto de la interpretación que la persona hace del evento externo (Berra Ruiz et al., 2014). Las estrategias de afrontamiento permiten regular o canalizar las emociones e influir en las respuestas más o menos adaptativas que el adolescente pone en juego frente a eventos externos (Botero, 2012) permitiendo un control de la situación que oscilará entre un dominio total o parcial de las emociones suscitadas por el evento. Todo este proceso cognitivo-afectivo puede o no ser positivo dado que conlleva un nivel de fatiga que puede generar iguales consecuencias que el estresor, agotando la capacidad psíquica y recursos de la persona (Mestre et al., 2012).

La capacidad de resolver problemas brinda una visión realista de las dificultades, potencia el desarrollo de un pensamiento crítico, permite hacer frente a las actuaciones impulsivas y a la presión social y proporciona habilidades para la toma de decisiones adecuadas (Echeburúa Odriozola, 2012). Por ello, es de suma importancia indagar los tipos de estrategias de afrontamiento empleadas por los adolescentes. El control de las emociones y el afrontamiento exitoso del estés serian un antídoto frente a comportamientos impulsivos, descontrolados e incluso el sufrimiento.

Desde el Modelo Transaccional de Frydenberg y Lewis (1996) se han identificado 18 estrategias de afrontamiento que los adolescentes utilizan para encarar diversas situaciones de la vida diaria. Estas estrategias son: buscar apoyo social, concentrarse en resolver el problema, esforzarse y tener éxito, preocuparse, invertir en amigos íntimos, buscar pertenencia, hacerse ilusiones, falta de afrontamiento, reducción de la tensión, acción social, ignorar el problema, autoinculparse, reservarlo para sí, buscar apoyo espiritual, fijarse en la positivo, buscar ayuda profesional, buscar diversiones relajantes y distracción física. Estas se desarrollan a lo largo de la niñez y de la adolescencia y se modifican de acuerdo a los resultados obtenidos con su empleo (Veloso et al., 2010).

Diversas investigaciones han profundizado el estudio de las mismas desde distintos modelos y en relación con distintas situaciones tales como variables demográficas, cuadros psicopatológicos, enfermedades y rendimiento académico. Lo más novedoso se vincula al uso de determinadas estrategias de afrontamiento en los nuevos modos virtuales de comunicación.

Al investigar la asociación entre estrategias de afrontamiento y sexo se han encontrado resultados similares en varones y mujeres. En un estudio con adolescentes mexicanos escolarizados de 14 a 17 años se identificó que esforzarse y tener éxito, buscar diversiones relajantes y preocuparse eran las más utilizadas (Morales Salinas y Moysen Chimal, 2015). A su vez, se hallaron diferencias significativas en 12 de las 18 estrategias, propuestas por Frydenberg y Lewis (1996), en los participantes según sexo. Las mujeres utilizaban con mayor frecuencia: buscar apoyo social, esforzarse y tener éxito, preocuparse, buscar pertenencia, hacerse ilusiones, reducción de la tensión, autoinculparse, buscar apoyo espiritual y fijarse en lo positivo; en cambio los varones presentaban una media más alta en ignorar el problema, buscar diversiones relajantes y distracción física. En un estudio realizado por Martin Seoane et al. (2011) con adolescentes españoles escolarizados de 14 a 18 años se identificó que los varones utilizaban con mayor frecuencia ignorar el problema, reservarlo para sí y distracción física; mientras que las mujeres destacaban en apoyo social, concentrarse en resolver el problema, preocuparse, invertir en amigos íntimos, buscar pertenencia, hacerse ilusiones, falta de afrontamiento, reducción de la tensión y autoinculparse. Por su parte, Segura Márquez (2018) encontró en adolescentes de Lima Metropolitana de 14 a 20 años, que las mujeres utilizaban la estrategia reservarlo para sí mientras que los varones mostraron un repertorio más amplio en el cual se destacó buscar apoyo social, apoyo espiritual, apoyo profesional y reducción de la tensión. Estos hallazgos ponen de manifiesto la universalidad de la capacidad de afrontamiento como recurso salugénico de las personas, al tiempo que muestra las particularidades de los participantes según sexo y residencia. Por otra parte, un estudio con adolescentes chilenos identificó que las mujeres percibían mayor nivel de estrés tanto a nivel general como relacional y académico que los varones (Encina Agurto y Ávila Muñoz, 2015).

Dado que el uso de redes sociales e internet ha impactado en los modos de vinculación a nivel planetario, interesa indagar los tipos de estrategias de afrontamiento que se asocian a sus usos. Principalmente a aquellos usos que suponen vínculos no saludables entre los que se destaca ser agredido o agredir a otros. Algunos hallazgos en países latinoamericanos muestran que los adolescentes que son objeto de agresiones vía internet ejecutan estrategias de afrontamiento desadaptativas (Mogollón, Rodríguez y Vidal, 2019) tales como hacerse ilusiones, autoinculparse, reservarlo para sí, reducción de la tensión y falta de afrontamiento; en el polo opuesto estaría buscar ayuda profesional como una forma de resolver la situación (Pinos y Rodas, 2017). Por otro lado, se han identificado estrategias dirigidas a solucionar el problema (esforzarse y tener éxito), así como aquellas centradas en reducir la emoción (buscar apoyo social) en adolescentes de Colombia (Cedeño, 2015). De igual modo en Perú destacan las estrategias dirigidas a la acción y emoción (Hurtado Manrique y Puma Mamani, 2013). Otros estudios han mostrado que los individuos que utilizan el afrontamiento enfocado en el problema para resolver el acoso cibernético tienen resultados más positivos y adaptativos con respecto a quienes usan estrategias centradas en la emoción o estrategias de evitación (Alipan, Skues y Theiler, 2018).

Si bien los usos de internet entre los adolescentes son variados, existe evidencia empírica que las agresiones a través de las tecnologías van en aumento. A pesar de ello, son escasos aún los trabajos que ­analicen conjuntamente las relaciones entre acoso cibernético y variables de ajuste psicológico (Cava et al., 2010), por lo que resulta relevante investigarlas con población local. En un estudio realizado con adolescentes españoles se identificó que las cibervíctimas vivenciaban mayor ansiedad social, soledad y depresión. Al mismo tiempo, quienes presentaban mayor tendencia hacia la cibervictimización informaron menor autoconcepto y satisfacción vital. La ciberagresión por su parte, correlacionó negativamente con comprensión y regulación emocional (Cañas et al., 2019).

En Argentina son escasas las investigaciones dirigidas a indagar cómo encara el adolescente situaciones de agresividad en la internet, por lo cual se considera prioritario profundizar los estudios que brinden un conocimiento fundado empíricamente acerca de las estrategias de afrontamiento del ciberacoso. En Tucumán (Argentina) se han estudiado las estrategias utilizadas por adolescentes de distintos contextos socioeconómicos y su relación con el bienestar psicológico (Contini de González, 2006). Se encontró que preocuparse, concentrarse en resolver el problema, buscar pertenencia, fijarse en lo positivo, esforzarse y tener éxito y buscar apoyo social se presentaban relacionadas con un alto bienestar psicológico. Sugieren así, una orientación activa hacia la resolución de la situación problemática con recursos propios o bien con relación a otros. En el polo opuesto, reservarlo para sí, falta de afrontamiento, ignorar el problema y reducción de la tensión se asocian con un bajo nivel de bienestar psicológico y son mecanismos improductivos al buscar la solución de un problema. Se hace necesario actualizar el caudal de conocimiento preexistente, así como profundizar la relación con un campo emergente como es el uso de redes. Esto contribuirá al diseño de intervenciones que fortalezcan la capacidad de los adolescentes para manejar sus vínculos virtuales, más aún si los mismos presentan la modalidad agresiva de tipo víctima / victimario.

Los objetivos del presente estudio fueron: a) identificar usos frecuentes en internet vinculados a comportamientos agresivos que informan adolescentes de Tucumán pertenecientes a contextos de vulnerabilidad y b) comparar las estrategias de afrontamiento que utilizan los adolescentes autopercibidos como cibervíctimas y ciberagresores.

Método

Participantes

La institución escolar donde se realizó la investigación es de carácter público. Está ubicada en una zona urbana de San Miguel de Tucumán (Argentina), donde se han situado progresivamente barrios y asentamientos muy precarios. Los alumnos provienen de estas urbanizaciones. La muestra fue seleccionada de manera no probabilística intencional (institución) y accidental (alumnos) incluyendo a 243 adolescentes. Las edades de los adolescentes fueron de 12 a 18 años (edad promedio 14.6 años) y el 55% eran mujeres. Se trata de adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad dando cuenta de características propias de un Nivel Socioeconómico (NSE) Bajo. El nivel educativo materno presentaba un 32% con primaria completa como máximo, 40% hasta secundaria completa, 2% inició estudios de nivel terciario o universitario. Uno de cada cuatro encuestados no informó sobre este dato (ver Tabla 1). Las condiciones ocupacionales de padres o tutores y de vivienda fueron proporcionadas por la directora de la escuela, quien se consideró un informante clave. La ocupación predominante de dichos referentes era un trabajo inestable, o recibían ayuda del Estado, trabajaban por cuenta propia sin estar calificados para la ocupación, o eran empleadas domésticas; así también, algunos de ellos empleados de baja calificación con remuneración fija o jubilados. En cuanto a la configuración familiar, los adolescentes convivían en su mayoría con ambos padres, y otros pertenecían a hogares monoparentales. Con relación a la vivienda, se informó un elevado porcentaje de hacinamiento y de condiciones de precariedad.

Tabla 1 Nivel educativo materno de adolescentes (n=243) escolarizados en zona urbana vulnerable de Tucumán. Argentina 

Instrumentos

Escala de Afrontamiento para Adolescentes (ACS) (Frydenberg y Lewis, 1996). Inventario de autoinforme destinado a adolescentes de 12 a 18 años. Está compuesto de 80 elementos, 79 de tipo cerrado y uno final abierto. Los ítems están agrupados en 18 factores diferentes, cada uno de los cuales se compone de entre 3 y 5 elementos y reflejan 18 estrategias de afrontamiento. Cada uno de los 79 elementos cerrados describe una conducta de afrontamiento específica y se puntúa mediante una escala de tipo Likert de cinco puntos: “No me ocurre nunca o no lo hago”, “Me ocurre o lo hago raras veces”, “Me ocurre o lo hago algunas veces”, “Me ocurre o lo hago a menudo” y “Me ocurre o lo hago con mucha frecuencia”.

Encuesta sobre uso de Internet, redes sociales y comportamiento cibernético. Elaborada ad hoc donde además de indagar acerca de la frecuencia, duración y tipos de dispositivos empleados en sus conexiones a internet y las actividades más elegidas para realizar en el ciberespacio, explora sobre experiencias relacionadas con agresiones virtuales, ya sea como víctimas o como agresores.

Procedimiento

Se trató de un estudio descriptivo y comparativo, mediante la utilización de un diseño no experimental transversal (Hernández Sampieri et al., 2010). Los adolescentes participaron de modo voluntario, previo consentimiento informado de sus padres y su propio asentimiento. La recolección de datos se realizó en la escuela mediante una administración grupal. Este trabajo informa los resultados de una primera etapa de la investigación con la población participante. Tanto el consentimiento como asentimiento informado explicitaron el carácter voluntario y anónimo de la participación, la confidencialidad de los datos y la posibilidad de abandonar la investigación en cualquier momento, sin ningún perjuicio asociado, tal como establece la ley 25326 (Protección de Datos Personales). El proyecto fue aprobado por el Comité de Ética de la Secretaría de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica (UNT). Asimismo, la investigación respetó los lineamientos éticos para la investigación con seres humanos recomendados por la Asociación Psicológica Americana (APA, 2010).

Los datos fueron analizados con el paquete estadístico IBM SPSS Statistics 23.0. Se realizaron análisis descriptivos para los datos de la encuesta sobre uso de internet y redes sociales. Para este trabajo solo se consideraron los indicadores de edad, sexo, nivel de educación materna y experiencias desagradables y/o agresivas en internet y redes sociales. Se conformaron grupos de contraste para realizar comparaciones de grupos independientes. Para comparar categorías de no cibervíctimas, cibervíctimas moderados y cibervíctimas severos, se realizaron análisis de Anova de un factor. Idéntico procedimiento se concretó para los ciberagresores. Se realizaron correcciones de Bonferroni para analizar las diferencias estadísticas encontradas. Para categorizar el nivel de los participantes como cibervíctimas, se consideró no cibervíctima a quienes afirmaron no haber experimentado ninguna experiencia negativa en Internet y redes sociales durante el último año. Las cibervíctimas moderadas fueron quienes experimentaron una y dos situaciones desagradables (acoso, exclusión, etc.) y las cibervíctimas severas las que sufrieron tres o más de estas acciones durante el último año. Para los ciberagresores se tomó un criterio similar, considerándose las acciones voluntarias dirigidas a ocasionar daño a otros, de manera directa o indirecta. Los indicadores tenidos en cuenta se detallan en la Tabla 2. Estas situaciones fueron codificadas según las opciones de respuesta, organizadas en formato Lickert (“Nunca”, “1 o 2 veces”, “Varias veces”, “Todo el tiempo”). Los considerados no ciberagresores eran quienes negaron haber participado de alguna de las situaciones consignadas. Los ciberagresores moderados afirmaron haber realizado entre una y tres agresiones, y los ciberagresores severos los que accionaron hostilmente en cuatro o más situaciones. Todos los análisis consideraron niveles de significación al .05.

Resultados

El primer objetivo de este estudio fue identificar los usos frecuentes en Internet vinculados a comportamientos agresivos que informan adolescentes de Tucumán pertenecientes a contextos de vulnerabilidad. Respecto a los motivos del uso de Internet, la opción elegida de manera predominante refería a ver videos (79% de los encuestados). Siguieron actividades como escuchar música (76%), comunicarse con amigos (74%), buscar cosas (66%), hacer tareas escolares (65%) y jugar en red (46%). En proporciones próximas al 40% ver series de TV y películas on line. Por debajo del 30% mencionaron actividades como mirar noticias o leer libros electrónicos. El 90% de la muestra negó haber amenazado o subido videos, fotos o información privada de otros en internet o redes sociales. Un 10% realizó estas acciones al menos una vez. El ignorar a otros, en cambio, fue una práctica más común entre estos adolescentes: el 70% reconoció hacerlo (varias veces o constante en el último año) (ver Tabla 2).

El segundo objetivo apuntó a comparar las estrategias de afrontamiento utilizadas por los adolescentes autopercibidos como cibervíctimas y ciberagresores. Se encontró que el 23% de los participantes se describía como cibervíctimas severas. El análisis al interior del grupo de cibervíctimas mostró que el uso de estrategias de afrontamiento difería estadísticamente entre los participantes con y sin experiencias de agresión a través de Internet. Específicamente se observó en el uso de las siguientes estrategias de afrontamiento: Hi (F (2, 228) = 4.44, p= .013), Na (F (2, 228) = 7.82, p = .001), Rt (F (2, 228) = 5.497 p= .005), Cu (F (2, 228) = 8.6754, p = .000) y Re (F (2, 228) = 4.481, p = .012) (ver Tabla 3). Posteriormente se realizaron análisis post hoc de Bonferroni a fin de determinar qué grupo refería tales diferencias. Se encontró que el grupo de adolescentes cibervíctimas referían el empleo de estas estrategias de estilo improductivo de modo más frecuente en comparación con sus pares no víctimas (Ver Tabla 4).

Tabla 2 Distribución porcentual de la frecuencia semanal (último año) de comportamientos adolescentes como víctimas y agresores mediante el uso de internet y redes sociales 

Tabla 3 Estrategias de afrontamiento según niveles de cibervíctimas. Anova de un factor, muestra completa 

Nota. As = Buscar apoyo social. Rp = Concentrarse en resolver el problema. Es = Esforzarse y tener éxito. Pr = Preocuparse. Ai = Invertir en amigos íntimos. Pe = Buscar pertenencia. Hi = Hacerse ilusiones. Na = Falta de afrontamiento. Rt = Reducción de la tensión. So = Acción social. Ip = Ignorar el problema. Cu = Autoinculparse. Re = Reservarlo para sí. Ae = Buscar apoyo espiritual. Po = Fijarse en lo positivo. Ap = Buscar ayuda profesional. Dr = Buscar diversiones relajantes. Fi = Distracción física. p < .05

Tabla 4 Corrección de Bonferroni. Comparación de niveles de cibervíctimas según estrategias de afrontamiento 

Idéntico procedimiento se realizó con los adolescentes identificados como ciberagresores. El 14% de los participantes se percibía como ciberagresores severos, es decir, con comportamientos de hostigamiento, exclusión a pares, entre otros, durante el último año. Un análisis de varianza mostró que los adolescentes sin experiencias en ciberacoso referían mayor empleo de la estrategia de afrontamiento Esforzarse y tener éxito comparados con sus pares con comportamientos agresivos en Internet (F (2, 226) = 3.253, p = .040). Un análisis post hoc mostró que dicha diferencia estadística se centraba entre los adolescentes no agresores respecto a aquellos ciberagresores severos (I-J = 2.98, p = .035) (ver Tabla 5).

Tabla 5 Estrategias de afrontamiento según niveles de ciberagresores. Anova de un factor, muestra completa 

Nota. As = Buscar apoyo social. Rp = Concentrarse en resolver el problema. Es = Esforzarse y tener éxito. Pr = Preocuparse. Ai = Invertir en amigos íntimos. Pe: Buscar pertenencia. Hi = Hacerse ilusiones. Na = Falta de afrontamiento. Rt = Reducción de la tensión. So = Acción social. Ip = Ignorar el problema. Cu = Autoinculparse. Re = Reservarlo para sí. Ae = Buscar apoyo espiritual. Po = Fijarse en lo positivo. Ap = Buscar ayuda profesional. Dr = Buscar diversiones relajantes. Fi = Distracción física. p < .05

Discusión

Uno de los objetivos de esta investigación fue identificar los usos frecuentes de Internet vinculados a comportamientos agresivos en adolescentes de Tucumán que viven en contextos de vulnerabilidad. De los resultados de la encuesta se destaca que la mayoría de los adolescentes con quienes se investigó informan usos de Internet que se pueden calificar como saludables. Así, emplean Internet en actividades de recreación como ver videos (79%), escuchar música (76%) o como apoyo a la tarea escolar (65%); ver series en TV y películas on line (40%). Se valora como particularmente relevante la posibilidad de comunicarse con amigos (74%) y jugar en red (48%). En cambio, es menos frecuente el interés por tomar contacto con noticias o leer libros on line (30%).

Tal como expresan investigadores del campo de la Antropología y la Sociología, el descanso y las actividades de recreación emplean hoy, en gran parte, dispositivos virtuales. En tal sentido Urresti et al. (2016) afirman que la vida social en la actualidad ocurre frente a una pantalla en particular, en los adolescentes de la denominada generación hashtag. El desarrollo vertiginoso de la Internet generó nuevos modos de circulación de la información y de la comunicación. Mucho se ha hablado del impacto que esta tecnología tiene en la subjetividad, pero lo cierto es que, debido a la velocidad de los procesos ocurridos, falta aún profundizar los estudios que permitan identificar con mayor claridad el efecto que están teniendo en la organización psicológica del sujeto. Como plantean con acierto Urresti et al. (2015), el uso de redes constituye un hecho social, tal como comunicarse con amigos -en el sentido de que el adolescente cuente con una red de apoyo social- o jugar en red. De este modo los investigadores hacen referencia a ese ubicuo lugar /no lugar que invita a ser partícipes, o prosumidores (Feixa et al., 2016). Una de las sustanciales diferencias con la comunicación clásica, cara a cara es la universalización de la conectividad y el uso de la conectividad móvil. Ello hace posible que el joven esté conectado en cualquier lugar, constantemente y en forma ubicua (Feixa et al., 2016; Urresti, 2014).

Como contrapartida a este uso saludable de las TIC, se encontraron comportamientos disfuncionales-, se consultó sobre lo ocurrido en el último año -de carácter agresivo que se los categorizó como cibervíctima y ciberagresor, analizándose a su vez, la frecuencia con tales comportamientos. Así, el 10% utilizó las redes -con la frecuencia de una vez- con una finalidad que produce daño al destinatario. Se refiere a hacer público videos, fotografías o información privada de un par en Internet o en alguna red social sin consentimiento del compañero o amigo. En este proceder está implicado un comportamiento agresivo del adolescente, que al actuar no reconoce al otro con quien se vincula por medio de las redes como un sujeto a quien se deber respetar y que tiene derechos; derecho a la privacidad y a la libertad de cómo manejar datos personales. Así también se encontró que los adolescentes de la muestra con mucha frecuencia presentaban el comportamiento de ignorar a otros (70%). Ignorar a otros, en el sentido de anular al interlocutor que comunica un mensaje, desde el campo de la Psicopatología implica una posición agresivo-pasiva. En función del medio virtual novedoso empleado, puede también ser una manera de afrontar la agresión eludiendo el conflicto. Lo cierto es que abre una línea de investigación que conecte las nuevas opciones de respuesta que permite la comunicación virtual con la psicopatología del desarrollo

Las dos tendencias de uso -saludable y disfuncional- de redes virtuales precedentemente analizadas expresan la falta de consenso acerca del poder de las TIC en la subjetividad, es decir si se las puede considerar neutrales o si son capaces incidir en los patrones de percepción del adolescente, sin que adquiera clara noción de los alcances de su comportamiento en línea

Otro de los objetivos de esta investigación fue comparar las estrategias de afrontamiento que utilizaban los adolescentes categorizados como cibervíctimas y ciberagresores. El análisis se centró en la intensidad de los comportamientos descriptos, es decir, los que negaron participación en este tipo de comportamientos, los frecuentes (moderados) y muy frecuentes (severos). El 23% se autopercibían como cibervíctimas severas mientras que el 14% se describía como ciberagresor en igual intensidad. Llama la atención el porcentaje de adolescentes participantes que informaron haber recibido agresiones on line (cibervictimas). Éstos comunicaron ser objeto de agresiones a través de mensajes desagradables, comentarios descalificadores o perfiles falsos para desprestigiarlos o ridiculizarlos. Tal acoso puede generarles un nivel de estrés que no les permitió afrontar exitosamente dichas situaciones de agresión y maltrato. Evidencia de esto son las estrategias de afrontamiento que informaron utilizar frente a las ciberagresiones recibidas: Hacerse ilusiones (Hi), que refiere a la esperanza de que una situación estresante pueda tener un desenlace positivo o feliz; Falta de afrontamiento o incapacidad de enfrentar un problema (Na); Reducción de la tensión (Rt) mediante acciones que apuntan a sentirse bien; Autoinculparse (Cu) que supone verse responsable de la dificultad a afrontar y Reservarlo para sí (Re) que refiera a aislarse e impedir que los demás conozcan sus preocupaciones. Todas estas estrategias son propias de un estilo improductivo de afrontamiento del estrés, es decir, predominan sentimientos y pensamientos de auto reproche e inutilidad llegando a negar o minimizar los problemas. Serían adolescentes que no se esfuerzan en buscar las soluciones a las situaciones de conflicto. En estudios previos con población de Tucumán (Contini, 2006) se identificaron diferencias significativas en estrategias de afrontamiento de estilo improductivo. Así, los adolescentes de nivel socioeconómico bajo presentaron una tendencia significativamente mayor a utilizar las estrategias Falta de afrontamiento, Reducción de la tensión y Reservarlo para sí que sus pares de nivel socioeconómico alto.

El predominio de este estilo de afrontamiento da cuenta de que los adolescentes presentan recursos yoicos empobrecidos, carentes de capacidad para hacerse respetar como sujetos de derecho. Tendencia similar se ha observado en adolescentes de distintos países de Latinoamérica, quienes evidenciaron prevalencia de ciberagresión, así como la ausencia de recursos para afrontarla de modo eficaz (Mogollón et al., 2019). Estos datos ratifican que la población estudiada es vulnerable a la influencia de sus pares. Desde el Modelo Transaccional se entiende que la capacidad de afrontamiento del estrés supone una evaluación subjetiva del estresor y la existencia/inexistencia de habilidades o recursos para afrontarlo (Trianes et al., 2009; Encina Agurto y Ávila Muñoz, 2015). Se esperaría que los adolescentes de este grupo tuvieran una imagen empobrecida de sí mismos en detrimento de su funcionamiento psicológico; la valoración del estresor y de los recursos para resolverlos se presentan asociados a la dimensión subjetiva y sociocultural. En contextos donde la pobreza genera estrés, la disponibilidad de recursos protectores puede verse afectada por la imposibilidad de ejercitar habilidades cognitivas y sociales, lo que contribuye a sostener no solo una situación de vulnerabilidad individual sino también de falta de integración en grupos.

Por otro lado, los adolescentes agresores (14%) son aquellos implicados como actores en el ciberbullying. Es decir, protagonistas de comportamientos agresivos e intencionales que se repiten de forma frecuente en el tiempo mediante el uso, por un sujeto o un grupo, de dispositivos electrónicos sobre una víctima que no puede defenderse por sí misma (Smith et al., 2008). El agresor puede tener o no como característica el anonimato y tanto la víctima como el victimario son pares. En este sentido cobra importancia el argumento de Urresti et al. (2015), quienes plantean que la Internet ha generado un ámbito de comunicación interpersonal con conocidos y también con desconocidos. Comunicación que pone de manifiesto, en este caso, un uso nocivo de las redes sociales.

El porcentaje de adolescentes victimarios identificado en este estudio es similar al encontrado en otra investigación de nivel nacional con adolescentes escolarizados de Córdoba (Cardozo et al., 2017). Las similitudes encontradas con otros estudios citados muestran que tanto la agresividad como las estrategias de afrontamiento son universales en el funcionamiento psicológico, revisten particularidades vinculadas a la singularidad de cada sujeto, a ciertas variables institucionales y a las características socioculturales de este nuevo siglo. Por ello, el aprendizaje del uso de las redes sociales es indispensable. En tal sentido, una línea de trabajo en el ámbito educativo sería focalizar en las agresiones mediatizadas por las redes sociales (modalidades de happy slapping, sexting, suplantación).

Lazurus y Folkman (1984), en el Modelo Transaccional, plantean que las emociones, el estrés y las estrategias de afrontamiento se interrelacionan de modo constante. Al mismo tiempo afirman que el éxito en el empleo de unas u otras estrategias de afrontamiento depende de dimensiones estables en el sujeto, tales como los rasgos de personalidad, los valores, las creencias, así también como de variables inherentes a la propia situación como, por ejemplo, la emoción propia de la situación. Botero (2012) argumenta que las estrategias de afrontamiento permiten canalizar las emociones e influir en que las respuestas a un problema puedan ser más o menos exitosas. Ciertas estrategias de afrontamiento, como las del estilo improductivo, suelen asociarse a un menor ajuste socioemocional, por lo que se infiere que los adolescentes cibervíctimas participantes no lograban un ajuste entre el manejo del problema y las emociones que este les provocaba. Esto también abre nuevos interrogantes respecto al papel de la regulación emocional en el afrontamiento del estrés.

Por su parte, el análisis al interior del grupo ciberagresores-no ciberagresores mostró solo una presencia de diferencias estadísticas en el uso de la estrategia Esforzarse y tener éxito en el grupo de adolescentes que no habían reportado comportamientos agresivos virtuales en el último año. Esta estrategia, entendida como un compromiso y dedicación en el objetivo propuesto, facilita el afrontar de modo exitoso un problema, por lo que el grupo de adolescentes sin comportamientos agresivos en Internet mostraría más recursos para afrontar situaciones estresantes.

Llama la atención el uso de similares estrategias de afrontamiento en el grupo de ciberagresores (moderados y severos) y aquellos que no describieron tales comportamientos. Una hipótesis posible sería la ausencia de percepción, por parte de los ciberagresores, del comportamiento agresivo como un estresor para sus pares víctimas. Esto da cuenta de un déficit en una habilidad social como es la consideración de los otros como sujetos de derechos. Si bien estos comportamientos agresivos pueden ser sancionados institucional y socialmente, no existiría en estos adolescentes ciberagresores una auto reflexión frente al maltrato infligido a otro. Tal como se indicó, la ausencia de habilidades sociales, tales como la sensibilidad ante los problemas de los otros, o el autocontrol de la agresividad impiden percibir al par como sujeto de derecho. Estos hallazgos abren nuevos interrogantes acerca de qué otros recursos psicológicos estarían implicados en el funcionamiento psicológico de víctimas y agresores - demás del afrontamiento - en un siglo donde la virtualidad se presenta como un modo de interrelación privilegiado.

En síntesis, la evidencia descripta da cuenta de que los adolescentes cibervíctimas afrontan las situaciones de estrés con estrategias improductivas que repercuten negativamente en su bienestar general, y principalmente en sus vínculos sociales. Por su parte, los adolescentes que agreden a través de medios tecnológicos no valoran como estresor dicho comportamiento agresivo y utilizan similares estrategias de afrontamiento que sus pares sin percepción de comportamientos agresivos virtuales durante el último año. Esta evidencia invita a profundizar en los mecanismos psicológicos implícitos en el ciberacoso adolescente, a fin de identificar un perfil de los ciberagresores, que permita generar estrategias de prevención de una problemática creciente.

Este trabajo presenta limitaciones que pueden subsanarse en futuras investigaciones. Por un lado, sus resultados no son generalizables a otros grupos de adolescentes, puesto que se trabajó con un muestreo intencional. Ello abre la posibilidad de investigar en otros contextos socioeconómicos y/o culturales como en otros grupos etarios, tal como es el caso de niños mayores donde la ciberagresión es también una problemática en aumento. Por otro lado, la valoración del estrés como la respuesta a él depende de recursos cognitivos y socioemocionales con que cuente el adolescente, por lo que el estudio ganaría mayor profundidad con la indagación de variables de personalidad que permitan profundizar este análisis.

Este estudio no ha analizado si los adolescentes ciberagresores también se percibían como cibervictimas. Este solapamiento de roles, que se ha detectado en algunos estudios, deberá también evaluarse posteriormente. Al mismo tiempo echa luz acerca de que las tecnologías digitales han hecho posible crear vínculos sin contacto físico inmediato. Este fenómeno, abre una línea muy necesaria de profundizar desde una perspectiva psicológica por su implicancia en la identidad del adolescente, es decir, qué efectos tiene la presencia de un otro, pero solo virtual. En una etapa del ciclo vital donde el reconocimiento y la aceptación social son cruciales para el ajuste psicológico, resulta necesario profundizar el impacto en adolescentes víctimas y victimaros del comportamiento agresivo mediado por la virtualidad.

En conclusión, los resultados obtenidos suponen un avance en la comprensión de la agresividad en adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad mediada por las redes virtuales. La evidencia muestra que las situaciones de desequilibrio de poder entre pares se han transferido de las relaciones cara a cara a aquellas en las que internet es el contexto de vinculación. Los datos descriptos destacan los recursos de afrontamiento ante comportamientos agresivos y generan interrogantes sobre los nuevos modos de comunicación virtual y su impacto en la subjetividad. Si bien resta investigar el efecto que en el adolescente tiene la circulación no ya secuencial, sino viral de la información, los resultados son de utilidad para conocer con mayor precisión los recursos con que cuentan los adolescentes estudiados para vincularse y expresar agresividad de un modo virtual.

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1 Este trabajo surge del proyecto de Investigación 26K 603Comportamiento agresivo en adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad, Secretaria de Ciencia, Arte e Innovación Productiva, SCAIT- UNT.

Recibido: 15 de Junio de 2020; Aprobado: 13 de Marzo de 2022

Autor de correspondencia: * contini.norma@gmail.com

Autor de correspondencia: ** smmejail@gmail.com

Autor de correspondencia: *** silvinavaleriacaballero@gmail.com

Autor de correspondencia: **** bocholucero1@hotmail.com

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