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Areté

Print version ISSN 1016-913X

arete vol.24 no.1 Lima  2012

 

RESEÑAS

 

María González Navarro: Interpretar y argumentar, Madrid/México D.F.: CSIC/ Plaza y Valdés, 2009, 446 pp.

 


¿Qué es razonar?, ¿qué es interpretar?, ¿cómo podemos estar seguros de que determinadas interpretaciones, en ciertos contextos políticos, sociales, culturales, etc., son más razonables que otras? Estas preguntas se encuentran en el origen de dos tradiciones de pensamiento: la hermenéutica y la analítica. En Interpretar y argumentar palpita la cuestión que hace varias décadas Snow denominó como las dos culturas (la humanista y la científica), y que reaparece aquí en lo que podríamos llamar las dos filosofías: la filosofía continental, a la que se asocia la hermenéutica filosófica en línea con el modelo trascendental de la filosofía clásica alemana, y la filosofía analítica, propia del ámbito cultural anglosajón. La estéril separación de ambos legados es puesta de manifiesto en el análisis pionero de María G. Navarro que argumenta a favor de la convergencia de estas dos operaciones mentales, a saber, interpretar y argumentar.

Este libro constituye un esfuerzo original, creativo y consistente por establecer un puente entre ambas tradiciones, un puente entre el pensamiento de Hans-Georg Gadamer y las teorías de la argumentación, las cuales muchos autores sitúan dentro de la mencionada tradición analítica. Ya Leibniz atribuyó al problema de calcular y dirimir lo razonable una importancia radical y, desde luego, su perspectivismo es, de alguna manera, una indagación en torno al problema de que cuando interpretamos hacemos uso de nuestro raciocinio de una manera particularmente flexible y, sin embargo, segura, clara. Las tesis de María G. Navarro ofrecen un amplio campo de investigación en el fronterizo terreno entre la interpretación y la argumentación, así como en algunos de los componentes de ambos legados y de los procesos de razonamiento relacionados con ellos: la abducción, el razonamiento ordinario, las teorías de la justificación epistémica, el debate historiográfico, o la introducción de la interpretación en el estudio sobre los fundamentos del razonamiento y la cognición humana.

La autora parte de dos hipótesis conectadas entre sí y aparentemente sencillas: de una parte, que la filosofía de Gadamer puede entenderse como una filosofía de principios, una auténtica ontología histórica; y de otra, que las teorías de la argumentación presuponen preguntas de carácter ontológico que se revelan como irresolubles si no aceptamos la hipótesis primera. A partir de estas dos hipótesis, la autora realiza una investigación en diferentes calas o niveles argumentativos, donde las hipótesis se analizan con detalle utilizando la tradición gadameriana, la hermenéutica en general, además de los desarrollos más actuales en lingüística, teorías de la argumentación y retórica (haciendo hincapié en los enfoques en teoría de la argumentación más continentales: Ch. Perelman, O. Ducrot, J.C. Anscombre, C. Plantin, L. Apostel, etc.).

En la sección titulada Praeparatio se exponen los cinco principios que María G. Navarro identifica en algunas fórmulas expuestas por el filósofo alemán y que constituyen el nudo gordiano (cf. p. 417) de su filosofía. Esos principios son los siguientes: principio de la historicidad de la comprensión, principio de la preestructura de la comprensión, principio de la historia efectual, principio de la estructura especulativa del lenguaje y principio de la productividad histórica. En la parte titulada Contentio la autora propone la quaestio disputata o controversia: considerar la ontología lingüística gadameriana como problema subyacente a las teorías de la argumentación (cf. p. 418). De ahí la necesidad de formular una metodología argumentativa de la interpretación (cf. p. 418), aplicable incluso a dos casos (cf. pp. 418-419). La Propositio tiene aspiraciones creativas al analizar el método argumentativo de la interpretación (cf. p. 32) con la intención de "interpretar la hermenéutica filosófica a la luz de la teoría de la argumentación" (p. 51). Finalmente en Resolutio hace un balance de los resultados alcanzados.

La pregunta en torno al método de las ciencias del espíritu que preocupa a la autora es una cuestión constante en la obra del filósofo alemán, en la de su época, y aún en la actual. Sin duda, es difícil establecer un método para decidir cuándo las interpretaciones son consistentes y cuándo son débiles pero esta cuestión existe en la investigación filosófica: la resolvemos constantemente haciendo uso de nuestro conocimiento más o menos explícito de la retórica, las leyes de la buena argumentación, la finalidad de la heurística o la lógica interna de las controversias. Todo esto no lo desconocía Gadamer, pero su obra no formuló sistemáticamente los fundamentos del concepto de racionalidad que él sostenía, alejado de la filosofía trascendental. El resultado del desafío de repensar a Gadamer es que, curiosamente, su filosofía se revela como un desafío a los fundamentos filosóficos de las teorías de la argumentación en las que, muchas veces, se presuponen problemas filosóficos –como la dimensión especulativa del lenguaje, el papel que tienen la tradición y los prejuicios en la argumentación tópica, etc.–.

Interpretar y argumentar logra aproximar dos tradiciones de manera ejemplar, creativa y, sobre todo, necesaria filosóficamente; de otro modo, podrían parecer poco sustanciales filosóficamente los estudios de D. Sperber y D. Wilson o los del propio Ch. Perelman. La filosofía actual se pregunta por cuestiones que hunden sus raíces en el tema que presenta este libro. Por ejemplo, las propuestas de G. Vattimo sobre el pensamiento débil. Pero sin duda esta investigación tiene una inspiración más racionalista, y no comparte la hipótesis de la ontología hermenéutica como una forma de nihilismo ontológico.

En definitiva, el trabajo que aquí se presenta es fruto de la investigación en el pensamiento de Gadamer pero, sobre todo, del esfuerzo por ofrecer y justificar una línea de investigación en la que se asumen las preguntas más importantes que se planteó el filósofo alemán y que este no siempre respondió con suficiente claridad. Esas preguntas siguen teniendo vigencia hasta el día de hoy, y su posible respuesta es necesaria para dirimir el problema práctico de interpretar, pero también para aprender a dar razones y justificar nuestras interpretaciones en el espacio político y público. Por ello, este libro es un estudio significativo para todas las disciplinas que se enfrentan a esta compleja problemática como son, por ejemplo, la historia, la filosofía, el derecho o la epistemología en general. En Interpretar y argumentar, María G. Navarro proporciona las necesarias coordenadas para establecer ese continuo difuso que constituyen la lógica informal, la argumentación, la interpretación, la filosofía del lenguaje y la inteligencia artificial. Un continuo difuso que, por otra parte, la autora ha seguido explorando en artículos publicados recientemente en revistas como Informal Logic, Purlieu. A Philosophcal Journal, Praxis Filosófica, Universitas Philosophica, Analytic Teaching and Philosophical Praxis, Revista Comunicar, o Tijdschrift voor Filosofie, entre otras.

 

Noemi de Haro
Universidad Autónoma de Madrid