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Intoxicación plúmbica crónica y alteraciones del crecimiento
Chronic lead intoxication and growth
El plomo es un metal pesado cuyo peso atómico es 207,2, que no cumple algún papel en la fisiología humana (1-4). Su mecanismo de toxicidad consiste en reemplazar al calcio durante el transporte iónico (5). Los adultos absorben entre 5% y 10% del plomo ingerido; sin embargo, sólo retienen el 5%, mientras que los niños, debido a su rápido metabolismo (6), absorben el 40% y retienen 30% (7). La acumulación de plomo en el organismo se da principalmente en el hueso (6), por lo que es considerado una fuente de exposición endógena (8); en adultos, esta acumulación es cercana a 95%, mientras que en niños la cifra es próxima a 70% (8,9). La vida media del plomo en los tejidos blandos -como el riñón, cerebro e hígado- oscila entre 20 y 30 días (1); en los glóbulos rojos es aproximadamente 35 días y en el hueso varía de 5 a 30 años (1,8,10). En la intoxicación plúmbica crónica (11), la población infantil es la de mayor riesgo, ya que sus tejidos blandos se encuentran en pleno desarrollo (2,12-14). En los niños, el sistema nervioso es el principal tejido afectado por el plomo, incluso a concentraciones bajas, depositándose principalmente en la sustancia gris y los núcleos basales (3,4). La neurotoxicidad que produce conlleva a severos trastornos de las funciones cognitivas, que se expresan en problemas de aprendizaje y conducta, como irritabilidad, hiperactividad, cefalea, disminución de la agudeza visual, retraso mental, alteraciones del lenguaje y bajo rendimiento escolar (2,15-17). Los niveles de plomo en sangre admitidos como aceptables han sido reformulados muchas veces, a medida que se ha a ampliado el conocimiento de los trastornos que produce este metal en el hombre. En la actualidad, el Centro de Control de Enfermedades de los Estados Unidos aconseja que los habitantes, en general, deben tener niveles de plomo en sangre que se encuentren por debajo de los 10 mg/dL (18). En los niños, los síntomas suelen aparecer a partir de los 30 mg/dL (19). La Dirección General de Salud Ambiental (DIGESA) encontró en el Callao que los niños que acuden a los colegios “Guadalupe” y “María Reiche” (ubicados cerca de una extensa área de almacenamiento de minerales) (20) registraron una media de plomo en sangre de 40,7 mg/dL, mientras que en los niños de otras escuelas el nivel fue 7,5 mg/dL (19,20). Observaron que el vivir o estudiar cerca a los depósitos de plomo aumenta en casi 18 veces el riesgo de tener valores elevados de plomo en sangre (19) (Figura 1).
El objetivo fue determinar la asociación entre intoxicación plúmbica crónica y alteraciones del crecimiento y desarrollo cognitivo-emocional en niños del colegio “María Reiche”- Callao, midiendo el coeficiente intelectual, evaluando el seguimiento de instrucciones, las habilidades motoras, comunicativas, manipulativas y académicas, determinando el índice de masa corporal y midiendo el grado de ansiedad.
El área de estudio fue el C.E. Nº 5045 María Reiche, centro de educación primaria ubicado en la Av. Contralmirante Mora N° 420, A.A.H.H “Puerto Nuevo”, provincia Constitucional del Callao, que cuenta con 11 aulas distribuidas en dos plantas. El tipo de estudio es observacional y de corte transversal. La población de estudio estuvo conformada por la totalidad del alumnado (271 niños). El tipo de muestreo fue no probabilístico. Se tomó como criterios de inclusión pertenecer a la lista de dosaje de plomo en sangre realizado por DIGESA en 1999, tener entre 8 y 12 años de edad, estar matriculado en el año académico 2002 de dicho colegio y residir en el A.A.H.H “Puerto Nuevo”. El criterio de exclusión fue no haber aceptado participar en el estudio. Nuestra muestra la conformaron 70 individuos. Los niños participantes se encontraban entre el 2o y 6o grado de educación primaria, siendo la media de sus edades 9,8 años y la desviación estándar 1,13; además, sus niveles de plomo en sangre* se encontraban entre el rango de 17 y 107 mg/dL, con una media de 40,7 mg/dL y una desviación estándar de 15,2 mg/dL. Como método de análisis de plomo se utilizó el Lead Care (método rápido) aplicándosele a toda medición mayor a 30 mg/dL una prueba de absorción atómica para determinar el nivel correspondiente. La medición del coeficiente intelectual (CI) se realizó mediante la prueba Cattell G-2 escolar† para niños de 8 a 14 años. * Tomados de la lista de dosaje de plomo en sangre realizado por DIGESA en 1999.
Se aplicó las pruebas específicas de seguimiento de instrucciones, habilidades motoras, comunicativas, manipulativas y académicas, aprobados por la Asociación Peruana de Psicología (ASPSSI)† que miden la presencia o la ausencia, mayor o menor, de una habilidad en particular, en niños de 0 a 12 años de edad; se clasifica cada prueba en las categorías desarrollo normal, alteración leve, moderada y marcada. Se aplicó también la lista de chequeo de ansiedad para niños de 0-12 años de edad, aprobado por el Centro Peruano de Investigaciones Psicológicas y Modificación del Comportamiento (CIPMOC)†, que evalúa el ámbito emotivo; consistió en 26 ítems de alternativa múltiple, realizado en una entrevista estructurada, clasificándose en categorías de ansiedad normal, ansiedad leve y ansiedad marcada. Luego de pesar y tallar a los niños, se calculó el índice de masa corporal (IMC), estableciéndose como normal el rango comprendido entre 15,5 kg/m2 y 18,9 kg/m2, datos proporcionados por el Departamento de Nutrición del Instituto Nacional de Salud del Niño. Se evaluó la asociación entre los niveles de plomo, en dos categorías: valores menores o iguales de 30 mg/dL (nivel sub-clínico) y mayores de 30 mg/dL de plomo en sangre (nivel clínico). Los resultados de las pruebas ya mencionadas fueron analizados utilizando las pruebas chi-cuadrado, t de Student, correlación y regresión lineal simple, usando el paquete estadístico SPSS versión 11,0 con un nivel de confianza de 95%. Para la realización del estudio se entregó un consentimiento informado representativo a los padres de familia y se contó con la autorización de la Sra. Norka Brios Ramos, directora del Centro Educativo Nº 5045 María Reiche.
La evaluación de la ansiedad fue realizada sólo a 69 niños; 60,9% de los niños mostró una ansiedad marcada (Figura 3), encontrándose significancia estadística entre los grados de ansiedad y la categorización de los niveles de plomo mediante la prueba de chi-cuadrado (p =0,025) (Tabla 1). Además, se encontró diferencias significativas entre las medias del puntaje de la lista de chequeo de ansiedad y la categorización de los niveles de plomo mediante la prueba t de Student (p= 0,031) (Figura 4). De acuerdo al sexo, se encontró que 75% de las niñas y 56% de los niños presentaron una ansiedad marcada.
El 50% de los niños evaluados presentó una puntuación del coeficiente intelectual menor a lo normal; 77,1% de ellos tenía niveles de plomo superiores a 30 mg/dL en sangre; sin embargo, no se encontró significancia estadística entre las puntuaciones de las pruebas de coeficiencia intelectual y los niveles de plomo en sangre (pruebas t de Student, correlación y regresión lineal simple); además, no se encontró significancia estadística entre la categorización de los puntajes de coeficiente intelectual y la categorización de los niveles de plomo en sangre (prueba chi-cuadrado). La evaluación del IMC evidenció que 52,9% no se encontraba dentro de los rangos normales; de éstos, 72,9% presentó niveles de plomo mayores a 30 mg/dL en sangre; sin embargo, no se encontró significancia estadística entre el IMC y la concentración de plomo en sangre (pruebas t de Student, correlación y regresión lineal simple); así también, no se encontró significancia estadística entre la categorización del IMC y la categorización de los niveles de plomo (prueba chi-cuadrado). Los resultados de las pruebas de seguimiento de instrucciones, habilidades comunicativas y manipulativas mostraron que 71,4% de los evaluados se ubicaba dentro de la categoría de desarrollo normal. DISCUSIÓN Investigaciones epidemiológicas han revelado que la intoxicación plúmbica crónica se asocia al deterioro de las funciones cognitivo-conductuales y a alteraciones del desarrollo de los niños (22). Se encontró relación entre los niveles de plomo y los grados de ansiedad, semejándose a los resultados obtenidos en el estudio de Needleman (23) en varones de una escuela pública en Pittsburg, entre las edades de 7 y 11 años, donde se observó que, con el pasar de los años, según aumentaba la cantidad acumulada de plomo aumentaban los reportes de agresividad, ansiedad y depresión. Existen otros factores que pueden influir en el grado de la ansiedad, los cuales no pudieron ser controlados en la investigación; además, no se contó con individuos no intoxicados que pudieran ser comparados con el grupo de estudio. Por consiguiente, lo anteriormente mencionado podría afectar la relación encontrada entre los niveles de plomo y grado de ansiedad. Taboada (24) sostiene que la prevalencia de trastornos de ansiedad en la infancia es más alta en las niñas que en los niños, concordando con los resultados obtenidos en el presente estudio (75% de las niñas presentó ansiedad marcada). Con respecto a las habilidades motoras, los resultados se asemejan a los obtenidos en Tijuana, donde se encontró una correlación inversa entre los niveles de plomo en sangre y las habilidades motoras (17). La asociación entre la categorización de los niveles de plomo y los puntajes de la prueba de habilidades académicas no presentó significancia estadística; sin embargo, en un estudio hecho en el Callao se pudo observar una asociación inversa entre los niveles de plomo y rendimiento académico (25). No se encontró una asociación significativa entre el coeficiente intelectual y la categorización de los niveles de plomo; esto difiere de los resultados obtenidos en Inglaterra (26), donde se encontró evidencia de un déficit en el coeficiente intelectual en los niños intoxicados; así también, Dietrich (27) reportó que hay una disminución de 8 puntos en el coeficiente intelectual al aumentar los niveles de plomo en sangre de 10 a 35 mg/dL. Winneke (28) manifestó que niveles de plomo entre 10 y 20 mg/dL están asociados con la disminución de 1 a 3 puntos en el coeficiente intelectual. No se contó con individuos no intoxicados (controles) y esto podría explicar la diferencia de nuestros resultados con otros estudios. Respecto al índice de masa corporal, no guardó asociación significativa con la categorización de los niveles de plomo; sin embargo, un estudio realizado en el Callao mostró una relación inversa entre el aumento de niveles de plomo en sangre y la disminución del IMC (20). Se recomienda realizar controles anuales que evalúen el crecimiento y desarrollo cognitivo-emocional. Además, la creación de programas de apoyo psicológico y estimulación académica para los niños del Centro Educativo Nº 5045 “María Reiche”. Se debe realizar estudios para la determinación de lineamientos y normas que fijen los niveles de plomo aceptables en la población, ya que el Perú no cuenta con los mismos.
1. Ignacio A. Intoxicación por plomo en pediatría. Arch Pediatr Urug 2001; 72 (2): 133-8.
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