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Revista de Investigaciones Veterinarias del Perú

versión impresa ISSN 1609-9117

Rev. investig. vet. Perú vol.26 no.3 Lima set. 2015

http://dx.doi.org/10.15381/rivep.v26i3.11166 

http://dx.doi.org/10.15381/rivep.v26i3.11166

La Práctica Veterinaria con Caninos Domésticos como Factor de Riesgo para la Exposición a Toxocara Canis en Lima, Perú

Veterinary Practice in Domestic Dogs as a Risk Factor for Toxocara Canis in Lima, Peru

 

Lady Anacleto N.1,2, Néstor Falcón P.1,2,5, William Roldán G.3, Norma Noé M.4, Yrma Espinoza B.3

1 Grupo de Salud Pública Veterinaria (SAPUVET-PERÚ)

2 Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Peruana Cayetano Heredia, Lima, Perú

3 Instituto de Medicina Tropical «Daniel A. Carrión»

4 Facultad de Medicina Veterinaria, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú

5 E-mail: nestor.falcon@upch.pe


Resumen

Se determinó la frecuencia de serorreactores y riesgo de exposición a Toxocara canis en el personal que laboraba en clínicas y consultorios veterinarios de la ciudad de Lima. Se consideró un grupo expuesto, en contacto directo con canes (n=135) y un grupo no expuesto, de personal administrativo (n=108). Los sueros fueron evaluados mediante una prueba de ELISA con antígenos de excreción / secreción de larvas L2 de T. canis, en diluciones de 1/200, 1/400, 1/800, 1/1600 y más de 1/1600, en búsqueda de anticuerpos IgG. En el grupo expuesto, el 95.6, 58.5, 37.0, 23.7 y 9.6% resultaron positivos en las diluciones indicadas, respectivamente, en tanto que en el grupo no expuesto se encontró el 97.2, 50.0, 32.4, 17.6 y 3.7%, respectivamente. No se encontró asociación entre la proporción de positivos y los grupos de exposición. Se concluye que la práctica profesional no representa un factor de riesgo para la presentación de infecciones humanas a T. canis.

Palabras claves: toxocariasis, T. canis, médicos veterinarios, clínicas


Abstract

The frequency of seropositives and risk of exposure to Toxocara canis in the personnel working in veterinary clinics in the city of Lima was determined. An exposed group with direct contact to dogs (n=135) and a non-exposed group of administrative staff (n=108) were evaluated. Sera samples were analyzed by ELISA test using excretion/ secretion antigens of L2 larvi of T. canis in dilutions of 1/200, 1/400, 1/800, 1/1600 and greater than 1/1600, searching for IgG antibodies. In the exposed group, 95.6, 58.5, 37.0, 23.7 y 9.6% resulted positive in the dilutions studied, respectively, and in the non-exposed group 97.2, 50.0, 32.4, 17.6 y 3.7% resulted positive respectively. No association was found between the proportion of positives and the two groups. It was concluded that the professional practice does not represent a risk factor for the occurrence of human infections by T. canis.

Keywords: toxocariasis, T. canis, veterinarians, clinics


Introducción

Toxocariasis es el término clínico aplicado a la infección en seres humanos producida por larvas del parásito Toxocara sp (Alonso et al., 2004). Este se caracteriza por su prolificidad, pues una hembra puede llegar a eliminar hasta 200 000 huevos por día y un perro puede albergar centenares de hembras en su intestino (Cordero del Campillo et al., 1999). Los huevos son resistentes a factores medioambientales porque tiene una cubierta muy resistente y pueden mantenerse viables durante meses, inclusive más de un año (Cordero del Campillo et al., 1999; Barriga, 2002).

La infección humana se produce por la ingestión accidental de huevos embrionados directamente de suelos por geofagia, manos mal lavadas u onicofagia. Menos común es la infección secundaria al consumo de carne de huéspedes paraténicos y de vegetales contaminados (Laird et al., 1995; Alonso et al., 2004). La tenencia de perros ha sido justificada como un factor de riesgo para la presentación de la enfermedad por el hallazgo de huevos embrionados y en desarrollo en el pelo de las mascotas (Wolfe y Wright, 2003).

La presentación de la enfermedad depende del órgano o tejido invadido, del grado de infestación y de la resistencia del sistema inmune (Miranda-Souza et al., 1999; Chávez et al., 2002; Alonso et al., 2004; Radman et al., 2006). Estas presentaciones se pueden clasificar en cuatro cuadros clínicos: larva migrante visceral (LMV) o toxocariasis sistémica, larva migrante ocular (LMO) o toxocariasis ocular, toxocariasis neurológica o neurotoxocariasis y toxocariasis asintomática (Del Valle et al., 2002).

La toxocariasis ha sido considerada como una enfermedad ocupacional, aunque las evidencias no llegan a ser concluyentes. En un estudio realizado sobre 113 personas que laboraban en 22 clínicas veterinarias de Toronto, se encontró una frecuencia de 8.8% de positivos a T. canis, en tanto que en 114 internos del hospital general de la ciudad, que sirvieron como grupo control, se encontró el 9.6% de seroreactores positivos (Yang et al., 1982). En otro estudio se encontró una seropositividad de 11% a T. canis en 73 empleados de un hospital veterinario, siendo 12% en el grupo con contacto con animales y 8% en el grupo no expuesto, que realizaba labores administrativas (Lawrence y Raymond, 1977).

Los médicos veterinarios y el personal que labora directamente con animales domésticos pueden encontrarse expuestos a agentes biológicos debido a que existe contacto con animales que pueden ser portadores de patógenos. Por esta razón, es posible que los profesionales que laboran con animales de compañía, especialmente con canes, sean un grupo particularmente expuesto a T. canis. Por ello, el objetivo del estudio fue determinar la frecuencia de seroreactores y cuantificar la exposición a T. canis entre profesionales que laboran en contacto directo con caninos y entre los que no tienen contacto directo con estos, dentro de sus labores en clínicas y consultorios veterinarios de la ciudad de Lima.

MATERIALES Y MÉTODOS

Se utilizaron 243 sueros de profesionales y personal administrativo que laboraban en clínicas o consultorios veterinarios en nueve distritos de la ciudad de Lima, Perú, y que fueron recolectadas como parte de un proyecto previo en 2009 sobre infecciones por Leptospira sp. Las muestras se encontraban en el banco de sueros de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima.

Se consideraron dos grupos de exposición: a) Grupo expuesto, conformado por profesionales que tuvieron contacto directo con canes en su centro de trabajo (médicos veterinarios, técnicos veterinarios, bañadores, sujetadores; n=135) y b) Grupo no expuesto, compuesto por personal administrativo sin contacto directo con los canes (secretarias, recepcionistas, impulsadoras, vigilantes; n=108). El Cuadro 1 muestra la distribución del personal laboral de clínicas y consultorios veterinarios según sexo y grupo etario.

Las muestras de suero fueron evaluadas en el laboratorio de Parasitología del Instituto de Medicina Tropical «Daniel Alcides Carrión» de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, utilizando la prueba de ELISA con antígenos de excreción/secreción de larvas L2 de T. canis para la detección de anticuerpos específicos. Los sueros fueron evaluados en diluciones de 1/200, 1/400, 1/800, 1/1600 y más de 1/1600. Las lecturas de absorbancia fueron realizados en un lector de ELISA (Multiskan Plus Labsystem, v. 2.01) a una longitud de onda de 492 nm. Se consideró como resultado positivo aquellas muestras que reaccionaron a una dilución de 1/200, representando el valor de 0.31 de densidad óptica el punto de corte para esta dilución. Con los datos resultantes se determinó la proporción de seroreactores a T. canis en ambos grupos y se calculó el odds ratio con el programa SPSS 17.0.

RESULTADOS

El 95.6% (129/135) de las muestras del grupo expuesto y el 97.2% (105/108) del grupo no expuesto resultaron positivos en una dilución de 1/200. No se encontró asociación estadística significativa entre el desempeño laboral y la proporción de serorreactores. Los resultados de la evaluación serológica en todas las diluciones así como los resultados de la medición de riesgo se muestran en el Cuadro 2.

DISCUSIÓN

Debido al contacto frecuente con animales de compañía, especialmente canes, los profesionales que laboran en consultorios y clínicas veterinarias podrían ser considerados como una población expuesta a diversos patógenos, entre ellos a T. canis, que es el parásito intestinal de mayor frecuencia en el perro. Sin embargo, los resultados del estudio mostraron que el manejo de los canes en la práctica veterinaria no representa un factor de exposición a T. canis, dado que la tasa de serorreactores a la prueba de ELISA fue estadísticamente similar entre los dos grupos. Estudios similares en personal veterinario en Nueva York, EEUU (Lawrence y Raymond, 1977) y Toronto, Canadá (Yang et al., 1982) obtuvieron resultados similares.

La exposición en ambos grupos fue alta, pudiendo inferirse que la exposición no solo se encuentra en el espacio laboral, debiéndose identificar otros factores de exposición al parásito.

La prueba de ELISA, utilizando como antígeno el secretado-excretado de las larvas del parásito, constituye una prueba de alta confiabilidad debido a su sensibilidad (75-86%) y especificidad (90-92%) (Espinoza et al., 2003). Esta prueba detecta anticuerpos de clase IgG, que permanecen con títulos elevados por meses o años después de la infección. Debido a la persistencia de los anticuerpos en el tiempo luego de la primoinfección, no resulta posible discriminar entre la fase reciente y la fase tardía de la infección mediante el dosaje de anticuerpos (Archelli y Kozubsky, 2008; Marino et al., 2011), desconociéndose la etapa evolutiva de la infección en la población en estudio.

La prueba del Western Blot, no considerada en el presente estudio, debe realizarse tras un diagnóstico de ELISA positivo a T. canis, a fin de descartar falsos positivos por reacciones cruzadas de infecciones con otros nematodos que comparten antígenos comunes con Toxocara (Magnaval et al., 2001; De la Fé et al., 2006). No obstante, independientemente de la prueba utilizada, los niveles de anticuerpos contra T. canis deben de ser evaluados conjuntamente con lasintomatología clínica y el contexto epidemiológico en lo que los individuos se desenvuelven a fin de determinar la etapa de infección de la misma (Archelli y Kozubsky, 2008).

Se concluye que la práctica veterinaria con animales de compañía, especialmente con canes, no representó un factor de riesgo para la exposición a T. canis.

 

LITERATURA CITADA

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Recibido: 29 de enero de 2014

Aceptado para publicación: 27 de febrero de 2015