SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.14 número2EditorialUtilización de hematíes de primates sudamericanos en la prueba inhibición de hemaglutinación para el diagnóstico del Virus del Sarampión índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Bookmark


Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Publica

versión impresa ISSN 1726-4634

Rev. perú. med. exp. salud publica v.14 n.2 Lima jul./dic 1997

 

OPINIÓN

 

La modernización del Estado en la Sociedad del Conocimiento

 

Juan Sheput M.1

1 Consultor Externo del Instituto Nacional de Salud.

 


 

Desde hace muchos años el notable ensayista argentino Mariano Grondona, escribía en la revista Visión, que acababa de gozar de una agradable estadía en Harvard, para muchos la mejor Universidad del mundo. Durante el tiempo que estuvo allí, ejerciendo la cátedra de profesor visitante, tuvo tiempo para pensar qué era lo que diferenciaba a Harvard, en materia de éxito y generación de talento, de las universidades latinoamericanas. En su análisis encontró que en Harvard no hay puertas eléctricas que se abren y cierran por sensores, ni tampoco computadoras en todas las carpetas (como sí hay en algunas universidades limeñas). No hay "edificios inteligentes", ni robots a diestra y siniestra. Mas bien las cosas en común con nuestras universidades son amplias. En ambas hay alumnos y profesores, los laboratorios de investigación son similares en tamaño y equipamiento, las aulas tienen carpetas y pizarras de madera que exigen el uso de tizas como el siglo pasado, las bibliotecas no presumen de adelantos cibernéticos ni del uso exagerado de cd's y pantallas, las teleconferencias son mínimas y las clases virtuales se dictan sólo por excepción.

Entonces dónde está la diferencia y por tanto el secreto del éxito?. La respuesta es muy simple y compleja a la vez, la diferencia se marca en la existencia de valores y principios, elementales en muchos casos y que en nuestros países son bienes escasos. En Harvard los alumnos y profesores son puntuales y respetuosos. En Harvard los alumnos acuden a la biblioteca a usar libros, que duermen en los estantes de las bibliotecas latinoamericanas, pues mientras allá los libros se consumen acá se desperdician. En Harvard no faltan tizas en las pizarras, y las motas no se pierden. En Harvard los alumnos son ordenados y meticulosos, y cuando asumen un reto plantean objetivos y metas claras y precisas. En Harvard se adelantan al concepto a través de la investigación minuciosa, acá se espera y se asume. En Harvard se respetan las fechas y los plazos para las entregas de los trabajos y documentos, y no se postergan o "patean" alegremente. En Harvard no se acepta la palabra del catedrático como infalible, sino mas bien se le confronta con el propio raciocinio y los resultados de la investigación. He ahí, entre otras, la gran diferencia, el uso pleno de valores y principios fundamentales.

He querido hacer esta introducción, utilizando como base a Grondona, para referir mi hipótesis sobre lo que significa un proceso de reforma o modernización del Estado. Si primero no nos reforzamos por interiorizar preceptos claves como el orden, la puntualidad, la honestidad, el trabajo en equipo, la visión de largo plazo, etcétera, cualquier esfuerzo que se haga en materia de modernización no será permanente en el tiempo. Primero están las personas, los recursos humanos, como base de un esquema verdadero de progreso, individual primero y colectivo después, con una concepción clara que sólo con valores y principios podremos iniciar nuestro camino en una sociedad tan competitiva como la que se viene muy pronto, pues no debemos olvidar que estamos ingresando a una sociedad basada en el conocimiento. Algunos autores predicen que en un futuro muy próximo las élites serán de aquellos que más conocen y más especializados están, pues será tan amplio el nivel de acceso a la información que el colapso intelectual será por exceso de datos. Es por eso que no debemos descuidar nuestra formación y la de los que nos rodean la sociedad será muy excluyente, ya no por cuestiones de raza, edad, sexo o religión sino por capacidades cognoscitivas. Con este entorno muy mal hacen aquellos que pretenden que por tener acceso a una computadora ya son modernos. Sin la interiorización de valores de nada sirve tener un mouse, una impresora, un ordenador y un software de última generación, tampoco una institución es más moderna por tener más computadoras. Ejemplos existen muchísimos, desde empresas hasta países. Pakistán o la India tienen un promedio 35 veces más computadoras que Suiza, y eso no los hace países más modernos. En nuestras instituciones o empresas las microcomputadoras más modernas se usan como máquinas de escribir.

La verdadera modernidad del Estado, en términos de realismo y aporte a la sociedad, será una consecuencia directa de nuestro cambio de actitud. Reconocer, en primer lugar, que es necesario ser competitivo para tener un lugar en la Sociedad del Conocimiento, y reconocer que para ser competitivo primero es necesario practicar una serie de valores y principios que constituyan la base para nuestro crecimiento como personas y como sociedad.

El Instituto Nacional de Salud, en ese sentido, ocupa una posición clave, y yo diría hasta estratégica en el sector. Tiene una gran responsabilidad y una linda misión, basada en la investigación en ciencia y tecnología. Tiene los recursos humanos científicos adecuados para el cumplimiento de su misión y tiene por tanto la gerencia de su propio éxito. El INS puede y debe convertirse en una entidad modelo en términos de calidad de sus recursos y productos. Puede ser, en el ámbito internacional, una usina productora de trabajos de investigación valiosa en su conjunto. Para ello ya se tiene el bagaje académico, faltando la profundización en los valores que hacen grandes a las sociedades. Trabajando en equipo, siendo líderes de nosotros mismos y de nuestro entorno, podremos tener la seguridad que haremos más grande a nuestro querido país. Reconociendo nuestras limitaciones, luchando por superarlas sin subsidiar al error, podremos ser más competitivos. Sólo así podremos enorgullecernos de estar contribuyendo efectivamente a modernizar al Estado y por ende a la sociedad. No debemos perder tiempo.