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Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Publica

versión impresa ISSN 1726-4634

Rev. perú. med. exp. salud publica v.25 n.3 Lima jul./set. 2008

 

La formación integral en la carrera médica

Integrated training in the medical career

 

Jorge Berríos1

1 Profesor emérito de la Facultad de Medicina, Universidad Peruana Cayetano Heredia. Académico de número de la Academia Nacional de Medicina. Lima, Perú.  

 


RESUMEN

La formación médica debe ser integral, en el currículo médico se debe incluir aspectos relacionados con las humanidades que permitan a los estudiantes llegar a ser profesionales competentes, de conducta ética y sensibilidad estética adecuada, a fin de constituirse en un elemento que no sólo satisfaga las exigencias de la sociedad, sino que contribuya a su perfeccionamiento.

Palabras clave: Educación médica; Enseñanza; Humanidades (fuente: DeCS BIREME).


ABSTRACT

Medical education should be integrated, in the medical curriculum should include aspects related to the humanities to enable students to become competent professionals, with ethic attitude and aesthetic sensibility appropriate, to become a part not only meets the demands of society, but contributes to its further development.

Key words: Education, medical; Teaching; Humanities (source: MeSH NLM).


 

Formar es plasmar y si se trata del ser humano, no es fácil, pues supone dar forma a alguien que, siendo por definición libre, es susceptible de decidir lo que desea. En la carrera médica, la formación básica se consigue en la denominada educación superior, pero, es necesario que esta formación deba complementarse y prolongarse durante toda la vida.

La formación integral del individuo es una de las finalidades que debe perseguir la educación superior (1), buscando el desarrollo y perfeccionamiento de las facultades con el propósito de lograr:

a. El conocimiento indispensable a partir de la información pertinente;

b. Las habilidades y destrezas necesarias para su ejercicio;

c. La actitud conveniente a fin de mantener una conducta adecuada, de acuerdo con los principios de la Ética, la Deontología y las buenas costumbres.

Subsiste la controversia acerca de los contenidos que debe tener un programa educacional de medicina para formar adecuadamente a los educandos (2-5).

Con respecto al conocimiento, cabe destacar que este es personal e intransferible; cada quien va integrando sus propios saberes a partir de la información que asimila. Lamentablemente, en la educación superior, se prioriza la transmisión de la información a cargo del docente y como lo que se pretende informar cada día aumenta rápida y exageradamente, resulta que nunca es posible satisfacer la creciente demanda de tiempo que se exige para el dictado de las clases. Esto ha dado origen a diversas tendencias y técnicas de enseñanza que muchas veces olvidan lo esencial, confundiendo la exposición de información con la verdadera educación.

Es frecuente comprobar que ante una nueva inquietud, surgida entre los encargados de elaborar el “currículo de estudios”, la respuesta inmediata sea crear la asignatura correspondiente o acomodar los “contenidos” en algún lugar. Esto exige buscar el espacio adecuado, en el poco tiempo disponible, situación que obliga a reducir asignaturas o peor aún, eliminarlas (5). Ante ello, es importante destacar que no toda la información expuesta es necesariamente asimilada ni integrada en el conocimiento del educando.

Con relación a las habilidades y destrezas, hay cierto consenso en que para adquirirlas se debe buscar dominar las técnicas, con tal propósito resulta insustituible la práctica iterativa de éstas hasta lograr su perfeccionamiento. En realidad, si bien lo básico se puede conseguir en el pregrado, corresponde al ámbito del postgrado el mayor énfasis de este aspecto (3,4).

El conseguir la formación de la actitud conveniente, a nuestro entender, constituye la mayor dificultad. En medicina, el extraordinario avance del conocimiento y el veloz desarrollo de la tecnología, que superan a la misma fantasía, ha complicado el panorama para lograr el comportamiento ideal del profesional moderno y una de las consecuencias indeseables es lo que muchos denominan la “deshumanización de la medicina” (2,6). A fin de solucionar esta situación se recurre a la costumbre de dictar las asignaturas necesarias para pretender corregir tal deficiencia y, con tal propósito, se acude a las humanidades (7).

El concepto de humanidades ha tenido diferentes acepciones y variados matices a lo largo de la historia. Hoy se las considera como las disciplinas que contribuyen a la formación humana del individuo, por oposición a las disciplinas de carácter científico o técnico. Así, son entendidas como el conjunto de ciencias humanísticas que, por su origen y tradición literaria, se distinguen en las facultades universitarias y en la nomenclatura académica de las ciencias exactas, físicas y naturales.

Algunos, tratando de precisar el concepto, denominan así al conjunto de disciplinas relacionadas con el conocimiento y la cultura, distinguiéndolas de las ciencias por el carácter ideográfico de sus investigaciones, que se ocupa de particularidades sin crear leyes o postulados generales. Comprende: arte, literatura, historia, teología y religión, filosofía, lingüística, semiótica y semiología. Para otros, Humanidades es el nombre genérico que se da al conjunto de disciplinas que tradicionalmente conforman lo que también se conoce como las artes liberales. Estas son: arte, filosofía, historia, literatura, música y teatro (8,9).

En tanto, Joaquín Barceló (10) hace este interesante planteamiento:

¿Sería demasiado absurdo definir a las Humanidades como aquellas disciplinas cuyo objeto es la libertad humana y sus obras? examinemos el asunto, preguntémonos, en primer lugar, por qué se ha insistido a través de los siglos en llamar Humanidades a las disciplinas que reciben este nombre. El término Humanidades dice su relación con lo humano, con el hombre. Pero las Humanidades no se ocupan de todo el hombre; no estudian, por ejemplo, su constitución anatómica, ni sus procesos biológicos. ¿Por qué?, porque estos aspectos del hombre están regidos por leyes naturales, en otras palabras, porque no son libres. Libres son, en cambio, la creación de instituciones, de obras de arte y del pensamiento, la acción política, la organización social, la estructuración del lenguaje, la construcción del mundo humano. Estos objetos son estudiados por la Ciencia Histórica, por la Antropología, por la Sociología, la Filosofía, la Ciencia Literaria, las Ciencias del Lenguaje, la Psicología, la Geografía Humana, las Ciencias de la Comunicación, etcétera; en buenas cuentas, por las disciplinas que llamamos Humanidades”.

Cuando se ha buscado dictar algunas de estas asignaturas, se encomienda tal responsabilidad al Departamento de Humanidades. El resultado no es satisfactorio, quizás por la manera de hacerlo, pues la formación humanista no consiste en suministrar información ni cultura general y el erudito en humanidades no necesariamente es un humanista.

Para conseguir la formación integral de la persona, se debe partir del concepto que el humano es esencialmente un ser racional y libre; se requiere que asuma un mayor compromiso con su propia formación, que debe ir más allá de la simple capacitación como fuerza de trabajo requerida por el mercado laboral (1). Se necesita que desarrolle de la mejor manera, para llegar a ser un profesional competente, de conducta ética y sensibilidad estética adecuada, a fin de constituirse en un elemento que no sólo satisfaga las exigencias de la sociedad, sino que contribuya a su perfeccionamiento.

Para lograrlo, requiere de un pensamiento reflexivo y crítico, que busque el desarrollo de la inteligencia más que de la memoria, a fin de entender que lo producido por el hombre no sólo debe ser conocido, sino que puede ser criticado, modificado, recreado y perfeccionado. No sólo debe interesar el qué, sino fundamentalmente el por qué y para qué.

Hay que considerar que los privilegiados que llegan a la educación superior, exhiben una conducta consecuente con su formación previa, la que deviene de la propia conformación biopsíquica, influenciada por la carga genética, sobre la cual ha tenido acción determinante el entorno en el que se desarrolló (el hogar, la familia, el colegio, la comunidad y el medio ambiente).

Las vivencias formativas en alguna medida pueden ser impuestas durante las primeras etapas de la vida en que resultan más impactantes, en tanto que son opcionales y más racionales conforme el individuo se hace adulto. No obstante, la formación es un proceso que se prolonga permanentemente y durante la educación superior debe procurarse y asumirse como una responsabilidad de la que participa en alguna medida la institución formadora.

Una institución de educación superior que preconiza el criterio de excelencia, debe asumir ante la sociedad la imagen de un centro de formación y desarrollo integral, con lo que deben estar comprometidos todos y cada uno de sus miembros, responsabilizándose por mantenerla y engrandecerla. Resultan así involucrados todos los integrantes de la comunidad universitaria, tanto los docentes, como los administrativos, trabajadores no docentes y alumnos.

Esta toma de conciencia es el paso inicial para superar las serias deficiencias que se han acentuado con la multiplicación indiscriminada de instituciones de educación superior y la masificación de la matrícula, situación que conduce inevitablemente a la mediocridad de su accionar y del producto final de este modo obtenido (3).

En una institución de educación superior, es preciso establecer que no existe oposición entre lo humanístico y lo racional. Resulta una falacia la presencia de la doble cultura constituida una por las ciencias y otra por las denominadas Humanidades, ambas son parte de una sola cultura y cumplen un papel en la formación integral de la persona, pues ésta no surge de manera espontánea, sino que requiere ser cultivada durante y mediante el proceso formativo que se da en todas las disciplinas.

No existe la asignatura milagrosa ni la fórmula mágica que asegure el desarrollo integral del educando. Sin embargo, se considera preciso destacar algunos puntos como la atención que debe brindarse, entre otras cosas, al idioma, pues el lenguaje, tanto escrito como hablado es fundamental para la relación adecuada entre los miembros de una comunidad. No nos referimos solo a la enseñanza de una asignatura sino a que se mantenga permanentemente el cuidado necesario para el buen empleo del idioma. Así por ejemplo, en la carrera médica el lenguaje casi ha sido eliminado de los exámenes escritos, donde el examinado se limita ha marcar casillas y casi nunca a expresar ideas.

Por otro lado, el docente requiere clarificar el concepto fundamental de que su mayor enseñanza la realiza no sólo en la exposición de información más o menos especializada, sino a través del ejemplo continuo y permanente que brinda durante su accionar profesional y personal pues para el alumno constituye el paradigma que en una u otra forma será necesariamente imitado; ¡esa es la enorme responsabilidad que asume quien pretende ejercer cualquier tipo de docencia!

Las asignaturas de Ética y Deontología, pueden resultar de gran utilidad, pero su alcance no va mucho más allá que el de cualquier otra asignatura teórica. Representa el recitado de normas y principios que no asegura necesariamente un comportamiento coherente con aquello que se repite más o menos de memoria. Es el accionar diario de todos los involucrados en el ambiente educacional lo que realmente representa el factor condicionalmente más importante y en el cual “el individuo hace lo que hacen todos”. Es por eso, que los miembros de la comunidad universitaria han de tomar conciencia que se encuentran inmersos en un escenario creado por ellos mismos, donde necesariamente deben interactuar y que sólo podrán aspirar a una formación integral mediante su propio esfuerzo.

En el siglo XX de nuestra era, la globalización, la velocidad, el exagerado culto al mérito material que prevalece en un medio altamente competitivo y otras características más, han arrasado con lo tradicional, originando incertidumbre acerca de los criterios morales valederos que prevalecen en la sociedad. Aun más completo resulta el tratar de formar la sensibilidad estética de una persona. Los principios teóricos esgrimidos por algunos estudiosos de la materia, se estrella con la “deformación previa” que traen los estudiantes y la actitud mental de la mayoría de los individuos de los considerados países en desarrollo, que rinde culto exagerado a lo foráneo y a lo impuesto por la propaganda.

En la persona no existe necesariamente correlación entre lo que es por evolución natural y lo que debiera ser como desarrollo ideal. Por ello requiere deformación y siendo racional y libre, es la autoformación el elemento determinante. Un centro de educación superior brinda oportunidades, pero finalmente es esencialmente un centro de autoformación. El ofrecer al estudiante la oportunidad de exponerse a lo bello para sensibilizarse, es una obligación ineludible para la formación integral y puede hacerse a través de actividades extracurriculares o asignaturas electivas, en los que la presencia de otros miembros de la comunidad universitaria, en especial los paradigmas docentes, desempeñan un papel motivador importante para los más jóvenes, pues todos, como dice Pier Paolo Vergerio, deben Poner el cuerpo y el espíritu indisposición hacia las cosas más bellas, con el objeto de adquirir la sensibilización adecuada a fin de apreciar y valorar el buen gusto y las buenas maneras, durante un proceso que ha de prolongarse permanentemente en la escuela de la vida, para tratar de obtener la auténtica educación en valores, indispensable para la formación integral de la persona.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. O rozco Silva LE. La formación integral, mito y realidad. Bogotá: Editorial Uniandes, Tercer Mundo; 1999.

2. Perales A. Ética y humanismo en la formación médica. Acta Bioeth. 2008; 14(1): 30-38.

3. Berríos J. Simposio: acreditación de las facultades de medicina en el Perú. An Acad Nac Med (Lima). 2004; : 86-9.

4. Berríos J. Simposio: el residentado médico en el Perú. An Acad Nac Med (Lima). 2005; : 78-81.

5. Neyra J. Necesidad de la actualización de la cátedra de enfermedades infecciosas, tropicales y parasitarias en el currículo médico actual. Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2007; 24(4): 442-43.

6. Nizama-Valladolid M. Humanismo médico. Rev Soc Peru Med Interna. 2002; 15(1): 47-53.

7. Rios IC, Junior AL, Kaufman A, Vieira JE, Scanavino MT, de Oliveira RA. A integração das discipliinas de humanidades médicas na facultade de medicina da USP – Um caminho para o ensino. Rev Bras Educ Med. 2008; 32(1): 112-21.

8. G ordon J. Medical humanities: to cure sometimes, to relieve often, to comfort always. Med J Aust. 2005; 182(1): 5-8.

9. G racia D. Contribución de las humanidades médicas a la formación del médico [Documento on line]. Humanidades Médicas. 2006; 1. [Fecha acceso: 18 enero 2008] Disponible en: http://www.fundacionmhm.org/www_humanitas_es_numero1/revista.html

10. Barceló J. Las humanidades. Rev Chil Humanidades. 1982; 1: 15-23.

 

Correspondencia:
Dr. Jorge Berríos Reiterer
Dirección: Gómez Sánchez 127, Miraflores, Lima, Perú.
Teléfono: (511) 449 - 2968
Correo electrónico: jberrios@upch.edu.pe

 

Recibido: 12-02-08

Aprobado: 19-02-08