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Revista de la Sociedad Química del Perú

versión impresa ISSN 1810-634X

Rev. Soc. Quím. Perú v.73 n.3 Lima jul./set. 2007

 

EDITORIAL

Dr. Juan de Dios Guevara Romero

Luis Valles F.  

 


La Sociedad Química del Perú es una asociación científica creada para contribuir al desarrollo y difusión del conocimiento científico. Corrían los años en que la incipiente industria química en el país reclamaba especialistas. Fue entonces que un grupo de químicos, dirigidos por el Dr. Fortunato Carranza, tomó la decisión de agruparse, convencidos de que la unión hace la fuerza. Y desde entonces, año de 1933, esta Sociedad mantiene una actividad permanente.

Sus fundadores destacaron por la sabiduría y sobre todo por el ejemplo de sus vidas. Le dieron a la Sociedad un gran impulso inicial. Pero la obra desarrollada a lo largo de casi 75 años no hubiera sido posible, en gran parte, sin la presencia de un hombre clave: El Dr. Juan de Dios Guevara Romero.

Juan de Dios no fue fundador; era todavía estudiante de farmacia, pero ingresó muy pronto a la institución. Para 1938 ya formaba parte del consejo directivo con el cargo de bibliotecario, iniciando así una actividad permanente que duraría hasta el final de sus días (año 2000).

Fue elegido secretario general en 1940, y convertido este cargo en permanente, por una asamblea general, en 1952; sólo interrumpido durante los tres periodos en que ejerció la presidencia (6 años). En este tiempo no ha habido actividad importante organizada por la Sociedad Química, en la que no participara directamente el Dr. Guevara, aun durante los años de su rectorado, casi nueve, en la Universidad de San Marcos.

Entre esas actividades se destacan las siguientes: 24 Congresos de Química (a partir del 2°); entre ellos cuatro fueron latinos o iberoamericanos; nueve Jornadas de Bromatología y Nutrición; siete Jornadas de Bioquímica; seis Jornadas de Fitoquímica; diez Simposios de Educación Química. Todos estos eventos fueron a nivel nacional.

Además, como secretario general - cargo “ad honorem” – debía supervisar el trabajo de cuanta comisión se organizaba; estaba al tanto de sus reuniones y siempre dispuesto a colaborar en lo que fuera necesario. Resultaba siempre grato trabajar en su compañía, pero también exigía resultados; con mucha amabilidad, desde luego, pero convincentemente.

Durante las sesiones del consejo directivo de la Sociedad Química –el primer miércoles de mes– era de admirar el orden en que se desarrollaba la agenda. Impresionaba la meticulosidad al tratar sobre la correspondencia, tanto la remitida como la recibida. No dejaba carta sin contestar, ni olvido en comunicar los acuerdos tomados por el consejo directivo; así fue como se hizo de amigos dentro y fuera del Perú. Muchos de ellos terminarían inscribiéndose como socios activos, o nombrados como socios correspondientes u honorarios de la Sociedad Química.

Redactaba él mismo las cartas y las llevaba personalmente al correo, de donde regresaba cargado con la correspondencia y numerosas revistas depositadas en el casillero postal, dado el intercambio con el Boletín (hoy Revista) de la Sociedad Química. Esta revista salió a la luz con la finalidad de contribuir a la difusión de las ciencias químicas, y de estimular a los investigadores para publicar el resultado de sus trabajos. Fue, y sigue siguiendo, un vínculo de unión entre todos los socios.

Desde que apareciera el primer número (julio de 1934) hasta el presente, han pasado ya 73 años; una publicación trimestral nunca interrumpida. Con el presente número son ya 293; no falta uno. Tamaña permanencia en el tiempo de una revista científica no tiene parangón, al parecer, en nuestro mundo latinoamericano. Ello no hubiera sido posible sin la presencia del Dr. Guevara en la secretaría de la Sociedad, pues aunque no fuera el responsable directo –al existir una comisión de publicaciones– en la práctica sí lo fue. Preparaba todo el material que había de ir a la imprenta y hacía las correcciones de la pruebas. Tal fue así, que ya había empezado a preparar el número que habría de publicar la esquela de su defunción.

La distribución de la revista a los socios corría también por su cuenta. Los envíos al extranjero, sea a los socios correspondientes, por suscripciones o intercambio con otras revistas de química, los depositaba personalmente en la oficina postal. El mismo Dr. Carranza, ya cercano a su muerte, reconoce y agradece a Juan de Dios “por su entusiasmo para trabajar sin desmayo por la sociedad, especialmente a través del Boletín”.

No se puede dejar de referirse a la biblioteca de la Sociedad. Nació en el primer año de su fundación con los donativos de libros de sus fundadores y otros socios. Tiene una buena hemeroteca, gracias a las revistas que recibe por intercambio. Durante muchos años el Dr. Guevara la atendía personalmente. Sólo muchos años más tarde se contrató una bibliotecaria.

Después de esta breve relación de la labor desarrollada por el Dr. Juan de Dios Guevara en la Sociedad Química del Perú, brota espontáneamente una pregunta: de ¿dónde sacaba el tiempo y la fuerza para llevarla a cabo, si recordamos, además, todas las responsabilidades que como docente o administrador tenía en la Universidad?

Juan de Dios tuvo la suerte de contar siempre con el apoyo entusiasta de su esposa, Ana María; ella fue su secretaria y brazo derecho, especialmente en la publicación del Boletín. Además, organizaba las actividades sociales que acompañaban siempre los grandes eventos científicos en la Sociedad Química. Gracias, querida Anita, por todo ese apoyo a través de tantos años.

Si además añadimos el espíritu de trabajo del Dr. Guevara, su entusiasmo por la ciencia, junto con un alma generosa, llena de virtudes humanas y cristianas, unido todo ello a una vocación de servicio hacia los demás, poco común, la repuesta a la pregunta anterior es obvia, ¿verdad?