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Revista Peruana de Ginecología y Obstetricia

On-line version ISSN 2304-5132

Rev. peru. ginecol. obstet. vol.63 no.3 Lima July/Sep 2017



Constantino J. Carvallo Alzamora, primer presidente de la Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología

Constantino J. Carvallo Alzamora, first president of the Peruvian Society of Obstetrics and Gynecology


Ricardo Iván Álvarez1,2,3

1. Médico Cirujano especialista en Patología Clínica, Instituto Nacional Materno Perinatal, Lima, Perú

2. Prosecretario de la Academia Panamericana de Historia de la Medicina.

3. Vicepresidente de la Asociación de Historia de la Medicina Peruana


El doctor Constantino José Carvallo Alzamora fue el primer presidente de la Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología (SPOG), contribuyendo notablemente a su organización normativa y estabilidad institucional. No obstante, su trayectoria profesional ha sido mucho más vasta y diversa, lo que lo convirtió en uno de los médicos peruanos más connotados de la primera mitad del siglo XX. La orden médica en general y los ginecólogos en particular, tenían una deuda con nuestro personaje, ya que hasta la fecha no se había escrito una biografía que se aproximara realmente a su proficua existencia. Por ello, el presente artículo no solo es una investigación histórica, sino también un merecido acto de justicia.

Palabras clave. Carvallo, Constantino José; Perú, Historia de la Medicina.


Constantino José Carvallo Alzamora, MD was the first president of the Peruvian Society of Obstetrics and Gynecology (SPOG); he significantly contributed to its normative organization and institutional stability. However, his more extensive and diverse career made him in one of the most famous Peruvian physicians of the first half of the 20th century. The medical order in general and the gynecologists in particular had a debt to this celebrity, since a biography that really approached his existence had not been written to date. Hence, the current article is not only a historical investigation, but also a well deserved act of justice.

Keywords: Carvallo, Constantino José; Peru, History of Medicine.


El destino de cada hombre está signado fundamentalmente por sus propias palabras y actos. Sin embargo, en muchos casos también es influenciado significativamente por sus ancestros. Ese fue el caso del doctor Constantino José Carvallo Alzamora, quien vino a este mundo bajo la formidable sombra de su padre, el eminente facultativo don Tendulio Constantino Carvallo Loli.

Nadie dudaba que seguiría la profesión de su ilustre progenitor. En realidad, lo que estaba por verse era si podría forjarse un nombre propio, sin que inevitablemente se le asociara a aquel, misión harto complicada para el común de las gentes, pero no para el carácter y la inteligencia de Constantino José.

Su nacimiento y la familia

Nuestro biografiado nació en Lima, el lunes 23 de junio de 1884, en el hogar que formaron el doctor Tendulio Constantino Carvallo Loli y doña Teresa Adelaida Alzamora Pequeño(1,2). Su padre fue el pionero de nuestra Ginecología moderna, introductor de la radiología y la bioseguridad en el país, y también de diversas técnicas quirúrgicas(1).

Esta pareja tuvo además otros hijos, entre ellos Artemio, María Teresa (nació en 1883), Arturo Bernardo (nació en 1888) y Blas Alfonso (nació en 1889). Los abuelos paternos de esta prole fueron el caballero limeño José Calixto Carvallo Rodríguez y la dama huachana María Encarnación Loli Manrique(1).

Estudios escolares y universitarios

Realizó sus estudios escolares en el Colegio de los Sagrados Corazones de la Recoleta y los concluyó en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe(3), ambos prestigiosos planteles de su natal Lima. En el primero de ellos conocería a José de la Riva Agüero y Osma, quien con el trascurrir de los años se convertiría en un connotado historiador y cuya vida estaría ligada a la de nuestro biografiado incluso más allá de la muerte.

Posteriormente ingresó a la Facultad de Medicina de San Fernando de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la que desarrolló una carrera brillante, y aun siendo estudiante se desempeñó como ayudante del Laboratorio Químico Bacteriológico del Hospital Nacional Dos de Mayo (1906) (4), que por entonces estaba dirigido por el doctor Oswaldo Hercelles Monterola.

Igualmente durante su vida estudiantil e incluso ya siendo médico, formó parte de la Sociedad Médica Unión Fernandina y del cuerpo de redacción de la revista La Crónica Médica, órgano de aquella logia de estudiantes.

Como corolario de sus estudios médicos fue interno en el Servicio de Cirugía dirigido por el doctor Guillermo Gastañeta Espinoza, en el Hospital Nacional Dos de Mayo, y en el Servicio de Ginecología del doctor Eduardo Bello Porras en el Hospital de Santa Ana(4).

Este último, en mérito a su sobresaliente desempeño, le concedió el alto honor de reseñar, firmar y hacer público el reporte estadístico correspondiente al año de 1910, en el que figuraron veintiséis cirugías generales y cuarenta y nueve ginecológicas(5), en muchas de las cuales tuvo participación protagónica el joven interno Carvallo Alzamora (figura 1).

En 1908 obtuvo el grado de bachiller con la tesis 'La médula ósea en la Enfermedad de Carrión'(6). Luego, el 15 de febrero de 1911, alcanzó el título de médico cirujano(3), y finalmente en 1913 accedió al grado de doctor con la investigación 'La parálisis infantil aguda epidémica y su tratamiento'(7).

Viajes de especialización, carrera docente y ejercicio profesional

Viajó a Europa en varias oportunidades donde se especializó en cirugía general, obstetricia y ginecología, cirugía infantil y ortopedia en reputados establecimientos de París, Amiens, Berlín, Heidelberg, Viena y Roma(4,8). Su condición de políglota le abrió las puertas para instruirse en dichos centros, aunque siempre tuvo una particular afinidad por el idioma francés, que había escuchado a su entrañable padre prácticamente desde la misma cuna.

Durante una de sus estadías en París, tuvo la ocasión de departir con el afamado cirujano Víctor Pauchet, reconocido como el introductor de diversas técnicas quirúrgicas a nivel mundial, quien conoció a su progenitor en la época en que se especializaba en Francia y al que evocó en las siguientes frases: "no olvido a su padre, un señor muy alegre, sumamente interesante, de tez morena, apasionado por aprender los trucos, que pronunciaba el francés con el acento de los meridionales, como Madame Leticia la madre de Napoleón"(9).

Al regreso de su primer itinerario europeo, se le nombró asistente del Servicio del doctor Bello, en el Hospital de Santa Ana, y paralelamente trabajó en el ámbito privado, inicialmente como ayudante de su afamado padre(4), en la pequeña clínica que había instalado en 1907 en el segundo piso de su domicilio, en el número 579 de la calle Filipinas, en el Cercado de Lima (lugar que contemporáneamente corresponde a la quinta cuadra del jirón Carabaya)(1).

En aquel local permanecía instalado el equipo de rayos X que aprendió a manejar Constantino José, y que fue el primero que existió en Sudamérica, habiendo sido traído a Lima en octubre de 1896(1). El día 22 de aquel mes, se le utilizó para tomar las dos primeras radiografías de nuestros anales médicos, la primera al entonces presidente don Nicolás de Piérola y la segunda al afamado tradicionalista don Ricardo Palma Carrillo(1); esta última es la única cuyo paradero se conoce actualmente.

En 1915, José de la Riva Agüero y Osma fundó el Partido Nacional Democrático junto a un grupo de jóvenes universitarios y profesionales, entre los que se contaba a Víctor Andrés Belaunde, Oscar Miro Quesada de la Guerra, José María de la Jara, Julio César Tello y Constantino José Carvallo Alzamora, es decir, 'el estado mayor de la inteligencia del Perú', como apuntó acertadamente el historiador limeño Juan Luís Orrego.

El manifiesto de su fundación decía: "No somos ni seremos instrumentos de nadie; no pretendemos formar una efímera organización electoral sino un partido serio y permanente". Dicho documento fue calificado por el diario La Prensa como utópico y alejado de la realidad, propio de jóvenes 'soñadores'.

El golpe de Estado perpetrado por Augusto B. Leguía, el 4 de julio de 1919, terminó con las proyecciones políticas de aquel partido y el mismo Riva Agüero se exilió por voluntad propia. Aunque solamente perduró por cuatro años, entre 1915 y 1919, esta fue una formidable tentativa de llevar al poder a una generación bien formada académicamente y comprometida con los destinos del Perú.

El 11 de setiembre de 1918, Constantino José estuvo entre los miembros fundadores de la Sociedad Peruana de Cirugía, cuyo primer presidente fue su padre, y que posteriormente, en 1929, él mismo llegaría a presidir(10).

En 1920, a consecuencia de la muerte de su progenitor, la cátedra de Ginecología quedó vacante en San Fernando, convocándose a un concurso en el que participó junto a Miguel Cecilio Aljovín, quien luego de una reñida competencia logró vencerlo por escaso margen(1). Aquel facultativo ejerció dicho cargo hasta 1934, en que fue reemplazado por su antiguo contendor, que a su vez lo hizo hasta 1952(4).

Sin embargo, la actividad docente del doctor Carvallo Alzamora en su Alma Máter fue más amplia, ejerciendo como jefe de la Clínica Ginecológica (1914-1917) y profesor interino de Anatomía Descriptiva (1919-1920)(4). En la primera de ellas fue uno de los pioneros en el uso de los 'filacógenos' como tratamiento de ciertos procesos infecciosos; tales compuestos eran preparados por la empresa norteamericana Parke Davis y Co. (Detroit, Michigan)(11), en lo que constituyó uno de los intentos científicos más interesantes durante la era preantibiótica.

En 1925 fue admitido en la Academia Nacional de Medicina, institución que logró presidir entre 1942 y 1944(3,12,13). También perteneció a diversas instituciones científicas extranjeras, como la Sociedad Alemana de Ortopedia y Cirugía, el Colegio Americano de Cirujanos(3) y la Sociedad de Cirujanos de Chile.

En 1925, al ser extinguido el Hospital de Santa Ana, pasó a laborar en el flamante Hospital Arzobispo Loayza, donde ocupó la jefatura del Servicio de Cirugía Infantil y Ortopedia, entre 1924 y 1933, y la de Ginecología, entre 1934 y 1952(4).

Según Alayza, el doctor Carvallo Alzamora estuvo entre los que promovieron la introducción de la radioterapia en nuestro país(4), la cual se materializaría en 1925, gracias a su colega Oscar Soto Ahanno, quien instaló en el Hospital Arzobispo Loayza un equipo de 180 Kv de la marca alemana Siemens, el más moderno de la época(14). Además nuestro personaje fue uno de los gestores de la fundación del Instituto Nacional de Radioterapia, hoy denominado Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas(4).

En los primeros días de abril de 1930, le tocó ser partícipe de un dramático evento que tendría honda repercusión en la vida política nacional(15). En aquella ocasión formó parte de la junta médica que asistió al desfalleciente José Carlos Mariátegui, quien se encontraba internado en la Clínica Villarán; dicha junta estaba encabezada por el doctor Fortunato Quesada Larrea y la integraban además los doctores Enrique Encinas, Carlos Villarán, Carlos Roe y Hugo Pesce(15).

Lamentablemente todos los esfuerzos fueron vanos, ya que el estado del ilustre paciente tomó un irremisible curso de deterioro, a tal punto que cerca de las 9 de la mañana del 16 de abril de 1930, el Amauta dejó la vida terrenal e inició su camino hacia la inmortalidad(15). Según Thyssen "Hay pocos datos sobre la enfermedad que lo aquejaba, pero hoy día se piensa que Mariátegui murió por causa de osteomielitis o de tuberculosis"(15).

Ministro de salud pública y asistencia social

Una tarde soleada durante la turbulenta década de 1930, el doctor Carvallo Alzamora recibió la llamada telefónica de una distinguida familia de la ciudad capital, que le solicitaba la inmediata concurrencia a su residencia. Con la premura que el caso aparentaba tener llegó presuroso al lugar que se le había indicado, y allí encontró a un hombre de porte elegante, que estaba presa de una crisis de ansiedad y pletórico de síntomas de diversa índole.

Ya lo conocía, pero esa circunstancia le permitió iniciar una profunda relación amical con él, más aun si gracias a su vasta experiencia médica resolvió rápidamente las dolencias del circunstancial paciente. Este distinguido caballero no era otro que don Manuel Carlos Prado Ugarteche, ingeniero de profesión y político por vocación.

Gracias a ese episodio, y algunos otros más, la opinión de Carvallo respecto a cualquier asunto de salud se convirtió en la última palabra para Prado, quien se hizo un visitante habitual de la casa de su médico de cabecera. Allí aprendió a conocerlo en una esfera mucho más íntima a la que muy pocos tuvieron acceso, en la que el futuro mandatario daba rienda suelta a sus dotes de gran conversador, hombre galante y generoso con sus amigos, pero también hizo evidente su irreprimible temor a los movimientos telúricos que castigaban a Lima de tanto en tanto.

En el primer semestre de 1939, don Manuel Prado presentó su candidatura a la Presidencia de la República por la llamada Coalición Conservadora, que resultó triunfadora en las elecciones del 22 de octubre de aquel año, con el 77,52% de los votos válidos. Fue obvio que al momento de delinear el gabinete le pidiera a su gran amigo, el doctor Carvallo Alzamora, que se hiciera cargo del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

Nuestro personaje desempeñó esta cartera entre el 8 de diciembre de 1939 y el 28 de julio de 1945, es decir, durante todo el primer gobierno de Manuel Prado, lo que constituye un récord que permanece incólume hasta nuestros días(1).

No obstante, el paso del doctor Carvallo Alzamora por esta cartera ministerial no solamente ha quedado en los anales de nuestra historia por su duración inédita, sino porque además la reorganizó por completo, creando y/o renovando gran parte de sus dependencias. Así, en 1940 se instituyó el Departamento Técnico de Nutrición; en 1941 se fundaron el Servicio Nacional Antivenéreo, el Departamento de Ingeniería Sanitaria, el Departamento de Asistencia Hospitalaria, y Beneficencia, y el Servicio General de Educación y Propaganda Sanitaria; y en 1943 se crearon el Servicio Nacional de Vacunación y el Departamento de Bioestadística(16).

A la par se emprendieron agresivas campañas nacionales para el control de la tuberculosis, el paludismo, el tifus exantemático, la peste bubónica y las enfermedades venéreas, hoy mejor conocidas como infecciones de transmisión sexual, y se continuó con la construcción de los comedores populares tanto en Lima como en el resto del país(16). Esta profunda reforma ministerial permaneció sin mayores modificaciones hasta la década de 1980.

Carvallo Alzamora fue el principal artífice de la organización sanitaria y la asistencia social que el gobierno brindó a los centenares de damnificados del terremoto del 24 de mayo de 1940, el cual tuvo una magnitud de 8,2 grados en la escala de Richter, localizándose su epicentro en la costa central del Perú, por lo que causó grandes estragos en Lima, Chorrillos y el Callao.

Si a esta calamidad le agregamos la ocurrencia del conflicto con el Ecuador, entre julio y agosto de 1941, entenderemos porqué los enemigos políticos de Prado aprovecharon tales circunstancias para endilgarle el sambenito de ser un gobernante desventurado, en términos coloquiales un 'salado', que hizo carne en cierta parte de la población peruana.

El miércoles 10 de julio de 1940, la Sociedad Peruana de Cirugía se convirtió en la Academia Peruana de Cirugía, a cuya sesión inaugural concurrió no solo en su condición de ministro, sino también de miembro fundador de la flamante institución (figura 2)(10,17).

El doctor Carvallo Alzamora fue de los ministros que acompañó con mayor frecuencia al presidente Prado durante las numerosas giras con las que pretendió cubrir gran parte del territorio nacional (figura 3). En uno de esos largos itinerarios, esta vez por la sierra sur, nuestro personaje dio muestras de su buen estado físico, contrariando la creencia que los hombres robustos no eran aparentes para desempeñarse en los lugares de altura. Así ascendió a la fortaleza de Sacsayhuaman, se deslizó por el rodadero, trepó a la ciudadela de Machu Picchu y navegó por el lago Titicaca en una gélida noche(18).

Sin embargo, en aquel prolongado derrotero sucedería una curiosa y angustiante anécdota, justo cuando se dirigían al pueblo de Taraco, en la provincia puneña de Huancané(18). Estando muy cerca al punto de llegada, la carretera se vio tomada por centenares de lugareños de Samán, quienes vestidos con gruesos ponchos multicolores, agitaban sus bastones e instrumentos musicales, impidiendo el avance de la caravana, a la vez que provocaban una gran polvareda y gritaban frenéticamente con voz ensordecedora "¡que hueva!, ¡qué hueva!, ¡que hueva!"(18).

Por primera vez el doctor Carvallo Alzamora perdió algo su consabida compostura y con cierta angustia preguntó a los traductores que los acompañaban, ¿qué significaba en quechua esa desaforada expresión? Trascurrieron angustiantes minutos que parecieron interminables, sin tener respuesta alguna. Entonces imaginaron que el "mandatario y toda la comitiva habían sido víctimas del más sensacional atraco de todos los tiempos"(18). Finalmente el asombroso robo quedó reducido a un embarazoso mal entendido, ya que el grupo simplemente estaba gritando "¡que viva!, ¡que viva!, ¡que viva!" y solo pretendía invitar al presidente Prado y su séquito a visitar el pueblo de Samán, en la provincia de Azángaro(18).

El 28 de julio de 1945 llegó a su término el primer período presidencial de aquel gobernante, que fue sucedido por el régimen constitucional que encabezó el tribuno arequipeño don José Luis Bustamante y Rivero, quien designó como ministro de Salud Pública y Asistencia Social al connotado neurólogo don Julio Oscar Trelles Montes, otra de nuestras luminarias médicas del siglo XX.

Fundación de la Sociedad peruana de obstetricia y ginecología

El desarrollo moderno de las especialidades de Obstetricia y Ginecología había dado pasos significativos desde los años subsiguientes a la guerra contra Chile (1879-1883).

Entre fines del siglo XIX y los primeros años del XX, surgieron prominentes tocólogos y maestros de la Obstetricia, como los doctores Samuel García, Ignacio Acuña, Ramón Morales y Rafael Benavides, que precedieron y en algunos casos acompañaron la admirable obra del doctor Enrique Febres Odriozola. Este, gracias a su tesón y profundo conocimiento de la especialidad, logró, en 1924, la autonomía de la antigua Casa de Partos, que había sido fundada en 1826 en virtud a la inspiración del insigne Hipólito Unanue, y que así quedaría convertida en la Maternidad de Lima (hoy Instituto Nacional Materno Perinatal)(19).

Por su parte la Ginecología peruana adquirió la mayoría de edad entre nuestras especialidades médicas, en gran medida por la labor del doctor Tendulio Constantino Carvallo Loli, padre de nuestro biografiado, quien en 1898 inauguró dicha cátedra en San Fernando. Instaló el primer quirófano moderno que hubo en nuestro país, construido en el Servicio de Nuestra Señora de la Meced, en el antiguo Hospital de Santa Ana, e introdujo nuevas técnicas operatorias, el uso de los guantes quirúrgicos, e importó los primeros equipos de esterilización(1).

Pese a todo ello, hacia mediados de la década de 1940 no existía ninguna institución que agrupara a los médicos de estas especialidades, aun cuando ya habían otras entidades científicas como la Sociedad Peruana de Pediatría (fundada el 11 de julio de 1930), la Sociedad Peruana de Urología y Venereología (fundada el 24 de agosto de 1932), la Sociedad Peruana de Tisiología (fundada el 15 de octubre de 1933), la Sociedad Peruana de Radiología (fundada el 24 de noviembre de 1938) y la Sociedad Peruana de Patología (fundada el 25 de octubre de 1945), entre otras(20).

Es así como el lunes 30 de junio de 1947 se fundó la Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología (SPOG) en el antiguo local de la Asociación Médica Peruana Daniel Alcides Carrión, contando con la concurrencia de veinticuatro facultativos(20,21).

Los asociados primigenios eligieron al doctor Constantino José Carvallo Alzamora como su presidente fundador(20,21), quien se encargó de organizar la naciente SPOG, desde el punto de vista normativo y administrativo, procurándole la estabilidad institucional indispensable para su posterior desarrollo.

Su vida personal

En la esfera íntima, el doctor Carvallo Alzamora era un hombre que disfrutaba de la música y amaba vehementemente nuestra gastronomía, siendo esta la principal razón de su robusta figura, que según algunos de sus allegados daba la falsa impresión que poseía una estatura menor a la real.

Era algo reservado con los extraños, pero muy afable y extrovertido con sus amigos. Ello le granjeó una entrañable amistad con los doctores Ricardo Palma Román, hijo del afamado literato, y maestro de Anatomía en San Fernando por varios lustros; Carlos Enrique Paz Soldán, uno de los iniciadores de la medicina social en el Perú; y Carlos Monge Medrano, el pionero mundial en las investigaciones sobre la biología de altura.

Más allá de la profesión médica, también estrechó fuertes lazos afectivos con Manuel Prado Ugarteche y José de la Riva Agüero y Osma, tal como hemos referido anteriormente.

Este último era un hombre muy acaudalado que no tuvo esposa ni hijos, por lo que al fallecer, el 25 de octubre de 1944, heredó gran parte de sus bienes a la Pontificia Universidad Católica del Perú, señalando que el resto de sus pertenencias serían administradas perpetuamente por una junta, que a la vez ejercería el albaceazgo, la cual integraron el doctor Carvallo Alzamora -su amigo de la infancia y médico de cabecera, quien estuvo a su lado durante la breve enfermedad final-, Belén de Osma Pardo, su entrañable prima materna, y Francisco Moreyra y Paz Soldán, una de sus más apreciadas amistades.

El 2 de enero de 1945, nuestro biografiado, como principal albacea testamentario, cumplió con levantar el inventario de las propiedades inmuebles de su difunto amigo, y con ello se hizo posible que tiempo después dicha universidad pudiera tomar posesión de su legado.

Otra faceta de nuestro personaje fue su particular admiración por el esforzado trabajo del Cuerpo General de Bomberos del Perú, al que protegió y apoyó durante largos años, en especial a la Compañía Salvadora Lima N° 10, cuyo local se ubicaba, y permanece hasta nuestros días, en la décima cuadra del jirón de la Unión, casi frente al Club Nacional.

Una peculiaridad de nuestro homenajeado era la costumbre de pagar sus deudas solo los jueves de cada semana, hábito que respetó e hizo respetar estrictamente durante toda la vida. Incluso esta fue la causa de un episodio turbador que ocurrió en su consultorio particular.

En ese lugar se presentó un día martes el representante del Club Nacional, uno de los más copetudos del país y del que era prominente miembro nuestro biografiado. Su propósito consistía en solicitarle el pago de la cuota societaria. Pero como la secretaria le informó que se le pagaría dos días después, aquello provocó la protesta airada del circunstancial cobrador, que llegó a los oídos de nuestro personaje, quien en esos momentos se encontraba atendiendo a una paciente. Sin dudarlo dos veces abrió la puerta para enrostrarle al reclamante sus malas maneras, comunicándole que a partir de ese día renunciaba irrevocablemente a la membrecía de dicho club.

De nada valieron las disculpas del cobrador, que rápidamente se tornaron en súplicas, ya que por añadidura aquel era pariente cercano de una conocida dama limeña que había sido recientemente operada con éxito por el doctor Carvallo Alzamora, quien concurrió al llamado de urgencia en horas de la madrugada y que por tanto merecía la eterna gratitud de aquella familia.

Su desaparición física

En una época en la que la medicina preventiva aun estaba en pañales entre nosotros, descubrió muy tarde que padecía de un cáncer de próstata, cuyo estadio era avanzado y de pésimo pronóstico para la época. Esta enfermedad había cobrado la vida de varios varones de su familia durante las generaciones precedentes y ahora se volvía contra él, reclamando su valiosa existencia.

La muerte finalmente venció a este eminente médico, quien nos dejó para siempre el miércoles 6 de febrero de 1952(2,3), en el calor de su hogar, ubicado en la avenida Wilson N° 950 (hoy avenida Inca Garcilaso de la Vega)(8).

El doctor Carvallo Alzamora había contraído nupcias el 8 de marzo de 1918, con la dama limeña Teresa Valdez Vera Tudela (nacida el 17 de abril de 1892), quien era hija de don Napoleón Valdez Gonzales y doña Delia Vera Tudela y Taramona. Este matrimonio tuvo una descendencia corta para los estándares de aquella época, pues solo tuvo dos hijos: Teresa María Cipriana, nacida el 11 de julio de 1919, y Constantino Alejandro, que vino al mundo en 1922(8).

Este último también fue médico, con lo que se continuó la estirpe galénica familiar iniciada por su abuelo, y a su vez fue padre de Constantino Raúl y Fernando Luis Carvallo Rey. El primero era un notable educador que fundó, en 1978, el Colegio Los Reyes Rojos de Barranco y que lamentablemente falleció prematuramente en 2008, mientras el segundo es un conocido periodista que actualmente labora en Radio Programas del Perú.

Al fallecer doña Teresa Valdez, nuestro biografiado entabló una relación afectiva con la señora Olga López Torres La Hoz, con quien procreó un tercer hijo que fue llamado José Enrique, el cual nació el 29 de noviembre de 1947, en el distrito limeño de Barranco.


El espacio de un artículo resulta absolutamente estrecho para relatar una vida tan intensa y llena de logros personales y profesionales. Hoy a 65 años de su muerte, hemos intentado rescatar su memoria, injustamente difuminada por el trascurrir del tiempo.

Los miembros de la orden médica y en especial sus colegas de especialidad debemos sentirnos orgullosos herederos de esa valiosa obra, pero a la vez comprometidos a continuar con la senda que trazaron él y su célebre padre, en favor del progreso de la Obstetricia y Ginecología del país, pero sobre todo por el gran bien que prodigaron, por mano propia o la de sus numerosos discípulos, a millones de madres peruanas y sus recién nacidos.


El autor desea agradecer la importante colaboración de la señora Carmen María Teresa Gregoria Rey Goyburu, nuera de nuestro biografiado, y del señor José Enrique Carvallo López Torres, su último hijo sobreviviente, sin cuya colaboración hubiera sido improbable llevar a cabo la presente investigación.

Declaración: El material contenido en el presente manuscrito no ha sido publicado previamente o remitido a otra revista biomédica.

Consentimiento: Para la realización del presente trabajo tuvimos el consentimiento y la colaboración de la señora Carmen María Teresa Gregoria Rey Goyburu, nuera de nuestro biografiado, y del señor José Enrique Carvallo López Torres, su último hijo sobreviviente.

Conflicto de intereses: Los autores declaran no tener conflictos de interés.

Financiamiento: Para el desarrollo de la presente investigación no hemos recibido apoyo financiero, material o servicios de organizaciones comerciales.

Citar como: Álvarez RI. Constantino J. Carvallo Alzamora, primer presidente de la Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología. Rev Peru Ginecol Obstet. 2018;63(3):325-332


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Jirón Junín N° 238, Departamento 505, Magdalena del Mar
950 830 526


Recibido: 5 junio 2017

Aceptado: 12 junio 2017

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