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Desde el Sur

versión impresa ISSN 2076-2674versión On-line ISSN 2415-0959

Desde el Sur vol.11 no.1 Lima ene./jun. 2019

http://dx.doi.org/10.21142/DES-1101-2019-171-189 

ESTUDIOS DE INVESTIGACIÓN

 

Los universos opuestos en El camino de regreso, de José de Piérola

Opposing universes in José de Piérola’s El camino de regreso

 

Miguel Vargas Yábar1 ORCID 0000-0003-1605-8592

Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima, Perú

miguel.g.vargas@me.com

 


RESUMEN

La novela El camino de regreso (2007) visibiliza el complejo y conflictivo entramado social de nuestra nación, donde las normas y las leyes operan de manera distinta en función de la raza, la clase social y el lugar de origen de los ciudadanos. La relación conflictiva entre los personajes centrales sirve como metáfora del fratricidio entre compatriotas. El conflicto armado interno conmociona a la nación, pero no afecta de la misma manera a todos sus ciudadanos. A través de sólidos y complejos personajes, la novela realiza una fuerte crítica a las estructuras que posibilitaron el conflicto armado, pero también anuncia épocas de cambio y desarreglos del statu quo. Por ello, en el presente ensayo propondremos que, en la novela, las clases populares, históricamente marginadas y las clases dirigentes, tradicionalmente irresponsables e injustas, finalmente enfrentan cambios de paradigmas sociales. El camino de regreso da cuenta de un nuevo paradigma que busca solucionar problemas, históricamente irreconciliables, a través de personajes de distintas clases sociales que comparten su interés por el progreso, la legalidad y la protección de las mayorías. La novela, desde un registro realista, aporta nuevas significaciones con respecto a lo acontecido a través de las experiencias de distintos actores sociales, por lo que puede afirmarse que están insertos en un proceso literario de verdad que muestra una toma de conciencia por parte del autor respecto del mundo representado y reflexiona sobre las coordenadas sociales y culturales producto del conflicto, posibilitando la revisión crítica de las mismas.

PALABRAS CLAVE

Conflicto armado interno, Tarata, discurso social, comunidad andina, modernidad


ABSTRACT

The novel El camino de regreso (2007) focuses upon the complex nature of Peru’s social structure, where norms and laws operate differently, according to social class, race and origin. The conflictive relationship between the main characters serves as a metaphor for fratricide among fellow countrymen. The armed internal conflict shakes the nation but does not affect all its citizens in the same way. Through fully realized and complex characters, the novel strongly criticizes the structures that made possible the military conflict, but also announces changing times and disruption of the status quo. This essay proposes that what we see in the novel is a change in the social paradigm in which the working classes have been marginalized historically and the ruling classes have traditionally displayed irresponsibility and injustice. El camino de regreso offers a version of a new paradigm that seeks to resolve historically irreconcilable issues, through characters from different social backgrounds who share a common interest in progress, the rule of law, and the protection of the working class majority. The novel gives new meanings to historical events through the experiences of different social actors, inserted within a process of literary truth that demonstrates the author’s concerns regarding the world depicted, and reflects upon the social and cultural upheavals resulting from conflict, while offering a critique of those same upheavals.

KEYWORDS

Armed internal conflict, Tarata, social discourse, modernity


La novela El camino de regreso (2007), de José de Piérola (Lima, 1961), presenta universos e intereses contrapuestos y antagónicos, segmentados, fragmentados y divididos, correspondientes a diversos sectores de la población: uno conformado por quienes gozaban de muchos privilegios (que representa, en general, el centro, es decir, lo occidental, Lima, y más específicamente la autoridad gubernamental y la burguesía limeña; es decir, la denominada «república de blancos», como parte integrante de una vigente dicotomía existente en lo que respecta al imaginario poscolonial nacional), y el otro, por los menos favorecidos y más vulnerables a las injusticias perpetradas por quienes han detentado el poder a lo largo de los siglos, y también a aquellas que fueron producto del conflicto armado interno (que representa, en general, la periferia, lo andino y la sierra, y, más específicamente, a las comunidades andinas; es decir, a la denominada «república de indios», como el otro elemento de la dicotomía). Los sectores y actores sociales de esta historia y los discursos sociales correspondientes a los primeros son, a saber: 1) una nueva generación, con una visión multicultural, más inclusiva y justa y con preocupación por los derechos humanos; 2) una familia burguesa con un perfil patriarcal, racista, criollo y gozante de privilegios, que representa a una clase social alejada y poco empática con la situación crítica del país (ante la cual ha actuado, históricamente, con irresponsabilidad o incluso al margen de la ley), y cuyos valores están en proceso de decadencia ante la presión que viene ejerciendo una nueva generación, con un discurso social desfasado como consecuencia de un desencuentro ético y un cambio generacional, aunque algunos de sus miembros muestran una toma de conciencia sobre los derechos civiles por parte de los distintos sectores de la población, incluidas las comunidades andinas2 (otro de los actores sociales que, ciertamente, se encontraba en proceso de articularse a la modernidad, y en el que lo colectivo tiene primacía frente a lo individual, expresado en la prevalencia o superposición de los intereses de la mayoría, esto es, de lo comunitario, a los intereses personales); 3) Sendero Luminoso (SL), que es representado con el nombre de Vanguardia Roja y es encabezado por el «presidente Ramiro»3 (en alusión al «presidente Gonzalo», «jefatura del Partido y la revolución»), se presenta en la novela como un proyecto que busca mejorar las condiciones de vida y proveer justicia para las mayorías históricamente olvidadas por la nación, opuesto a la posición y los intereses representados por Tato Rosselli (que representa a una familia de inmigrantes y a los nuevos ricos), pero su fracaso parece radicar, de acuerdo con el autor, en el uso excesivo de violencia por parte de sus miembros, los subversivos; y 4) los militares, que defendían al Estado en su combate contra los subversivos y su «Nuevo Estado», también denominado como «República Popular de Nueva Democracia», pero cuyas víctimas, en ambos casos y por lo general, correspondían a miembros de las comunidades campesinas andinas. En el caso de los últimos dos actores sociales, sus discursos políticos guardan correspondencia con ideologías unificadoras que empujan a la muerte a sus combatientes en función de sus ideales4 : uno que se ha construido desde la Colonia como maquinaria de sometimiento social que abarca casi todos los aspectos de la vida del hombre y que ubica la riqueza económica en el lugar supremo, y otro que, basado en el «pensamiento» del líder del partido, el «presidente Ramiro» (que hace referencia, en la novela en estudio, al «marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo»), propugna, en teoría al menos, la mejora y la justicia social. Estas ideologías unificadoras también cobran muchas vidas de inocentes, de víctimas con rostros desconocidos o lejanos, al colocar sus ideales por encima de la vida humana, sin respetar los derechos humanos, conforme ocurrió en el conflicto armado interno acontecido en el país.

En relación con el referente contextual principal en la novela El camino de regreso (2007), se puede señalar que corresponde al periodo de violencia política en el Perú ocurrido de 1980 a 2000 (Comisión de la Verdad y la Reconciliación, CVR, 2003), signado el conflicto armado interno, y más específicamente se encuentra contextualizado en la Lima de los años noventa en Lima y hace una referencia inicial a 1992, en que se produjo el atentado con coche bomba en Tarata, Miraflores, Lima, que signa un punto de inflexión.

Por otro lado, en lo que respecta a su descripción y trama, se puede señalar que El camino de regreso cuenta la historia de dos amigos5, que constituyen los personajes principales de la obra: Fernando Robles y Antonio Toledo Rebassa. Robles proviene de la alta burguesía empresarial costeña, y su padre, Arturo Robles, murió en el atentado con coche bomba contra un edificio residencial, producido durante el segundo año del gobierno de Alberto Fujimori, en julio de 1992, en el pasaje Tarata6, en Miraflores, Lima, en el que participó Antonio con el nombre de «camarada Abel»7; además, su familia es propietaria de la mina La Merced. Toledo Rebassa es hijo de un mecánico automotor, Severino Toledo, y Trinidad Rebassa, ambos andinos. Creció en una pobre urbanización de Lima, Huancashuasi, y proviene de la clase trabajadora andina y, más concretamente, de la comunidad de San Pedro de Ucumari, en la sierra central del Perú. Inicialmente, algunas personas de la comunidad apoyan la lucha armada de Vanguardia Roja —como él mismo, pues optó por formar parte de esta8—, mientras que otros, como su padre, Severino, o su primo, Octavio, la consideran criminal y asumen el trabajo que el sistema ofrece como única forma de progreso social. San Pedro de Ucumari mantiene una histórica y tensa relación con Tato Rosselli, dueño de la mina La Merced9, y coludido con autoridades locales corruptas para obtener beneficios por encima de la ley, lo que muestra también, por otra parte, el fracaso del Estado en el cumplimiento de sus funciones y en la protección de los derechos de las comunidades andinas. Fernando Robles y Antonio Toledo Rebassa se conocen en Lima, en la tradicional y prestigiosa Pontificia Universidad Católica del Perú, pero se distancian por razones económicas cuando el segundo deja esa casa de estudios del sector privado debido a que le resulta excesivamente costosa, y se traslada a la Universidad Nacional de Ingeniería, del sector público10. La amistad llega a su fin como producto de las contradicciones propias del conflicto armado interno y tiene un desenlace funesto: ambos se enfrentarán hasta las últimas consecuencias, debido a que Fernando, ajeno a los conflictos sociales, nacido en una posición privilegiada y que emprendía una nueva vida en Estados Unidos trabajando como inmigrante, rompe ese propósito al enterarse de que Antonio Toledo participó de la muerte de su padre. Decidido a enfrentarse con él y darle muerte en venganza, regresa al Perú desde San Francisco, Estados Unidos (lo que constituye «el camino de regreso», que, precisamente, motiva el título de la novela en estudio), e inicia un recorrido por los Andes en la camioneta blindada del tío Tato, tras fingir interés por conocer las minas, cuando lo que buscaba, en realidad, era dar muerte a Antonio. Esto, a su vez, se constituye, en la obra, como una metáfora que sugiere una guerra fratricida entre compatriotas en el país, que nunca llegó a constituirse como nación, sino solo como un conjunto de colectividades en medio de una nación en formación. Fernando es acompañado por el guardaespaldas Benancio, un expolicía destacado a Ayacucho en 1982, cuya esposa, amada y embarazada, Lily, murió en un ataque subversivo en Cayarí11, asesinada a manos de un «blanquiñoso» vanguardista, de pelo enrulado, anteojos de carey, pantalón vaquero y camisa de limeño12, como producto de una reacción instintiva y cruel. Benancio «no pensó jamás que vería un pituquito [Fernando] que tiene todas las comodidades del mundo perseguir a un terrorista» (p. 195). Así, ambos resultan víctimas del conflicto armado interno y los une la pérdida de seres queridos y la búsqueda de los culpables.

No obstante, la novela El camino de regreso también muestra un paradigma diferente con la solución de problemas irreconciliables a través de personajes de distintas clases sociales: un abogado comunero, Rómulo Cahuana, cuyos estudios de Derecho fueron encargados por la comunidad para que pueda defender a la «comunidad andina» (p. 251)13, a quien dice representar y a la que hace valer sus derechos, apoyado por el propio Fernando y por su amiga y abogada Eva Bravo, que simboliza a la clase media y a la mujer emergente, moderna, educada y profesional, con sentido social, y que trabaja para el Instituto Democracia Libre14. Ambos pertenecen a clases sociales y a culturas muy distintas y siempre con distintos niveles y grados de percepción con respecto al universo social, pero comparten su interés por el progreso, por los cambios sociales, que la coyuntura parece también favorecer15, y que solo son viables a través de la justicia, la legalidad y la protección de las mayorías. Ello implica luchar por desmantelar un aparato opresor, abusivo y discriminatorio, en defensa de la comunidad de San Pedro de Ucumari (poseedora de la propiedad ancestral de sus tierras, que son afectadas por la actividad minera, pues sus integrantes recibieron los títulos de propiedad del «mismísimo rey de España» [p. 86]), como lo principal, así como ayudar en la defensa de sus dirigentes comunales, que habían sido acusados falsamente de subversivos «vanguardistas» por Tato Rosselli y las autoridades corruptas, y para quienes logran tramitar su liberación al haber sido injustamente encarcelados, aunque queda en promesa su liberación. Así, entre el comunero andino y abogado Rómulo, el joven aristócrata Fernando y la abogada de clase media emergente de la ciudad, que se articulan como agentes de cambio a contracorriente de la sociedad criolla y patriarcal ahora en crisis, se constituye una nueva sensibilidad, que propone el lugar de la diferencia como un espacio para el debate y la comunicación, ya que sujetos de distintos universos socioculturales, pero de una misma generación, son capaces de establecer diálogo y negociar de manera democrática una solución o arreglo ante la problemática que se afronta.

Por otra parte, la estructura de la novela presenta varios aciertos, como el recurso de las cajas chinas, que permiten que las subtramas se sucedan dentro de una mayor, o la descripción del entorno material de los Rosselli (saturada de imágenes y elementos que enfatizan los lugares que habita, urbanizaciones, clubes y lugares de encuentro privados y de lujo) y los privilegios económicos que posee la familia en contraste con las muchas carencias del Otro peruano (representado por Antonio Toledo, hijo de Severino, mecánico de autos). Sin embargo, lo importante son las descripciones y las acciones, así como las causas que las motivaron, por lo que la violencia subversiva resulta el trasfondo de la novela. En tal sentido, se puede afirmar que las acciones y descripciones en El camino de regreso permiten un acercamiento al universo de privilegios de un sector de la población, en contraposición al de sectores sociales menos favorecidos y más vulnerables a las injusticias cometidas históricamente por unos pocos que han detentado el poder, y también como consecuencia del conflicto interno y fratricida ocurrido en el país, representada primero en la ruptura amical entre los personajes centrales de la obra, Fernando y Antonio, y luego en el posterior desenlace, cuando el primero busca vengarse del segundo a través de su eliminación física o muerte. Ambos personajes eran universitarios, pero de distinta clase social: la familia del primero, acaudalada e integrada por migrantes e hijos de migrantes, forma parte y representa a la alta burguesía empresarial costeña, cuyos principios y valores están en crisis y proceso de decadencia frente a la presión que viene ejerciendo una nueva generación, con una visión multicultural, más inclusiva y más justa; mientras que el segundo personaje forma parte de la clase trabajadora serrana. En conjunto y contraste, la novela muestra dos Perús distintos y con una inmensa brecha entre ellos, con el trasfondo de la violencia subversiva producto del conflicto armado interno que indirectamente ha provocado los sucesos referidos en el libro. Es resaltante que en cada uno se presentan diversos niveles y matices propios, incluso a nivel familiar, por lo que, al destacar las diferencias, se aporta una mayor riqueza y complejidad en lo relativo a los actores sociales y a su mundo social presentados, lo contrario a las típicas reducciones simplistas que remiten solo, por ejemplo, a un enfrentamiento de «ricos» versus «pobres», de «malos» versus «buenos», etc.

En ese contexto, y también como ejemplo de ese mostrar universos distintos (representados, por ejemplo, en los mundos dispares de Fernando y Antonio) y hasta contrapuestos en el interior de los grupos, se redunda en el carácter dialéctico y no monolítico que se suele presentar en estos. Además, se permite observar diversos registros y sociogramas16, que dan cuenta de divergencias, matices y posiciones contrapuestas, como en el caso de la novela que es objeto de este artículo. Por ejemplo, en el seno de la familia de Antonio, este y su padre, Severino, discuten sobre la revolución, pues el segundo se opone a ella y a que su hijo participe de la toma de armas. Antonio, partidario de la causa revolucionaria, le dice: «jamás llegarás a tener ni una fracción de lo que tienen los dueños del Perú» (p. 69). Severino, orgulloso de sus logros en Lima, le responde: «todo lo que tenemos [...] con mi esfuerzo lo he conseguido, deslomándome, con la esperanza de que algún día fuera para el hijo que tuve [...] cuando yo llegué [a Lima] pedregal era todo esto, yermo era, pero ahora vive gente, familias decentes, que respetan la vida de sus semejantes, gente honrada que no le debe nada a nadie» (p. 70). Al haberse hecho la alusión de que Vanguardia Roja —que alude, como ya se ha señalado, a SL— no respeta la vida de sus semejantes, Antonio le pregunta y comenta a modo de réplica: «¿Te has fijado en la avenida? Sigue sin asfaltar17, después de 12 años [...] El Gobierno, los burgueses, esos son los verdaderos asesinos, solo que mandan a sus sicarios para que hagan el trabajo sucio» (p. 70). De esta forma, se pone la mirada en otro tipo de violencia social y estructural, representado por el largo abandono y olvido de las autoridades respecto de las necesidades de la población (simbolizadas por una avenida sin asfaltar durante 12 años), que, además, evidencia que las autoridades y las fuerzas del orden siempre han estado al servicio de los burgueses más ricos y poderosos. Pero también esa contradicción en el seno de la familia se expresa en la comunidad, pues unos están a favor, simpatizan o apoyan el proyecto subversivo (incluso en la comunidad del camarada Abel existen subversivos), y otros están en contra, como los familiares de Abel, su padre, Severino, y su primo, Octavio, y vecinos de la comunidad que se oponen a las propuestas del Partido y a sus métodos para la consecución de su proyecto, ya que consideran que el progreso puede obtenerse por medios legales y sin hacer uso de la violencia. Con ello se muestra que las propias personas y los diversos grupos sociales revelan siempre dos campos, dos universos contrapuestos, aunque complementarios, es decir, un universo y un carácter dialéctico en todo lo referido. También se da cuenta de diversos lenguajes y formas culturales que refieren discursos sociales en la obra, por medio de las mediaciones y los sociogramas.

Asimismo, se puede afirmar que los discursos presentes en la novela analizada presentan la experiencia histórica y sus efectos (pues, además de referir el fenómeno de violencia política y mostrar de forma casi objetiva el contexto, dado por las estructuras sociales y políticas que la originan, propician o están implicadas en ella, se muestran también los cambios radicales experimentados en el Perú con respecto a la movilización social desde la década de 1980, la inclusión social y la oficialidad, por ejemplo), y proponen nuevas significaciones y modos de entender y percibir lo acontecido a través, precisamente, de un conjunto de perspectivas y vivencias de distintos actores sociales. Puede afirmarse que se encuentran insertos en un proceso literario de verdad que, por un lado, muestra una toma de conciencia por parte del autor respecto del mundo representado a través de la obra analizada y, por otro lado, reflexiona y profundiza sobre las coordenadas sociales y culturales, producto del conflicto armado interno en nuestro país, y posibilita su revisión crítica, a la vez que aporta a una mejor lectura de la novelística peruana de la violencia política (1980-2000), ya que aborda también diversos tópicos y elementos, como los referidos a la raza y clase social, a la pobreza y el conflicto, al conflicto y la periferia, al conflicto y las nuevas generaciones, entre otros.

En relación con los narradores en la novela analizada, se puede afirmar que tiene un narrador principal omnisciente, encargado de dar voz a la mayoría de los personajes de la novela y de interferir en mayor o menor grado en su psicología y su accionar. El narrador presenta diversas posturas frente a los diversos actores sociales y mediaciones en la novela, y muestra las divergencias no solo en campos distintos y opuestos, sino también en el interior de las organizaciones y grupos sociales, incluidas las familias. Así, para el caso de Vanguardia Roja (SL), ello se expresa, por ejemplo, en el hecho de que se afirma que sus miembros, si bien van por el camino de la violencia (condenado por el narrador), persiguen fines dirigidos a mejoras sociales. Mientras tanto, para el caso de los militares y policías, muestra que no toda la Policía es corrupta y que, en algunos casos, como el del expolicía Benancio, poseedor de saberes y habilidades y con ética, ayudan y salvan las vidas de los demás. Para el caso del Gobierno, expresa que, si bien es defectuoso, negligente y ausente, no siempre está organizado para destruir. Finalmente, la burguesía se representa con el lado oscuro y patriarcal de la familia Rosselli a través de Tato; también se refiere a que esta es poseedora de valores familiares, éticos, artísticos, entre otros. Por ello, el autor, si bien da cuenta de los problemas sociales y graves fallas del sistema social y económico, no tiene una visión rígida sobre ello, sino, más bien, dialéctica, pues centra en los diversos aspectos que presenta la realidad y los grupos sociales con sus intereses y valores, y propone una vía ideológica representada por el camino de la legalidad y la justicia, como lo expresan en su búsqueda Eva y también Fernando y Rómulo18, a quienes la primera permite articular al servir como nexo entre Fernando (que representa a la burguesía o una facción de esta), Rómulo (que representa a la comunidad andina) e instituciones o grupos relacionados con la defensa de los derechos humanos (que apoyan legalmente a los comuneros acusados injustamente de terrorismo por el sistema). También se busca que los derechos de las personas sean respetados independientemente de sus diferencias relativas a sus orígenes, raza y condición socioeconómica, que las comunidades —en las que el interés comunitario antecede al individual— sean respetadas, y que el Estado sí represente y se encuentre en función y al servicio de todos los ciudadanos y no solo de la gran burguesía y los grupos de poder, representados por los ricos y las mineras en la novela. Pero también se presenta en el libro un narrador secundario, autodiegético (que narra en segunda persona, lo que permite una mayor introspección sobre un personaje y sus acciones). Este narrador da voz al camarada Abel, que, por convicción ideológica y decisión personal, ha renunciado a su vida individual (a sus aspiraciones, familia, amigos, etc.), en pos de lo colectivo, y ha abrazado y asumido, en ese camino, una nueva familia: el Partido19. Al hacerlo, establece una distancia estratégica en relación con los demás personajes de la novela, ya que lo singulariza e interioriza, al posibilitar al lector adentrarse en su mente, y, además, se hace cargo de sus pasajes críticos, al describir detalladamente ciertas vivencias relacionadas con su accionar, marcado, ciertamente, por estar siempre en acción (que se realizaba en función de un móvil político), en la clandestinidad, solo y perseguido, jugándose la vida en medio de la violencia desatada y de la que forma parte.

Asimismo, de acuerdo con lo señalado, se puede afirmar que las mediaciones centrales en la novela están constituidas por una nueva generación (multicultural y preocupada por los derechos humanos y la defensa de los derechos de los más vulnerables, víctimas del estado de excepción y de un Estado prepotente y corrupto que protege a las élites), la familia patriarcal (criolla, racista, empresarial e históricamente privilegiada por el sistema y cuyos valores van quedando desfasados), SL (que, en la novela, es llamado Vanguardia Roja) y, finalmente, la comunidad andina (autodeterminada y autosuficiente y en proceso de articulación a la modernidad). En relación con los sociogramas, se puede afirmar que esta novela pone énfasis en los del militar-policía, del subversivo, de la autoridad gubernamental, de la burguesía limeña capitalina y de la comunidad andina. En cuanto al militar-policía, se presenta una visión con aspectos positivos, como a través del personaje Benancio, un policía ejemplar, que fue un estudiante meritorio al haber sido «espada de honor en su promoción» (p. 172) y al haber ejercido su misión como policía de forma profesional, con compromiso, justicia y sacrificio y como hombre de valores familiares y sociales. Como contrapartida en la novela, existen aspectos negativos de otros policías y militares, como cuando la Policía, coludida con los directivos de la mina La Merced, detiene injustamente20 y por venganza a los dirigentes de la comunidad de San Pedro de Ucumari, a quienes acusa de terrorismo. Además, se muestran otros actos abusivos que resultan hasta perversos en exceso, como cuando el primo de Abel, Justiniano, reconoce «a los dos policías que habían ultimado a Ruperto Condori, descerrajándole un tiro en la nuca, para después cortarle sus partes, que en la boca le habían metido, como animal, dejándolo detrás del cementerio» (p. 181), o cuando el comando militar Héctor Carrillo llega a casa de Severino, padre del camarada Abel, para vengarse por las actividades subversivas del hijo, y pese a que Severino explica a los militares que, en la urbanización Huancashuasi, no había terroristas, le disparan, sin embargo, a quemarropa21. Ello muestra que las fuerzas armadas y policiales no asumen la defensa de las mayorías y desprotegidos, sino, por el contrario, solo de los ricos y poderosos, incluido, por ejemplo, la del presidente (en el caso de los escuadrones policiales antisubversivos de la Guardia Civil denominados «sinchis»)22y «los dueños del Perú» (en el caso de los soldados en Lima, en tiempos del «toque de queda»23, 24). En cuanto al subversivo, es representado por el grupo que atacó al pueblo de Cayarí y también por el «camarada Abel» (antes: «Antonio Toledo», con convicciones políticas definidas que lo llevan por el camino de las armas, aunque presenta dudas o «fisuras» en su convicción, como en el contexto de la acción vanguardista para asesinar25al juez Ayala26)27, a quienes se presenta como violentos. Se da a entender que el uso excesivo de la fuerza por parte de estos fue una de las causas de su fracaso, aunque también se indica que sus fines estaban dirigidos a mejoras sociales, por lo que, en concordancia con Roxana Camán (2013), se puede decir que esta novela humaniza al personaje subversivo28. En cuanto a la autoridad gubernamental, se muestra su ausencia en el apoyo a los pueblos en su derecho de autonomía e independencia29 y en la lejanía e indiferencia del Estado30respecto de esa otra realidad representada por los pueblos andinos y olvidados en zonas alejadas del país durante el desarrollo del conflicto armado interno). Por su parte, la burguesía limeña capitalina se muestra como correspondiente al Perú costeño y privilegiado económica y materialmente, como en el caso de la familia Rosselli y su universo de comodidad y abundancia (su sociograma representa el statu quo, el poder contrapuesto al interés de las mayorías y los más vulnerables). La burguesía limeña es el grupo social menos afectado por el conflicto armado interno, pero sufre cambios y desfases como consecuencia del cambio generacional y de su propia decadencia). Finalmente, la comunidad andina se presenta en proceso de articulación a la modernidad. Es retratada en el personaje colectivo constituido por la comunidad de San Pedro de Ucumari, libre de patrones y con autodeterminación y autonomía, a diferencia de otras, y que es capaz de resistir las influencias externas y gestionar su propia defensa. Además, funciona como modelo de lo comunitario, donde los intereses de la mayoría se superponen a los intereses individuales. Sin embargo, como en los demás grupos sociales, se presentan matices, voces y divergencias entre los propios comuneros, pues algunos (como en el caso de Antonio Toledo, que, al incorporarse a «Vanguardia Roja» [que alude a SL], deviene en el «camarada Abel», y su vida presenta muchísimos cambios, afectaciones y carencias, y representa específicamente al Otro peruano) apoyan la lucha armada, mientras que otros civiles y comuneros la consideran criminal, sin apoyo popular (una de las razones por las que no prosperó ni triunfó la subversión), y conciben que el trabajo que el sistema ofrece es la única forma de progreso. Es el caso del primo de Antonio, Octavio, que trabaja como «maestro tornero de la metal mecánica Progreso de La Victoria» y es «dirigente de la Asociación de Vecinos de Cerro del Agustino» (337), donde ya vive y en donde, entre otros, borra las pintas con lemas políticos31 hechas por los vanguardistas; le recrimina su postura subversiva: «quiero que sepas que yo también vengo de Huancashuasi, que soy tu familia, que he comido en tu misma mesa, yo te maldigo, te maldigo por todas las muertes que has cau sado, por la muerte que causarás: ojalá te mate la persona que menos esperas, a golpes como a un perro» (p. 341). Asimismo, le explica que cientos de inocentes han emigrado a Lima, de la sierra, precisamente por ello, y que Huancashuasi «ahora es un pueblo abandonado por culpa de tu revolución que no triunfará [...] porque nosotros, el pueblo, los que trabajamos con nuestras manos, no lo apoyamos» (p. 340).

Así también, en el sentido de lo señalado, se puede notar que, en la familia de Fernando, la sensibilidad social y el respeto por el Otro tienen también diversas voces y registros:

Tato recordó que la primera vez que esos piojosos llegaron a su oficina, trajeron uno de esos tinterillos que se contrata al destajo en el jirón Lampa. Querían sangrar a La Merced. Pobres ignorantes. Pensaban que la puna estaba empedrada de oro. No sabían que antes de obtener una onza troy32, una sola, hay que mover hasta nueve toneladas de roca, nueve toneladas que hay que triturar con maquinaria alemana, nueve toneladas que se convierten en polvo que va a las pozas de flotación donde se gasta cianuro de potasio importado, luego hay que fundir, refundir, hasta que, después de gastar miles de dólares, aparece en el centro de la matriz humeante una insignificante barrita de oro puro. Pero ese es solo el principio, porque el dinero que se pueda conseguir en el mercado europeo ya viene comprometido para pagar gravámenes, gastos de transporte, impuestos, aceitadas de mano, planillas, gastos generales, gastos de representación, amortizaciones, sin contar con las fluctuaciones del mercado internacional ni con los astronómicos gastos de seguridad. Ni era tan fácil ni se ganaba tanto dinero como pensaban esos piojosos (p. 140).

Se puede concluir que la novela El camino de regreso, de José de Piérola —que tiene como referente contextual el periodo de violencia política ocurrida en el país, de 1980 a 2000, como producto del desarrollo del conflicto armado interno—, busca reflexionar de forma crítica y profundizar sobre la experiencia histórica vivida y sus efectos, es decir, sobre las coordenadas sociales y culturales que produjo, con la finalidad de arribar a nuevas significaciones y a un mejor entendimiento al respecto.

Asimismo, se puede afirmar que esta novela, basada en acciones y descripciones, permite un acercamiento al universo de privilegios de un sector de la población, en contraposición al de sectores sociales menos favorecidos y más vulnerables a las injusticias cometidas por unos pocos que han ostentado el poder a través de siglos y también como consecuencia del propio conflicto armado interno, lo que evidencia la idea de dos Perús distintos y con una inmensa brecha entre ambos, cada uno con diferencias, niveles, matices propios y hasta divergencias en los distintos grupos sociales e incluso a nivel familiar.

Finalmente, se debe señalar que, para el análisis, se ha hecho uso de aportes sustanciales de la sociocrítica como una fuente rica de especificaciones aplicada al discurso social en la literatura, para lo cual interpreta y semiotiza diversos lenguajes, discursos y formas culturales. También se ha tenido como herramientas de estudio las mediaciones y los sociogramas, a partir de representaciones heterogéneas del mundo en interacción, en especial en lo relativo al del militar, el subversivo, la autoridad gubernamental, la burguesía limeña capitalina y la comunidad andina, en los que se pone énfasis en la novela. Estas representaciones permiten localizar y profundizar en los distintos discursos expresados, en los que subyacen ideologías, perspectivas y fuerzas sociales, y que operan a través de actores sociales individuales o colectivos (Sendero Luminoso, los policías y militares, el Gobierno, la burguesía y la comunidad andina), de los que se da cuenta en el universo que representa desde la ficción. En lo relativo a la burguesía, se presenta alejada y poco empática con la situación del país, además de racista y criolla, con principios y valores que están en crisis y proceso de decadencia frente a la presión que ejerce una nueva generación, con una visión multicultural, más inclusiva y más justa, y que manifiesta su preocupación por los derechos humanos y la legalidad. A su vez, en la comunidad andina lo colectivo tiene primacía frente a lo individual y que se encuentra en proceso de articulación a la modernidad.

 

Contribución del autor

Miguel Vargas Yábar ha participado en la concepción del artículo, la recolección de datos, su redacción y aprobación de la versión final.

Fuente de financiamiento

Autofinanciado.

Conflictos de interés

El autor declara no tener conflictos de interés.

Citar como: Vargas, M. (2019). Los universos opuestos en El camino de regreso, de José de Piérola. Desde el Sur, 11(1), pp. 171-189.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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Recibido: 5/1/2019

Aprobado: 20/4/2019

 


1 Magíster en Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). En la actualidad prepara su tesis doctoral en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos sobre novela peruana y violencia política (1980-2000). Participa en congresos sobre literatura y publica trabajos en revistas especializadas. Ha publicado el libro Las empresas del pensamiento. Clorinda Matto de Turner (1852-1909) (2013).

2 Así, al respecto, se puede señalar que el discurso social de El camino de regreso es portador de varios registros con respecto a la alta burguesía limeña: en el interior de la familia Rosselli, además de Tato Rosselli (que da cuenta de un sector social con mucho poder y privilegios, que impone la «otredad» contra los comuneros e indígenas, y que presenta principios y valores en crisis, y en contradicción con una nueva generación de ciudadanos con una visión multicultural e inclusiva y conscientes de los derechos de los demás y de sus propios derechos), se encuentran personajes portadores de valores éticos y estéticos, y a favor de cambios estructurales en función de mejorar la situación de los más desfavorecidos. Entonces, se presenta, por un lado, una burguesía con muchísimo poder y privilegios y poco empática con la compleja situación social del país y, en particular, con los menos favorecidos, aunque, por otro lado, ciertos miembros de la familia Rosselli se alejan de dicho perfil y crean una grieta en dicha estructura —como en el caso de Gabriel (literato rebelde y progresista), de la tía de Fernando, Hilda, y del propio Fernando (a quien su condición social no le impide reconocer los abusos que su clase y familia han cometido en contra de grupos subalternos, como los actos ilegales cometidos por su tío en complicidad con un sistema que favorece a los poderosos, además de que se plantea la necesidad de realizar cambios sociales estructurales, incluso si el patrimonio familiar está en juego)—, con lo que se da cuenta, de acuerdo con Marc Angenot y Régine Robin (1991), de que sería el escritor quien «primero reconoce plenamente el carácter problemático, cacofónico, conflictivo, incierto de los modos en los que el discurso social sirve para representar el mundo» (p. 55) y que este «se encarna en personajes múltiples que permiten al escritor ya sea crear portavoces únicos, ya sea la mayoría de las veces, figurar lo heterogéneo gracias a una panoplia de personajes» (p. 73).

3 Este es descrito en la novela por la abogada Eva Bravo como un «hombre canoso» de lentes con montura metálica al estilo de la década de 1970, que aparecía de saco guiando a masas de revolucionarios en los carteles que Vanguardia Roja pegaba en las universidades, y que hace referencia a un conjunto de afiches y murales con la figura de Abimael Guzmán Reynoso que el PCP-SL colocaba en universidades bajo su control o influencia. Más específicamente, es probable que aluda a los afiches «¡¡Cinco años de guerra popular!!» (de mayo de 1985) y «Desarrollar la guerra popular sirviendo a la revolución mundial» (de agosto de 1986) del PCP-SL, en los que se presenta a Abimael junto a escenas e hitos del conflicto armado interno en el país.

4 De acuerdo con Mao Tse-Tung (1937, t. I, p. 318): «En la sociedad de clases, cada persona existe como miembro de determinada clase, y todas las ideas, sin excepción, llevan su sello de clase».

5 La amistad entre ambos —uno proviene de la alta burguesía, mientras que el otro procede del pueblo y de una zona rural del interior del país— se desarrolla más allá de diferencias raciales, sociales, económicas, etc. Al respecto de la discriminación racial en el Perú, debe señalarse que esta se acentuó y constituyó como una institución importante desde la Conquista. En la novela, se expresa o condensa, por ejemplo, en una conversación de Fernando Robles: «Lo que pasa, gordo, es que abajo está Antonio [...]. Un indio es un indio, aunque estudie en la [Universidad] Católica, y eso no lo podemos cambiar, ¿no? [...] Dile al último inca que vaya a pastar llamas tocando su quena» (pp. 116-117), y también cuando un antiguo conocido de Fernando, Danilo Michelli, le dice, al referirse al balneario limeño de Punta Hermosa, que hace mucho que no va porque «todo se ha maleado, las torres se caen a cada rato, en cualquier sitio te pueden caer esos indios de mierda, ¿no sabías?» (p. 74).

6 Este atentado provocó una gran conmoción en toda Lima y tuvo gran repercusión a nivel nacional e internacional, puesto que causó la muerte de 25 personas y más de 150 heridos, así como la grave afectación de diversas edificaciones, entidades y comercios. Además, implicó que la violencia política alcanzaba a ciertos sectores de la sociedad limeña que hasta ese entonces no se habían visto afectados directamente por el fenómeno de la violencia. Así, en la novela, este atentado se presenta como un acontecimiento central para el desarrollo de su trama y de inflexión para ciertos sectores y generaciones de las clases más privilegiadas.

7 El nombre puede hacer referencia a una haplología del nombre Abimael, es decir, a un proceso fonológico de elisión o eliminación de fonemas que consiste en la reducción de dos sílabas muy parecidas o idénticas y contiguas a una sola: bi-ma, en este caso.

8 No obstante, debe señalarse al respecto que, de forma hábil y con mirada escudriñadora a los vanguardistas, los integrantes de la comunidad logran ahuyentarlos, luego de que en metonimia de la institucionalidad del Estado peruano moderno, que, por cierto, guardó siun inicio les «siguieron la cuerda» y antes de recurrir a la subprefectura de Castrovirreina, lencio administrativo sobre lo denunciado por la comunidad: «la autoridad ni siquiera tuvo la gentileza de responder» (p. 87), en lo que se encuentra implícito un fracaso por parte de las autoridades del país en lo que atañe a la ausencia o a una muy deficiente administración de justicia hacia los habitantes de las zonas andinas alejadas de la capital, en particular. No obstante, debe señalarse que los comuneros, al ahuyentar con medios propios a los vanguardistas, se diferencian de los de las comunidades vecinas (representadas, en la novela, por la comunidad de Jujuro, víctima de la violencia política), al presentarse la comunidad como un personaje colectivo libre de patrones y con autodeterminación, capaz de resistir a las influencias foráneas y, más aún, capaz de fortalecer su identidad defensiva y combativa en escenarios hostiles frente a interlocutores igualmente hostiles, lo que le permite defenderse de influencias negativas externas, a más de funcionar como ejemplo de lo comunitario y la colectividad, que tienen primacía frente a lo individual, pues, en esta, los intereses de la mayoría se superponen a los intereses personales.

9 Esta clase de conflictos surgen a partir de la implantación de mineras que despojan de tierras o dañan el ecosistema de los habitantes de los lugares donde operan, principalmente en la serranía del Perú, y, en el caso de la novela, se muestra que Tato Rosselli ha encubierto maliciosamente un reporte técnico que demuestra que la laguna de la comunidad de San Pedro está siendo envenenada por los relaves de la mina La Merced, y, además, ha montado un engaño para que los dirigentes de San Pedro sean acusados de terroristas «vanguardistas» y encarcelados. Pero, además, la propia mina muestra las dos caras de la realidad peruana, signada por desigualdad y grandes diferencias y en la que no hay ciudadanía homogénea ni existe una sociedad igualitaria, ni tampoco una sola geografía: así, por un lado, por ejemplo, uno es el lugar donde se encuentra el edificio corporativo de La Merced, con elegantes y ultramodernas oficinas, y otro es el lugar y la geografía donde queda la mina La Merced, en la que se observa que, desde hace siglos, prácticamente no ha pasado el tiempo.

10 Se conoce que el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) infiltró diversas universidades del país con la finalidad de captar e incorporar a nuevos miembros mediante un trabajo de movilización y formación política de simpatizantes universitarios.

11 Durante el ataque, «el blanquiñoso miró al puesto [policial], luego a Lily [embarazada], agachada, temblando, el vestido de dénim azul mojado con el agua salpicada de la pila. Quizá comprendió la relación, porque volteó, y le disparó a Lily en el pecho. Lily cayó, sin quejarse, todavía protegiéndose la barriga con las manos» (p. 171).

12 Lo señalado guardaría correspondencia con lo señalado por Dynnik Asencios (2016, p. 65) luego de entrevistar a miembros y exmiembros del PCP-SL: «Algunos de los entrevistados refirieron que, ya para los años noventa, muchos jóvenes de Lima, principalmente los que habían estado "prisioneros" o aquellos que ya habían sido identificados o detenidos, eran desplazados al campo».

13 Este hecho da cuenta de que Rómulo Cahuana y su comunidad viven un proceso de integración en el sentido más amplio.

14 Por sus siglas (IDL), referiría a la organización no gubernamental Instituto de Defensa Legal, que, precisamente, durante el conflicto armado, asumió la defensa de algunos acusados por delito contra la tranquilidad pública y terrorismo, y de la que se decía que tenía especial escrupulosidad en determinar la inocencia de los presos antes de comprometerse con su defensa o patrocinio legal. Así, al respecto, por ejemplo, la novela da cuenta de un pasaje en que Eva visita un hospital de Collique con el objeto de cerciorarse acerca de la inocencia de una joven que pensaba defender: «Era estudiante de la UNI, no tenía ningún antecedente, venía de una familia de obreros, pero antes de defenderla, Eva quiso cerciorarse» (p. 44).

15 La coyuntura señalada hace referencia a que se muestran tiempos en que se reclaman la inclusión social, la diversidad cultural y el Estado de derecho como el camino para la consecución de la paz. En ese contexto, el aporte de la cultura andina adquiere relevancia, puesto que muestra que lo colectivo se ubica y debe ubicar por encima de lo individual.

16 Al respecto, se debe señalar que, para el presente artículo, se consideran los aportes sustanciales de la sociocrítica (Cros, 1986, 1993; Bourdieu, 1990; Angenot y Robin, 1991; y Angenot, 2010) como una fuente rica de especificaciones aplicada al discurso social en la literatura (cuya práctica interpreta y semiotiza lo real o fragmentos de este en diversos lenguajes, discursos y formas culturales) y que tiene como herramientas de estudio las mediaciones y los sociogramas (Angenot y Robin, 1991) —a partir de representaciones heterogéneas del mundo en interacción—, que permiten localizar y profundizar en las distintas ideologías, perspectivas y fuerzas sociales que operan en los universos representados en las novelas de estudio.

17 Se hace referencia al lugar donde se encontraba la casa de Severino, en uno de los «pueblos jóvenes» o «asentamientos humanos» que se ubicaron en las zonas aledañas o periféricas de Lima, en los conocidos actualmente como «conos», como resultado de un proceso de migración andina, que tienen sus antecedentes en la década de 1940 y que continúa hasta hoy, y del que la novela da cuenta.

18 Se puede afirmar, al respecto, que los personajes de la novela Eva Bravo, Rómulo Cahuana y Fernando Robles representan una tríada, correspondiente a nueva generación que busca cambios sociales basados en la justicia y la ley, y respetando las diferencias de origen, raza, clase social, entre otras.

19 Al respecto, conviene considerar lo señalado por Victoria Guerrero (2013, pp. 448-449) en relación con que, en el caso de los miembros de SL, «la familia era reemplazada por una narrativa desde el Partido ("la gran familia", nombre con el que sus miembros también hacían referencia a este)».

20 Al respecto, se narra en la novela que «La madrugada que los detuvieron, alguien había metido volantes por debajo de las puertas, había izado la bandera roja a la entrada del pueblo: lo demás, los cartuchos de dinamita, las comunicaciones mimeografiadas del Comité Central [que era integrado por dirigentes nacionales del PCP-SL, y constituye uno de los más altos organismos de dirección de la organización, junto con el Comité Permanente Histórico y el Buró Político, como máximas instancias orgánicas de dirección del PCP-SL], todo eso lo llevó la policía» (p. 279).

21 En relación con lo referido, conviene señalar que, conforme lo indica la CVR (2003), la lucha contra la subversión reforzó en miembros de la Policía y efectivos militares «prácticas autoritarias y represivas preexistentes» y, asimismo: «La tortura en interrogatorios y las detenciones indebidas [...] adquirieron un carácter masivo durante la acción contrasubversiva» (conclusión 46, t. VIII, p. 250), y, además, constató que las violaciones más graves de los derechos humanos por parte de agentes de la Policía y agentes militares correspondieron a «ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada de personas, torturas, tratos crueles, inhumanos o degradantes», así como una «práctica extendida de violencia sexual contra la mujer» (conclusión 57, t. VIII, p. 251).

22 En la novela, se narra una escena en que estos descienden del primer helicóptero que acompaña al presidente del Perú al pueblo de Cayarí, «vestidos de negro, armados como para la guerra» (p. 171), e izan la bandera peruana, con lo que se denota, en este caso, la función de estos en la protección del presidente y para asegurar el cumplimiento del ritual patriótico relacionado con la bandera y el himno nacional. Asimismo, al respecto de los mismos, se debe señalar, por ejemplo, que, luego de que fue «declarado el estado de emergencia en Ayacucho, en octubre de 1981» (CVR, 2003, t. VIII: 250), la CVR constató que «la intervención del destacamento policial contrainsurgente denominado los Sinchis hizo crecer las violaciones de los derechos humanos, generó resentimientos y distanció a la Policía de la población» (conclusión 43, t. VIII, p. 250).

23 El toque de queda, como su nombre lo indica, hace referencia a la prohibición de circular libremente por las calles de una ciudad. Lo establece la institución gubernamental, en horas nocturnas por lo general, debido a una situación de guerra o conmoción interna en un país o ciudad. Para el caso de Lima, esta medida fue tomada durante la época de desarrollo del conflicto armado interno, y se ejecutaba desde las 22:00 hasta las 6:00 horas. En tal sentido, por ejemplo, el 10 junio de 1992, con la finalidad de contener la ola de atentados del PCP-SL, y, en particular, el uso de coches bomba, se prohibió en Lima, de forma temporal, el tránsito de vehículos motorizados particulares entre las 22:00 y las 5:00 horas, salvo que se encontraran debidamente autorizados, se contara con salvoconducto o se tratara de una emergencia.

24 Al respecto, se puede señalar, por ejemplo, que el narrador hace referencia a que «los soldados [que] patrullaban otras calles, anchas avenidas asfaltadas con flores en la berma central, avenidas donde había autos nuevos en los garajes, avenidas donde dormían su sueño ensimismado los dueños del Perú» (p. 66). Se tiene así entonces que el sociograma del soldado o militar implica también la especial protección de los ricos, y, así, una vez más, los menos favorecidos son quienes reciben menos o ninguna protección por parte de las fuerzas del orden, pese a estar llamadas, por función, a defenderlos. Asimismo, por contraparte, Mao Tse-Tung (1945) señala, en relación con las características del ejército popular, que sus hombres «se han unido y luchan, no por los intereses egoístas de unos cuantos individuos o de un reducido grupo, sino por los intereses de las grandes masas populares y de toda la nación» (p. 218) y agrega que «el único propósito de este ejército es mantenerse firmemente junta al pueblo chino y servirlo de todo corazón» (p. 218).

25 El hecho aludido correspondería a lo que SL denominaba, entre sus «formas de lucha», «aniquilamiento selectivo», que tenía la finalidad, para el caso de análisis (al tratarse de una autoridad o funcionario), de «destruir a los representantes del Estado burocrático» (p. 67), conforme así lo señala la CVR (2003) en cuanto a la expansión del conflicto armado interno en el Perú entre 1986 y 1992.

26 El juez referido había recibido la Orden del Sol «por haber condenado a más de mil delincuentes subversivos [...] y había propuesto la transferencia de todos los casos de terrorismo al Tribunal Militar, recomendando, además, que se tipificara dicho delito como traición a la patria, para el cual el Código de Justicia Militar contempla la pena capital» (p. 26). Al respecto, conviene señalar que, conforme da cuenta Asencios (2016), por «un conjunto de faltas y violaciones contra las garantías legales», «durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua (del 22 de noviembre de 2000 al 28 de julio de 2001), se decidió anular los juicios realizados en los fueros civil y militar con tribunales (jueces) sin rostro. Este pedido no solo fue realizado por los procesados y los sentenciados por delito de terrorismo y por organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, sino que también se expresó en diferentes informes de comisiones internacionales relacionadas con temas de derechos humanos» (p. 42).

27 En ese contexto, si bien, por un lado, se muestra que Abel tiene el valor y la destreza para llevar a cabo operativos de aniquilamiento, por otro, aparece en este la duda: «El mundo ya no era el mismo. Porque frente al juez, cuando debía cumplir tus órdenes, te había pasado lo impensable» (p. 29). Por eso, dice el narrador: «pasaste a lo importante: qué esperaba el pueblo de ti, cómo probarías esta vez que seguías llevando la vida en la yema de los dedos», lo que guarda relación con lo señalado por la CVR (2003) respecto de la disposición de «llevar siempre la vida en la punta de los dedos», pagar «la cuota» y «cruzar el río de sangre» (128) en el caso de los miembros de SL, que hacen referencia a su disposición de entregar la vida por el Partido y la Revolución y a atravesar incluso los genocidios que el enemigo podría aplicar. Por otra parte, Abel no sospechaba que la frase que acuñó el juez («todo terrorista es culpable hasta que se pruebe lo contrario» [p. 29]) le saldría al paso en el momento de enfrentar al juez señalándole al corazón con el cañón del fusil. El juez «pronunció unas palabras lentas [...] pero tú oíste lo que tu memoria te trajo, fue aquella frase: Todo terrorista es culpable hasta do, caído en la vereda, con una gota de sangre bajándole de los labios, los anteojos de oro prendidos de una oreja» (p. 47), en circunstancias en que el juez moribundo le dice a Abel: «escoria maldita. Los exterminaremos a todos ustedes, porque son la mierda que tiene que limpiarse de este país [...] dispara, basura, mátame [...] Todo terrorista es culpable hasta que se pruebe lo contrario» (p. 48); con lo que así se expresa en el sujeto subversivo Abel, que, aunque tiene convicciones políticas definidas por las que ha asumido el camino de la lucha armada, aún presenta dudas en momentos críticos, como parte de su desarrollo y quizá de «contradicciones pequeñoburguesas» en su interior, además de que debe considerarse que Abel no es un soldado profesional, sicario o asesino, por lo que resulta comprensible que sienta distintas emociones o debilidades. En una situación como la señalada y como parte de lo que considera una lucha por una causa noble, por la justicia y la igualdad. Al respecto, además, conviene señalar que, si bien se ha solido y suele señalar a la organización SL como un todo monolítico y sin fisuras, como parte de una construcción de representaciones estereotipadas y explicaciones generalizadoras acerca de tal organización, como señala Asencios (2016), en sentido contrario, el PCP-SL «siempre fue diverso, y lo fue más a finales de los años ochenta y principios de los noventa» (p. 21): «Desde su proceso de reconstitución hasta su desarrollo posterior durante el conflicto bélico interno que inició, el PCP-SL nunca llegó a ser una organización homogénea por completo, a pesar de que aparentaba una unidad ideológica y política monolítica» (p. 21).

28 Para Roxana Camán (2013), «esta novela humaniza al personaje subversivo a diferencia de la mayoría de narraciones (novelas o cuentos) en los que este personaje, como la mayoría de personajes de este corpus, es un estereotipo» (6), y propone que el personaje subversivo de la novela ha evolucionado «en el contexto literario pasando del estereotipo a la humanización» (p. 6), así como en el porqué de sus actos: «siendo el subversivo un producto social es importante conocer cómo la sociedad le da origen» (p. 6), tal como se observa en la novela en el caso de Antonio, que es muy crítico de la injusticia social que aqueja al país, expresada a través de las profundas diferencias sociales y económicas, como producto de un sistema de privilegios para una minoría criolla que ostenta el poder.

29 Como, por ejemplo, cuando, a principios de la década de 1990 y frente a la amenaza directa de los vanguardistas al pueblo de San Pedro de Ucumari, la subprefectura de Castrovirreina «ni siquiera tuvo la cortesía de responder» (p. 87).

30 Como cuando, por ejemplo, se narra en la novela que, en 1982, descendió de un helicóptero en la pampa de Cayarí, en Ayacucho, el presidente de la República (en alusión a Fernando Belaunde —cuyo mandato presidencial fue de 1980 a 1985, aunque, ante la violencia subversiva que ya se desarrollaba en Ayacucho y en el interior del país, capitulando a su responsabilidad, entrega el control de la lucha antisubversiva a los militares en octubre de 1982—) y visitó «brevemente» el destacamento policial en el que había sido destacado Benancio como policía, donde trabajaba junto con su mujer embarazada. El presidente es mostrado como «un hombre mayor, distinguido, de cejas grises y cara tan blanca como si nunca hubiera visto el sol» y con «olor a colonia importada» (p. 169), y aparentemente preocupado por la situación de la región: «Estamos recorriendo la zona [dice el presidente] porque nos preocupa el problema de los abigeos» (p. 169), pero que muestra ignorancia, ingenuidad y encontrarse de espaldas a la realidad andina, pues los considerados por este inicialmente como «ladrones de vacas» eran, en realidad, los vanguardistas o subversivos, que ya habían iniciado sus acciones armadas desde 1980 y que, para ese momento, se encontraban en franco crecimiento y expansión en la zonas andinas alejadas y olvidadas del país.

31 Las pintas a las que se hace referencia, con consignas alusivas a la organización Vanguardia Roja, se inscribirían y formarían parte de la denominada «cuarta forma de lucha» que el PCP-SL desarrolló, y que comprende e implica la «agitación y propaganda armada».

32 Unidad equivalente a 31,1034 gramos. Se utiliza para medir el peso de metales preciosos.

 

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