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Boletín de la Academia Peruana de la Lengua

versão impressa ISSN 0567-6002versão On-line ISSN 2708-2644

Bol. Acad. peru. leng.  no.73 Lima jan./jun. 2023  Epub 30-Jun-2023

http://dx.doi.org/10.46744/bapl.202301.002 

Artículos

Las etimologías de los japonesismos de origen propiamente nipón del DLE1

Etymologies of Japanese words of Japanese origin in the DLE

Les étymologies des mots japonais d’origine proprement nippone dans le DLE

Santiago J. Martín Ciprián1 
http://orcid.org/0000-0002-6750-4532

1Universidad Tokai, Japón smartcip@tokai-u.jp

Resumen:

En el presente artículo2 se propone una revisión de la etimología de las palabras de origen propiamente japonés que aparecen en la edición actual del Diccionario de la lengua española (DLE). Se ha rastreado la formación y la evolución primeras de estas palabras dentro de los niveles protojapónico y protojaponés, así como sus cambios desde el idioma antiguo hasta el premoderno o moderno, antes de servir como base para los préstamos a las lenguas europeas y finalmente al castellano. La intención primordial de este trabajo es proporcionar una guía que facilite su labor al lexicógrafo cuando elabore etimologías, tanto para el DLE como para los diccionarios históricos de la lengua castellana.

Palabras clave: lengua japonesa; lengua española; DLE; Lexicografía; Lingüística histórica

Abstract:

This article proposes a review of the etymology of words of properly Japanese origin appearing in the current edition of the Diccionario de la lengua española (DLE). The first formation and evolution of these words has been traced within the Proto-Japonic and Proto-Japanese levels, as well as their changes from the ancient to the pre-modern or modern language, before serving as a basis for borrowings into European languages and finally into Spanish. The primary intention of this work is to provide a guide to facilitate the lexicographer’s work when elaborating etymologies, both for the DLE and for the historical dictionaries of the Spanish language.

Key words: Japanese language; Spanish language; DLE; Lexicography; Historical Linguistics

Résumé:

Cet article propose une révision de l’étymologie des mots d’origine proprement japonaise compris dans l’édition actuelle du Dictionnaire de la langue espagnole (DLE). Il retrace la formation et l’évolution premières de ces mots au sein des niveaux proto-japonique et proto-japonais, ainsi que leurs mutations, de la langue ancienne à la langue pré-moderne ou moderne, avant de servir de base aux emprunts aux langues européennes, et enfin à l’espagnol. L’intention primordiale de ce travail est de fournir un guide qui rende plus facile le travail du lexicographe lors de la préparation des étymologies, tant pour le DLE que pour les dictionnaires historiques de la langue espagnole.

Mots clés: langue japonaise; langue espagnole; DLE; Lexicographie; Linguistique historique

1. Introducción

Los japonesismos, las palabras de origen japonés de la lengua española, tienen, principalmente, dos orígenes bien diferenciados: nipón propiamente dicho, por un lado, y préstamos de procedencia china, por otro. Ejemplos del primer origen serían caqui, catana, harakiri o ikebana; del segundo origen, biombo, bonsái, bushido o daimio. En otro artículo (Martín Ciprián, en prensa-a) ya he dado cuenta de los préstamos de procedencia china, los que pertenecen al estrato del idioma llamado on’yomi 音読み. En el presente artículo pretendo informar al lector sobre las etimologías de origen exclusivamente japónico, aquellas que pertenecen a la parte del vocabulario no prestado, sino original, el llamado en el propio idioma nipón kun’yomi 訓読み, ajeno a la inmensa influencia sinítica que ha experimentado la lengua del país del sol naciente.

En este breve artículo no deseo hacer una historia de la evolución detallada de estas palabras dentro de la lengua japonesa, del proceso de inserción en la nuestra, ni de sus cambios posteriores al haber entrado en ella3. Sencillamente pretendo dar razón de las etimologías más antiguas, volviendo hasta el protojaponés o el protojapónico, los idiomas de origen de la lengua del país del sol naciente, reconstruidos por los lingüistas. Para ello, he hecho referencia a las investigaciones que me han parecido más relevantes y esclarecedoras con respecto a estas palabras.

2. Metodología

En este artículo he recopilado las palabras de la edición actual del Diccionario de la lengua española (DLE). Si bien me he ceñido a la estructura estándar de las entradas del diccionario, me he tomado la libertad de utilizar una amplitud de espacio en la glosa de este estudio imposible de usar allí. Para no agobiar al lector no especialista en lengua japonesa, no he citado en cada caso la página The Japanese Language Through Time (TJLTT), a la que hago referencia en cada una de las palabras. De haberlo hecho así, la lectura de este escrito habría sido -considero- engorrosa, y se habría alejado, por tanto, de mi verdadera intención: poner al alcance del lector de lengua española el origen primero de estas palabras, familiares para los hablantes, pero de las que incluso el especialista en historia del idioma conoce generalmente bastante poco con respecto a su raíz última. A quien esté verdaderamente interesado en profundizar en ellas o verificar mis afirmaciones le será fácil encontrar estas referencias consultando los apéndices de TJLTT.

Todas las formas de chino medio citadas en este trabajo se basan en la obra de Schuessler (2007, 2009), que he cotejado siempre con las propuestas por Karlgren (1940, 1954, 1957). La obra de este último autor es la base de todos los estudios de esta disciplina (los de Schuessler, principalmente, son una puesta al día de estos). También he tenido en cuenta las ideas de Li Fang Kuei (1971/1974-1975). Para la valoración de la fonología del chino medio, he contado con la ayuda del manual de Baxter (1992) y de Baxter y Sagart (2014). No he ignorado tampoco la investigación de Pulleyblank (1984, 1991) al momento de considerar esas formas, si bien no he hecho uso directo de su sistema.

Lamentablemente, no existe consenso con respecto a los valores fonológicos ni fonéticos del japonés antiguo ni al modo de representar sus fonemas, en especial, por lo que hace a las vocales. La mayor parte de estas representaciones son solo completamente inteligibles para los especialistas no en estudios japoneses en general, sino específicamente en estudios de lingüística histórica nipona. Así pues, en este artículo, siempre que no se advierta de lo contrario, he utilizado una interpretación y una transcripción de los fonemas de ese período histórico que siguen de cerca el sistema que, desde mi punto de vista, es el más sólido y fundamentado: el propuesto por Miyake en su tesis doctoral (1999), resumido y mejorado en su monografía de 2003. Los valores de esta transcripción son casi los mismos que los del Alfabeto Fonético Internacional (AFI); confío en que el lector no iniciado en los detalles de la lengua japonesa antigua no tendrá mayor problema en comprender e interpretar esa transcripción, puesto que solo separa esta de la de Miyake que la grafía <y> no representa una vocal anterior redondeada, sino, siguiendo la tradición japonológica, un fonema semivocálico parte de un diptongo, con valor [j] en el AFI. En algunos casos, tras la transcripción del japonés antiguo propuesta por Martin, he incluido la de Miyake entre paréntesis, sin normalmente atribuir a este la última. En la representación del japonés moderno y premoderno, he utilizado el sistema Hepburn reformado, como se suele hacer en los trabajos de estudio de este idioma no destinados a especialistas en lingüística japonesa.

Por lo que hace a la reconstrucción del protojaponés (la protolengua origen de todas las variedades japónicas insulares, excepto las de las islas Ryukyu) y el protojapónico (base de todas las variedades japónicas, las insulares y las que en su día se hablaron en la península coreana), me he basado principalmente en las obras de Martin (1987), Vovin (2020) y Frellesvig (2010), además del volumen colectivo Proto-Japanese , editado por Frellesvig y Whitman (2008). Para las formas de la protolengua que produjo las variedades japónicas habladas en las islas Ryukyu, he consultado la tesis de Thorpe (1983) y el monumental volumen publicado por Ninjal-De Gruyter sobre estas lenguas (Heinrich et al., 2015).

Hasta poco antes de su fallecimiento, en marzo de 2022, Vovin se encontraba en el proceso de redacción de un diccionario etimológico de los idiomas japónicos, que, con toda seguridad, habría de ser un trabajo definitivo en este campo. Esa labor la realizaba junto a un equipo de especialistas extraordinarios, lo que hacía el proyecto realmente sólido: era, sin duda, el culmen dentro de la carrera y la obra inmensa de Vovin. Si bien sabemos que su figura es irremplazable dentro de nuestro campo de investigación, deseamos que, aunque sea con retraso, su equipo pueda dar fin a la obra del maestro. Si esto fuera así, mis conclusiones en este escrito se verían sin duda corregidas en muchos puntos y contradichas en bastantes otros. El tener algún día que desdecirme y rectificar las teorías vertidas en estas líneas tras la lectura de ese diccionario sería una gran alegría para quien escribe y un tributo inmejorable para la memoria de un ser tan extraordinariamente generoso como fue Alexander Vladimirovich Vovin.

3. Análisis

3.1. aikido 合気道, 合氣道

Proviene del japonés ai-ki-dō, compuesto de un primer elemento, ai 合い, forma nominal del verbo au ‘unir, juntar’ 合う; de un segundo, ki, del chino medio k h jei C (chino moderno ) ‘aire, espíritu’, y de un tercero, (japonés premoderno dau), del chino medio dâu B ‘camino, método’ (chino moderno dào).

Presento dos formas alternativas en sinogramas de la palabra aikido, 合気道 y 合氣道. La primera es la grafía corriente en la lengua japonesa moderna. La segunda, la arcaica, anterior a la reforma y simplificación posterior a 1945.

Martin (1987) postuló que la evolución del verbo au desde la protolengua sería *apa-u > apu > au. Por consiguiente, ai habría evolucionado de esta manera: *apa-i > api > ai. Sin embargo, en honor a la verdad, Martin no propuso para el japonés antiguo una forma apu, sino afu (esta f representa un fonema bilabial fricativo o aproximante [ɸ], no labiodental [f]). He sustituido su afu por apu siguiendo el consenso actual dentro de la disciplina. Entre la forma antigua api [aɸi] y la moderna ai es posible postular una intermedia *awi (basándonos en lo observado en el proceso de evolución de las formas con estructura (C)Vpa > CVwa, un contexto en el que esa w intermedia no desaparece, como en kapa > kawa ‘río’ 川). No obstante, aunque considero que la existencia de esa etapa es verosímil y muy probable, las características de la escritura japonesa no me permiten determinar con certeza ni la cronología de ese cambio ni la verdadera naturaleza de la evolución de la secuencia (C)Vpi hasta (C)Vi.

La C de k h jei C y la B de dâu B son sendas marcas de tono del chino medio, tonos diferentes a los del chino moderno. Sigo en ello la notación de Schuessler en toda su obra (en particular, 2007 y 2009). El lector interesado en este fenómeno hará bien en consultar el extraordinario artículo de Sagart (1999), en el que da cuenta pormenorizada del origen y evolución del sistema tonal chino.

Los problemas específicos de las formas del estrato de vocabulario go’on (préstamos chinos producidos durante los siglos vi y vii), al que pertenecen ki ‘aire, espíritu’ 氣 y ‘camino, método’ 道, por otro lado, los he detallado en un reciente artículo (Martín Ciprián, 2023).

3.2. caqui (kaki) 柿

Proviene del japonés kaki, este quizá del adjetivo protojaponés *aka-ki ‘el que es rojo’ o del compuesto *aka-ko-i ‘la planta roja’.

Aunque el kaki es una planta originaria de China, no es posible rastrear el origen del nombre japonés en ninguna de las variantes históricas de esa lengua. Según Baxter y Sagart (2014), la forma correspondiente a este fruto (y árbol) 柿 en chino antiguo sería /*[dz]rijB ʔ/. De acuerdo con Karlgren (1957), habría existido un chino medio [dźi ] (los corchetes en la transcripción de Baxter y Sagart marcan fonemas de naturaleza probable, pero no segura). Ninguna de estas palabras muestra similitud con kaki y no se encuentra ninguna forma coreana ni de otra lengua vecina, como el ainu o las demás de Asia oriental, con una fonética similar, por lo que lo más lógico es concluir que kaki es una construcción nativa.

La atribución de la palabra moderna kaki a una protoforma *aka-ki (como apunta Martin) es solo especulación y presenta, desde mi punto de vista, bastantes dificultades para ser admitida como definitiva. De un lado, sería más esperable que, en lugar de la desinencia atributiva -ki, apareciera la predicativa -si al derivar un sustantivo desde un adjetivo, tal como sucede con su-si ‘sushi’ 寿司. Por otro lado, la alteración de la raíz *aka- en ka-, con pérdida de a- inicial, es irregular y se necesitaría explicar por qué el adjetivo akaki 赤き mantiene esa vocal inicial y el supuesto sustantivo *akaki, que tiene la misma estructura fónica que este histórico adjetivo akaki ‘rojo’, no lo hace.

Contra *aka-ko-i ‘la planta roja’, se puede objetar más o menos lo mismo por lo que hace a la caída de la a- inicial. Con respecto a si el resultado de la contracción (o monoptongación) de la supuesta secuencia *-oi es coherente o no en su resultado final, es difícil decir nada, puesto que no conocemos de ningún texto antiguo en el que la palabra kaki aparezca notada con transcripción fonográfica y no logográfica. Si bien, según el diccionario Nihon Kokugo Daijiten 日本国語大辞典 (2000), la palabra kaki está atestiguada en la época antigua (en un documento komonjo 古文書, datado en el año 770, del Shōsōin 正倉院, el gran archivo imperial de Nara), se trata no de un texto de escritura fonográfica, sino logográfica, por lo que no se puede asegurar que la naturaleza de esa vocal i fuera (en términos de Miyake) una anterior /i/ o central /ɨ/, como se esperaría en caso de que hubiese sido producto de una contracción de una secuencia *oi.

Para terminar: la semántica de ko-, variante de ki ‘árbol’ 木 (por ejemplo, en ko-dachi ‘arboleda’ 木立), haría que *aka-ko-i significara ‘el árbol rojo’. En el caso del kaki, lo rojo no es el árbol en sí, sino el fruto. Si bien una construcción con sentido metonímico o traslaticio no sería imposible, esta dificultad, unida a las de carácter fonético aludidas, me parece que hacen difícil aceptar esta etimología.

3.3. catana (catán) 刀

Proviene del japonés katana, compuesto de kata ‘lado’ y na ‘filo’.

El origen de kata ‘lado’ no está nada claro. Martin propuso en la entrada correspondiente de TJLTT una protoforma *ka[na]-ta ‘una mano/miembro’, y dio como ejemplo la construcción de eda ‘rama’ 枝 (supuestamente *do-n-ta ‘cuatro manos/brazos’ > *yoda > yeda > eda). La forma *kana ‘uno’ aparece en compuestos, especialmente en verbos, como kaneru ‘combinar’ 兼ねる, kanau ‘ser apropiado’ 叶う y kazoeru ‘contar’ 数える. El segundo elemento de este posible compuesto sería *ta, la forma original de ‘mano’ (te 手 en la lengua moderna). Martin también propuso *kata ‘hombro’ 肩 como origen de esta palabra, pero considero que debió hacerlo con muy poca convicción, porque el kata de ‘lado’ y el de ‘hombro’ presentan diferencias acentuales difíciles de explicar si se remontan ambas a una misma forma en la protolengua. Finalmente, hizo referencia también a que Ōno Susumu 大野晋 (1962) conecta esta forma con el mongol kaltas y el tungús kaltaka, ambos con el significado de ‘mitad’.

El segundo elemento del compuesto, *na ‘filo’, no es una forma histórica, sino reconstruida gracias a su uso en compuestos como kana (kanna en japonés moderno) ‘nivel (de carpintero)’ 鉋 o nata ‘trampilla’ 鉈.

3.4. harakiri 腹切り

Proviene del japonés hara-kiri (variante léxica coloquial y a veces jocosa del formal seppuku 切腹), compuesto de hara ‘vientre’ (japonés antiguo para) y de kiri, forma sustantiva del verbo kiru 切る ‘cortar’.

La forma antigua de hara, como he señalado, es para. Existe una palabra histórica, wata ‘intestinos’ 腸, que, según Martin, se remontaría a una reconstruida *bata, la cual en la lengua de Yonaguni (Ryukyu) significa, precisamente, ‘vientre’. Quizá fuera otro testimonio de esa raíz; es posible que el origen de *bata sea una forma anterior: *na-pata > *n-pata > *bata > wata. El significado de *na es ‘dentro’ (en japonés moderno, con un reforzamiento -ka, lo que produce la forma na-ka 中), por lo cual *na-pata sería literalmente ‘dentro del vientre’. Las oclusivas sonoras interiores del japonés histórico proceden todas de una secuencia fónica [*N + C], por tanto, este proceso de sonorización mediante una nasal no es extraño al idioma.

3.5. ikebana 生花

Proviene del japonés ike-bana, compuesto de ike 生け, forma sustantiva del verbo ikeru 生ける ‘dar vida’, y bana, variante de hana 花 ‘flor’ (japonés antiguo pana), usada como segundo elemento en algunos compuestos.

La raíz del verbo ike-ru, ike- (que aquí funciona con un valor sustantivo), se remonta a la protoforma *ika-i (*ika-Ci según la teoría de Martin), con un sufijo *-i (o *-Ci) controvertido. Este diptongo *-ai evolucionaría en la lengua histórica a una vocal que cuenta con diferentes representaciones en la tradición japonológica: <ë, e2, ey...>. El valor de este fonema no se puede determinar con precisión, pero el estudio más extensivo hasta la fecha de la fonología del japonés antiguo lo reconstruye con el valor del diptongo [əj] (Miyake, 2003). Aquí claramente la función de este sufijo *-i es la de añadir una valencia a la raíz. En efecto, ikeru significa ‘dar vida’, mientras que ika-su 生かす, con un sufijo de valor similar a *-i, aunque posterior en el tiempo, presenta un significado parecido. Se esperaría la existencia de un verbo iku de la misma raíz con el significado de ‘vivir’; sin embargo, lo que se encuentra en la lengua moderna es ikiru 生きる, que quizá haya sufrido una recaracterización del antiguo iku 生く a causa de la presión del homófono iku ‘ir’ 行く.

3.6. kamizake 神風

Proviene del japonés kami-kaze, compuesto de kami 神 ‘divinidad, dios’ (japonés antiguo kamwi; este podría provenir del ainu kamuy ‘oso, divinidad’) y de kaze 風 ‘viento’.

Existe una polémica de más de un siglo acerca de la relación entre la palabra kamwi en japonés antiguo y kamuy en ainu. La teoría más extendida, tradicionalmente, ha sido que la segunda es un préstamo que tiene como origen la primera. Parte de la idea general de que el sentido de los préstamos suele dirigirse de la lengua de la civilización más avanzada, en términos de desarrollo material y tecnológico, a la lengua de la civilización menos avanzada. No está claro en ningún caso que los ainus contaran con un nivel de desarrollo menor que los japoneses prehistóricos. Aún más, desde el descubrimiento de Vovin de la notable cantidad de préstamos ainu en la lengua del Man’yōshū 萬葉集 (Vovin, 2013), ese prejuicio acerca de la dirección de los préstamos entre una y otra lengua se va tambaleando. He investigado esta palabra con cierta amplitud en otro trabajo (Martín Ciprián, 2015), donde defendía la teoría del préstamo en la dirección japonés antiguo > ainu, si bien expresando ciertas dudas. Estas aumentaron tras una conversación con el propio Vovin en mayo de 2021, lo que me ha impulsado a investigar más en profundidad acerca del origen de kamwi -investigación cuyos resultados todavía están en curso-.

El segundo elemento del compuesto, kaze ‘viento’, cuenta con una forma prehistórica *kansa-i. Como expliqué respecto a harakiri, todas las oclusivas sonoras de las formas originales japonesas, no producto de préstamos chinos, se remontan verosímilmente a una secuencia *NC que produce fonemas sonoros prenasalizados del tipo [-mb-, -nd-, -ŋg-]. Esa prenasalización se ha mantenido hasta la época premoderna en la lengua central. En algunos dialectos todavía existe y, además, cuenta con un fósil contemporáneo: la pronunciación de la partícula ga como [ŋa] en la dicción considerada normativa por los medios de comunicación hasta finales del siglo xx y que hoy en día aún es posible escuchar en ciertos locutores, especialmente mujeres. La *i de *kansa-i supuestamente es el mismo elemento que aparece en los ancestros de la te 手 de karate, o en la protoforma origen de sake 酒 (< *sakai) ‘sake’. Los orígenes conjeturados para esta *i van desde una antigua marca de nominativo hasta los restos de la debilitación de una consonante final (Frellesvig, 2010, p. 45). En el primer caso, Frellesvig pone en conexión esa *i con una partícula aún usada en la lengua antigua y que se pierde en su paso a la moderna. En las palabras compuestas en las que kaze y otras palabras similares (como me ‘ojo’ 目) aparecen como primer elemento (lo que se llama forma cubierta), esta *-i no aparece y, por tanto, la vocal primitiva de la raíz se muestra sin alteración.

3.7. karaoke カラオケ

Proviene del japonés kara-oke, de kara ‘vacío’ 空 (posiblemente del protojaponés *kara ‘concha’) y oke, abreviación de ōkesutora, del inglés orchestra ‘orquesta’.

Martin pone en conexión el kara que significa ‘concha’ 殻 y aquel que tiene como valor ‘vacío’ 空: el segundo deriva del primero. No obstante, las estructuras acentuales de uno y otro son diferentes, lo que hace bastante difícil esta conexión. Considerando que kara ‘concha, envoltura’ produce compuestos como karada ‘cuerpo’ 体 y quizá kabane ‘cadáver’ 屍, da la impresión de que el sentido de ‘concha’ original de kara no es tanto el molusco vacío, sino en su totalidad, exterior y contenido.

3.8. kárate, karate 空手

Proviene del japonés kara-te, compuesto de kara ‘vacío’ (posiblemente del protojaponés *kara ‘concha’) y te ‘mano’ (del protojaponés *ta-i). Este kara es el mismo que el kara de karaoke. La *-i de *ta-i tiene idéntico valor y función que la *-i de *kansa-i > kaze en kamikaze.

3.9. maque 蒔絵, 蒔繪

Proviene del japonés maki-e; este, de maki, forma nominal del verbo maku ‘sembrar, diseminar, esparcir’, y de e, del japonés premoderno we, que proviene del chino medio ɣuai C ‘dibujar, pintar’ (chino moderno huì).

El verbo maku 蒔く parece que tiene poca historia conocida. Existe otro homófono suyo en la lengua con el significado de ‘confiar a alguien algo’. Este, en japonés moderno, se ha transformado en makaseru 任せる gracias a un infijo -se-, que normalmente presenta valor causativo. La raíz mak- de makura ‘almohada’ 枕, y también del verbo maku ‘enrollar, usar como almohada’ 幕く, no tiene en absoluto conexión con maku 蒔く, puesto que la estructura acentual en la protolengua de una y otra es diferente.

3.10. mikado (micado) 帝、御門

Proviene del japonés mi-kado ‘emperador’, compuesto de mi-, prefijo honorífico, y kado ‘rincón; habilidad; objeto’ (según Martin, del japonés antiguo kadwo /kado/; quizá del protojaponés *kana-tuo ‘una’ y ‘puerta’).

El prefijo de exaltación de personas, objetos o realidades mi- tiene una historia interesante y, de algún modo, misteriosa, que anteriormente he investigado (Martín Ciprián, 2015). Se utiliza profusamente en la religión shintō 神道 (mitegura ‘ofrenda’ 御幣; miki ‘sake dedicado a los dioses’ 神酒; miko ‘sacerdotisa, encargada del templo’ 巫女; miya ‘palacio, lugar sagrado’ 宮, y muchas otras). Su origen es dudoso. Martin postuló una forma originaria *im[a-C]i ‘rechazar, rehuir’ > *[i]mi > ? mi-. Esta supuesta raíz *ima- produciría un verbo imu que, en efecto, tiene ese valor de ‘rechazar, rehuir’ y quizá también tuviera conexión etimológica con imasimeru ‘avisar, conminar’. He de suponer que Martin propuso este verbo considerando que aquello exaltado, sagrado, es eso que se teme y, por tanto, se rehúye. Si bien la parte semántica de esta conexión entre ‘rehuir, temer’ > ‘exaltado’ puede ser verosímil, la parte de la evolución fonológica no resulta demasiado convincente. Por un lado, habría que explicar por qué la secuencia *-a-Ci no evoluciona a su ey en la lengua histórica, como es habitual en otras contracciones que se producen en verbos (-ey en la transcripción Yale de Martin, -əy en la de Miyake, -e en el sistema de Frellesvig y Whitman). Asimismo, la aféresis de la i inicial de *[i]mi no es regular. En definitiva, hay demasiados elementos ad hoc en la evolución fonética propuesta para no considerarla provisional.

La segunda parte del compuesto kado ha evolucionado claramente de la forma protojaponesa *kanto, que puede segmentarse como *kana-to o *ka-n-to. La *-n- interior podría ser una variante reducida de no, la partícula que en la lengua histórica subordina unos sustantivos a otros. El *ka- inicial quizá sea el mismo que produce en coreano medio ha ‘puerta’ 하, pero también, como sugirió Matsumoto 松本 (1974, p. 120), ‘lugar’ 所, si bien la naturaleza de la o de mikado en la lengua antigua (/o/) y la del to de lugar (/ə/) no me parecen compatibles. El *to final es, con toda probabilidad, el to 門 moderno, que significa ‘puerta’. Si esta segmentación es correcta, el significado sería ‘la puerta de las puertas’, es decir, ‘la gran puerta’.

Chamberlain (1905) afirmó que Ernest Satow segmentaba esta palabra como mika-do, esto es, mika ‘grande’ y to ‘lugar’ 所 (agradezco al Prof. Alfonso Falero esta referencia). Si bien la etimología de to (/tə/ en la lengua antigua) ‘lugar’ es clara y, como he señalado, el vocalismo no es compatible con el de mikado, desconozco a qué palabra de la lengua antigua se podía haber referido Satow con mika. Ni en el glosario etimológico de

Martin en TJLTT ni en ningún diccionario de japonés antiguo he encontrado más que dos palabras con la pronunciación de mika: ‘jarra grande’ 甕 y ‘tres días’ 三日 (mikka en la lengua moderna).

3.11. moxa 藻草

Proviene del inglés moxa, y este posiblemente del compuesto japonés mo-gusa, de mo -truncación de moe, forma nominal del verbo moeru ‘quemarse’ (mwoyeru en japonés antiguo)- y de kusa ‘hierba’.

Martin propuso la evolución prehistórica del verbo moeru 燃える así: *mwoda-Ci > mwoye[y]- > moeru. Considero que la secuencia *-wo- sería mejor escribirla como *-uo o *-uCo, puesto que en el sistema de transcripción de Martin para el japonés antiguo <wo> marca en realidad una «vocal» (notada por Miyake como <o>). Por otro lado, la protolengua reconstruida por Martin no admite una secuencia de dos vocales en contacto, por lo que sería necesario postular una consonante intermedia que habría caído en el paso a la lengua histórica. La reconstrucción de la *-d- intervocálica que propuso Martin en *mwoda-Ci es totalmente idiosincrásica de su sistema: nada impide reconstruir *mwoya-Ci (o *muCoya-Ci, como se dice); esto es, no he encontrado evidencia ni histórica ni comparativa que lleve a reconstruir *-d-, ni en protojaponés ni en protojapónico. Existe también una forma transitiva moyasu 燃やす, con el infijo *-sa-, que añade una valencia verbal a las raíces y que en la actualidad tiene función causativa.

La evolución de *mokusa a mogusa se produce por un fenómeno de sonorización no automático de consonantes en límite de lexemas llamado rendaku 連濁, todavía objeto de debate. En cuanto a la palabra kusa 草, no tiene gran historia: lo único digno de citar es que existe una palabra de idéntica pronunciación con el significado de ‘eccema’, aunque esta seguramente tenga como origen la palabra kose, cuyas vocales habrían experimentado un proceso de disimilación.

3.12. kimono (quimón y quimono) 着物

Proviene del japonés ki-mono, compuesto de ki, forma nominal del verbo kiru ‘vestir’, y mono ‘objeto, cosa’.

El verbo ki-ru ‘vestir’ 着る es uno de los pocos en la lengua con raíz monosílaba, por lo que Martin propuso dos posibilidades para la protolengua: *ki- y *kiCa-. La evolución más probable de esta última forma a la lengua histórica sería **ke-. Existe, en efecto, una antigua kesu < *kiCa-sa- (según la reconstrucción propuesta por Martin), con el significado de ‘hacer vestir, vestir (transitivo)’.

La variante transitiva moderna de esta raíz, kiseru (< *ki-sa-Ci- según Martin) 着せる, es en Suri (Ryukyu) kusir-, lo que implica la forma en protorryukyuano *kusir-. Esa u de la raíz en las islas Ryukyu hace difícil la reconstrucción de una forma protojapónica. Serafim (1984) propuso *ko-sa-Ci , con la o de la raíz basada en el vocalismo del histórico koromo ‘vestimenta, ropa’ 衣. Esto significaría que el ki- de kiru estaría reestructurado de un infinitivo originario *ko-, quizá para diferenciarse de otra raíz monosilábica, la del verbo kuru ‘venir’ 来る, con un tema en ko- (por ejemplo, ko-nai, negativo de kuru). No obstante, koromo bien podría remontarse a *koro-mo, koro ‘uno mismo’ y mo ‘ropa’; este último lexema aparece también en *upa-mo-Ci > upami > uwami ‘vestimenta superior’.

La semántica de la palabra mono es llamativa: en este caso significa ‘cosa’, pero en otros contextos su valor es ‘persona’. Aunque este último mono se escribe con un diferente sinograma (者), no hay nada en la historia de la lengua ni de la protolengua que indique que se trata de dos palabras distintas homófonas. Es, por tanto, plausible que el significado originario sea ‘entidad, ser’, y que remitiera indistintamente a un ser humano o a un objeto.

3.13. sake

Proviene del japonés sake, y este del protojaponés *saka-i. El timbre de la vocal originaria a se puede recuperar gracias a compuestos como saka-bukuro ‘odre de sake’ 酒袋, saka-dari ‘cuba de alcohol’ 酒樽, o apellidos como saka-tani ‘valle del sake’ 酒谷.

3.14. samurái (samuray) 侍

Proviene del japonés samurai, forma nominal del verbo samurau ‘servir’, del japonés antiguo samorapu (este quizá del protojaponés *sa- ‘verdadero’ y *morap- ‘vigilar intensamente’).

El paso del antiguo samurapu al moderno samurau atravesó una etapa intermedia *samurawu, con asimilación de la w a la u siguiente. Esa -w- solo se ha mantenido en la lengua moderna ante una vocal a, como en kapa > kawa ‘río’ 川. Existe también una variante desnasalizada, saburau, en la lengua del período Heian y posteriores.

El preverbio *sa- ‘verdadero’, con un valor de elativo, tuvo que haberse fusionado con la raíz en un momento muy temprano de la protolengua, en el que la prefijación era todavía un recurso activo del idioma. Lo natural en el japonés histórico y en el prehistórico, por lo menos el tardío, es el uso de sufijos, no de prefijos.

Existe un verbo histórico, morau ‘esperar vigilante’ 守らう, desusado en la lengua moderna, en el que muy probablemente está el origen de samurau, si bien el registro acentual de este último no está claro en la protolengua.

3.15. sumo 相撲

Proviene del japonés sumō, quizá de *sumau, variante no documentada del japonés premoderno sumawi; esta última es evolución de sumapi, forma nominal del verbo japonés antiguo sumapu ‘resistir, competir’. En protorryukyuano se encuentra *suma (şima en Suri), lo que confirma *sumapu como forma protojapónica.

3.16. sushi 寿司

Proviene del japonés sushi, que a su vez deriva del japonés premoderno su-si (literalmente ‘es ácido’), compuesto formado por el adjetivo su 酢 ‘ácido’ y -si, terminación predicativa.

Considero que, en realidad, la forma su tiene originariamente el significado de ‘vinagre’, que, por extensión, se convierte en ‘ácido’. El sufijo -si es, como he señalado, la marca predicativa de los adjetivos; pero, por otro lado, su palatalización en shi es controvertida. Por el análisis de los usos de los grafemas del chino medio, al transcribir fónicamente la lengua japonesa antigua, sospecho que ya desde aquel entonces el fonema /i/ posiblemente mostraría una naturaleza palatal que atraería esa pronunciación a todas las consonantes, especialmente las que contaban con un punto de articulación dental o alveodental.

3.17. tatami 畳

Proviene del japonés tatami, forma nominal del verbo tatamu 畳む ‘doblar’ (quizá del protojaponés *ta-ta-ma-, reduplicación de *ta ‘mano’ y un elemento *ma derivativo de verbos).

Esta etimología, debida a Martin, si bien es ingeniosa, parece difícil de probar. Por lo que se sabe, la reduplicación no es un recurso muy natural en la lengua japonesa, excepto como medio para expresar pluralidad (yamayama ‘montes’ 山々, hibobito ‘personas’ 人々, etc.). Existen varios verbos que presentan esa secuencia tata- como primer elemento (tataeru ‘llenar de alabanzas’ たたえる, tatakau ‘luchar’ 戦う, tataku’golpear’ 叩く, etc.). Sería interesante realizar un estudio pormenorizado de estos y de otros en los que la secuencia -tata- aparece en posición interior para determinar si existe alguna posible conexión etimológica entre todos o, por lo menos, algunos de ellos.

El sufijo -mu (*-ma en la protolengua, según Martin) se presenta en más de una cincuentena de verbos. El valor semántico concreto de este sufijo es difícil de determinar o, por lo menos, desconozco que se haya determinado aún. Unger (1977) no lo incluyó en el catálogo de formantes verbales de su tesis doctoral. El estudio de esta cincuentena de verbos, la historia de su formación y sus interrelaciones semánticas es una tarea pendiente.

3.18. tsunami (sunami) 津波

Proviene del japonés tsu-nami, compuesto de tsu ‘puerto’ (japonés premoderno tu) y nami ‘ola’, este último quizá un préstamo del coreano antiguo del reino de Paekche *namu / *nami ‘mar’.

El motivo funcional de la pronunciación africada [ts] de todos los fonemas /t/ en una secuencia /t + u/ es desconocido. Se sabe que la realización casi universal de la vocal /u/ en japonés moderno es [ɯ] y se da por sentado que ha sido la misma pronunciación desde tiempo inmemorial. No obstante, si bien no he encontrado ninguna explicación a este hecho que, como se dice, resulta difícil de explicar4, tengo fundadas sospechas -que espero exponer en un futuro trabajo- de que la realización de ese fonema en japonés antiguo era [u], similar a la del castellano.

Tampoco se tiene clara la etimología de nami ‘ola’. Existen algunas palabras relacionadas con el agua o los líquidos que presentan el componente mi (mizu ‘agua’ 水, mina ‘agua (arcaico)’ みな, namida ‘lágrima’ 涙, hachimitsu5 ‘miel’ 蜂蜜, etc.) y también na (mina, namida, etc.), las cuales han sido estudiadas de forma extensa en un trabajo anterior (Martín Ciprián, en prensa-b).

4. Conclusiones

En el presente artículo, haciendo uso de los avances en los estudios de lingüística histórica japonesa y de la lengua china, he propuesto una revisión de las etimologías de las palabras japonesas de origen patrimonial que aparecen en el DLE. Con ello, creo haber contribuido a la mejora y puesta al día de aquel diccionario de nuestra lengua castellana que es, sin duda, después de más de dos siglos de su primera edición, el instrumento más útil y complejo de la lexicografía del idioma, un patrimonio común de todos los hispanos, quienes sin duda tenemos la obligación, en la medida de nuestras posibilidades, de mejorar y proteger.

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1Quiero dedicar este artículo a la memoria de mi amigo el Prof. José J. Gómez Asencio, sin cuya inmensa generosidad, estímulo y ejemplo no habría emprendido («con tenacidad charro-nipona», según las propias palabras del Prof. Gómez Asencio) la aventura del estudio de la lengua japonesa.

3Un trabajo que ha venido realizando magistralmente a lo largo de los años Rafael Fernández-Mata en toda su obra, que se puede consultar fácilmente en la página de este autor, en https://www.researchgate.net/profile/Rafael-Fernandez-Mata.

4El Prof. Méndez Dosuna ha señalado que existe un fenómeno similar en el paso del protogriego a ciertos dialectos antiguos que él ha investigado. https://usal.academia.edu/Juli%C3%A1nV%C3%ADctorM%C3%A9ndezDosuna/Conference-Presentations

5Se suele considerar que mitsu ‘miel’ es un préstamo chino, tomado, a su vez, del tocario. Los préstamos del tocario al chino son muy controvertidos y presentan un campo abierto a la investigación.

2Agradezco su inestimable apoyo en la redacción de este artículo a los profesores José Antonio Pascual Rodríguez (Real Academia Española) y Julián Méndez Dosuna (Universidad de Salamanca).

Recibido: 24 de Noviembre de 2022; Aprobado: 15 de Abril de 2023

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